Gloria El capitalismo no es pues solo una máquina extraordinariamente eficiente para destrozar vidas que una vez exprimidas estorban, es también una perfecta fábrica de producción seriada de ideas absurdas, ilógicas, irracionales, consoladoras y simplificadoras

Por: Gloria Inés Escobar T.

El sistema capitalista, el mismo que hoy tiene sumidas en la miseria a grandes masas en el mundo mientras una minoría nada en la opulencia; ese que no para de llenar los bolsillos de unos pocos a costa del hambre de la mayoría; ese que como en la leyenda del rey Midas todo lo que toca lo convierte en oro, es decir, en mercancía; ese que hoy tiene a la masa trabajadora del mundo en los vaivenes de los contratos a destajo, la obliga a jornadas extenuantes para poder que el dinero alcance para malvivir, la empuja al desangre en el rebusque callejero y lanza al mercado laboral en condiciones de extrema explotación, a millones de niñas y niños en el mundo; ese que fuerza a miles de seres humanos a buscar dos y tres trabajos para poder dar educación y salud, así sea precarias, a sus hijos; ese que hoy mantiene en amenaza permanente de desempleo a millones en el mundo; ese que obliga a vender el cuerpo y la conciencia de miles; ese que es voraz e insaciable y que además se engorda en la misma medida que exprime a los más vulnerables; ese sistema, el mismo que proclama habernos instalado en el mejor de los mundos, es el útero del cual cada día nacen miles de “monstruos” en el mundo.

No, no es el gen egoísta, o el espíritu malvado, o la perversidad natural, o los demonios, lo que impulsa a los seres humanos a cometer toda clase de atrocidades, por ejemplo, rociar con ácido a sus congéneres, o a picarlos en pedacitos, o a matarlos de las formas más sanguinarias posibles, o a violar mujeres, infantes y ancianas, o a eliminar a los que piensan diferente… es este sistema macabro quien de manera directa e indirecta va llevando a millones de personas por callejones sin salida, quien va atenazando con las garras del hambre, la pobreza y la injusticia a los parias de la sociedad, quien soterradamente y desde distintos frentes va inoculando ideas que dañan los cerebros de las personas al aniquilarles todo atisbo de razonamiento crítico, de defensa mental, de pensamiento autónomo.

El capitalismo no es pues solo una máquina extraordinariamente eficiente para destrozar vidas que una vez exprimidas estorban, es también una perfecta fábrica de producción seriada de ideas absurdas, ilógicas, irracionales, consoladoras y simplificadoras que son utilizadas para adormecer y mantener apaciguado al pueblo y, crear como subproducto, monstruos capaces de efectuar las acciones más abyectas.

Y es precisamente esto último el papel que cumplen los relatos de la “historia oficial”, enseñados en escuelas e instituciones educativas de todo nivel y que sepultan bajo montañas de mentiras y héroes fabricados, los rostros y acciones de seres anónimos sin los cuales difícilmente las proezas existirían; escuela difusora de teorías funcionales al sistema, aquellas que son loa a lo establecido, exaltan sus bondades y aseguran su permanencia. Igualmente los mensajes publicitarios, las telenovelas, los realities, en fin, los productos mediáticos que promueven a escala mundial un mundo pleno de felicidad, igualdad y fraternidad; los discursos religiosos que no solo distorsionan la realidad a su conveniencia sino que además obligan a sus feligreses a renunciar a la búsqueda de respuestas y explicaciones racionales en nombre de la fe y la creencia; los discursos políticos y patrioteros que a tantas personas han llevado a la miseria y a la muerte en nombre de la libertad y la democracia.

Todo este entramado de ideas es facturado así con gran detalle y cuidado pues con él, de manera sutil, a hurtadillas, sin dolor y enarbolando las banderas de la bondad, el amor, la prosperidad, se garantiza que el engranaje funcione puntual y coherentemente.

De ahí que a pesar del horror y el dolor que produzcan actos irracionales como las “casas de pique”, las masacres y desplazamientos constantes, los rostros desfigurados por causa del ácido, las violaciones sistemáticas de niñas por parte de sus padres y familiares, la venta y tráfico de seres humanos… éstos se seguirán repitiendo indefectiblemente; podrán perseguirse a los victimarios, encerrarlos o hasta matarlos pero todo seguirá igual pues por cada uno de ellos que se elimine brotarán miles de las entrañas mismas del capitalismo a medida que éste se expande y hunde aun más sus raíces por todos los rincones. Los “monstruos” se acabarán el día que se decida matar a la bestia que los engendra.