“El lenguaje sigue siendo uno de los principales instrumentos

de la violencia simbólica. Las palabras y los conceptos se

utilizan conscientemente para violentar la capacidad

cognitiva de las grandes masas de la población, para confundir

las mentes, y en última instancia para imponer significados

que se contradicen con la realidad”.

Vicente Romano – La formación de la mentalidad sumisa.

 

Por: Carlos Mario Marín Ossa

El escándalo desatado por la frase “las mujeres como las leyes son para violarlas” que el concejal Ramón Cardona utilizó para acompañar su intervención en la plenaria del concejo municipal de Santa Rosa de Cabal, no es asunto tan sencillo como una simple equivocación o un lapsus momentáneo sin intención de ofender. Por supuesto, tampoco es justificable la amenaza contra su integridad física o contra su vida por cuenta de este suceso.

Escuché con atención el fragmento del audio en cuyo contenido se encuentra parte de la intervención del mencionado representante. Creo que realmente intentaba decir que la ley hay que respetarla, y lo hacía a pesar de su limitación para concretar de una forma más coherente su idea. Sin embargo, recurrió a una frase comparativa que presentó como parte del argot popular (lo que tampoco es preciso, pues el argot se refiere a una forma de comunicación de un grupo humano de características específicas que sólo ellos entienden por causa de sus identidades particulares, lo que ya no lo hace popular).

Realmente, la expresión es más bien parte de un imaginario retrógrado, violento y fascista que ha hecho carrera en la población y que legitima la violencia simbólica que es utilizada por las élites para validar la segregación y la explotación de seres que consideran inferiores y, por tanto, sin derechos. Aquí es donde radica la gravedad del asunto, por cuanto esa frase la pronuncia un hombre que es líder de una comunidad, y quienes pertenecen a esa comunidad le creen y tienen en cuenta lo que dice. Pronunció la frase de forma diríase, coloquial. Pero además, frente al reclamo que le hicieron mujeres en el recinto, respondió con una sonrisa de burla. Es lo que se escucha en el audio de la interpelación de una de las concejalas. Una frase que se une a ese imaginario de quien en la asamblea de Antioquia dijo que “invertir en el Chocó era como perfumar un bollo”, o de aquel ex concejal Fernando Antonio Delgado, de Marsella (también en Risaralda) que sostuvo que “siendo sinceros, grupos difíciles de manejar como las negritudes, los desplazados y los indígenas, son un cáncer que tiene el gobierno nacional y mundial”. Son los conceptos de la exclusión y de la explotación. Es una escuela de pensamiento. Eso se llama fascismo.

Entonces, coloquialmente se dice que las mujeres existen para violarlas y en un momento cualquiera, alguien ve pasar una mujer con mucha o poca ropa y piensa que puede violarla. Tal vez en un paraje solitario alguien se encuentra con una mujer y, coloquialmente piensa que puede violarla. Posiblemente en un cafetal, en una carretera, en una esquina, en una tienda, en una oficina del concejo o en una discoteca.

Pero también se legitima que coloquialmente el homosexual existe tal vez para asestarle unas cuchilladas, el hippie existe para darle bolillo, el grafitero existe para darle un disparo, el izquierdista existe para desaparecerlo, el que profesa otro credo existe para masacrarlo.  Coloquialmente es lo que se expresa en esquinas, batallones, salones de la fe, directorios políticos. Esas frases coloquiales legitimaron la violencia en Colombia y permiten que al obrero se le exija más trabajo con menos salario, que a las gentes ignorantes no se les escuche de forma vinculante su voz en los altares de la democracia elitista. Esas frases coloquiales se pronunciaron en las iglesias católicas en la primera mitad del siglo veinte y decían que matar liberales y comunistas era bueno porque eran ateos y comían niños vivos. Esa forma coloquial de pensar llevó al padre García Herreros a justificar que la sangre de cristo lavaba la sangre que teñía el dinero de Pablo Escobar, cuando se recibía para hacer caridad. Así, coloquialmente, el expresidente Álvaro Uribe señaló de terroristas vestidos de civil a quienes lo controvertían, muchos de los cuales fueron víctimas posteriores de persecución o de asesinato. Así coloquialmente se ha legitimado la violencia y la muerte.

Es por esa razón que la frase pronunciada por el concejal Cardona si es un asunto de gravedad. Es una forma de pensar que está implícita en el imaginario colectivo de muchas personas, pero no por ello se puede justificar.

Esa violencia simbólica debe ser erradicada de una sociedad que aspira a la justicia y a la paz.

Colofón: En una de las entrevistas que el lunes 12 de junio el concejal Cardona le dio a un noticiero nacional en la emisión del medio día, el corporado dijo justificando su error, que “peores cosas han pasado en el Concejo de Santa Rosa de Cabal”. Sería bueno que le contara al país qué cosas peores han pasado en esa corporación.

@MarioossaM