La ciudad del olvido

“ No podemos echarnos a llorar por una simple torre. Si debe demolerse, se demuele y punto”, me respondió tajante a través del teléfono  un ingeniero que me pidió  reservar su nombre, cuando lo llamé para consultarle sobre la intención de  destruir la   torre que hace parte de los diseños del  arquitecto Willy Drews para el  viejo aeropuerto Matecaña, hoy en fase de remodelación.

GUSTAVO COLORADO IZQPor Gustavo Colorado:

La frase resume una visión utilitarista del mundo empecinada en descalificar bajo el calificativo  de “ nostálgico” todo intento de conservación de la memoria de una comunidad.

Pero no se trata  solo de la obra física. El arquitecto mismo es  objeto de un desconocimiento  similar al padecido por la escritora Alba  Lucía  Ángel, a pesar  del visible impacto de sus  propuestas en otros lugares del país e incluso del exterior.

Nacido en Pereira en 1937,  Willy Drews cursó  estudios de arquitectura en la Universidad  de los Andes. Fundador  de  la sociedad Drews y Gómez en compañía su colega Raimundo  Gómez, ha sido profesor invitado en la Universidad Técnica de  Berlín, la Universidad Veritas de San José de Costa Rica y la Escuela de Arquitectura y Diseño Isthmus- Ciudad del Saber, en Panamá.

Willy Drews
Willy Drews

En un mundo de culto al cemento y el funcionalismo,  Drews convirtió desde muy temprano su trabajo en  un pretexto  para  reflexionar  sobre el papel de los seres humanos en ciudades como las nuestras, caracterizadas por el crecimiento  caótico y por la voracidad de  los tiburones  involucrados en el negocio de la construcción.

Sus preguntas  pasan entonces por  conceptos como la dignidad y la belleza. El primero implica una preocupación  por la noción de lo público como territorio común, es decir, el escenario donde se  gestan  y consolidan los lazos comunitarios.  El segundo nos habla de la armonía, de propuestas capaces de  estimular y satisfacer la dimensión de lo estético, cara a las aspiraciones de todas las personas,  independiente de su situación social y económica.

Desde su condición de decano en dos ocasiones  de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes, el arquitecto hizo de sus convicciones una escuela. En ciudades preocupadas cada vez más  por la seguridad, sus conjuntos  multifamiliares apuntaron siempre  a brindarla, eludiendo de  paso la tentación de esos  espacios agresivos que después hicieron carrera entre nosotros. Conjuntos como Belmira, la Unidad Residencial Colseguros o San Sebastián de los Andes, ubicados todos  en Bogotá, expresan su intención siempre materializada de encontrar el equilibrio entre espacios interiores y exteriores, capaces por lo tanto de brindar a habitantes y transeúntes una experiencia amable de lo urbano.

En el caso de Pereira, su impronta está presente en el edificio Banco Popular, ubicado en la Plaza de Bolívar, sobre la carrera séptima, en el Centro Comercial Alcides Arévalo, en el Terminal de transportes y, por supuesto, en el Aeropuerto Matecaña, hoy objeto de intervenciones con miras  a su modernización para hacerlo competitivo y de paso  cumplir con normas de aeronavegación.

Perfilado sobre el paisaje, el Edificio Balcones de los Alpes, ubicado sobre la carrera catorce bis, detrás de la Avenida Circuvalar, es un ejemplo de convergencia entre  sobriedad   y comodidad, dos cosas difíciles de  lograr en tiempos   gobernados por la estética de los narcos.

A sus setenta y ocho años, el arquitecto Willy Drews es autor de un legado que  forma parte del patrimonio local y nacional. Sin embargo, como sucede a menudo entre nosotros, el olvido ronda su puerta. Ni siquiera la celebración del sesquicentenario de Pereira en el año 2013 fue motivo suficiente para identificar , divulgar y conservar su legado.  Quizás todavía estemos a tiempo de reconocer sus aportes para hacer  de nuestras ciudades lugares habitables , en  la acepción más amplia de esa palabra. De paso podría servir para curarnos un poco nuestra irremediable inclinación hacia la indolencia y el olvido.