El sistema capitalista y su clase promueven hasta el cansancio el pluralismo ideológico. Y de verdad, sería extraordinario el pluralismo si todas las personas pudieran utilizar los medios audiovisuales de comunicación y difundir sus ideas a través de ellos en igualdad de condiciones. 

Libardo-García gallegoPor: Libardo García Gallego

 Los dueños de los medios recomiendan el pluralismo porque sólo ellos poseen los espacios para difundir sus ideas; los demás no tienen cabida dizque porque dicen muchas pendejadas, cosas ilógicas, mal dichas y mal escritas. La democracia verdadera es una utopía muy bonita, hasta hoy impracticable, una frustración, no ha pasado de ser un sueño, una ilusión.

En la visita de Obama a Cuba los amigos del capitalismo vomitaron pestes contra el socialismo: que allí no se respetan los derechos humanos, que no se garantizan las libertades individuales, que es la abominable dictadura de los hermanos Castro. Por el contrario, los amigos de la igualdad defendieron el régimen y exigieron autonomía y respeto a la soberanía del país. De acuerdo con este enfrentamiento grotesco parece que no es viable el pluralismo si se pretende la convivencia pacífica entre enemigos ideológicos.

En Colombia, frente al objetivo de la paz presenciamos la misma polarización entre la ultraderecha, la derecha y la izquierda. Para Uribe y su caverna, no se puede negociar la paz con “terroristas”, es absurdo perdonar los crímenes políticos de la guerrilla pero sí debe perdonarse a los paramilitares porque ellos son aliados del Estado. Cualquier individuo que discrepe de esta posición será juzgado como un peligroso terrorista que no merece vivir, pues es un obstáculo al desarrollo capitalista.

En Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y en toda América Latina venimos observando el mismo fenómeno: rebaños hambrientos contra carnívoras fieras. ¿Quién tiene la razón?, ¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos?. Para la izquierda la justicia está de parte de quienes promueven la mayor igualdad social, la redistribución equitativa de las riquezas, la soberanía alimentaria de los pueblos, la autonomía de las naciones, la menor dependencia de las grandes potencias y sus transnacionales, la conservación y protección del medio ambiente natural, la garantía de los derechos humanos a todas las personas. Para la derecha “justicia” es la globalización neoliberal y todos los antivalores.

Un sistema verdaderamente democrático debería ser tan flexible de modo que  permitiera   la sustitución periódica y pacífica del sistema económico, mediante el voto consciente del pueblo, previa y totalmente informado de las consecuencias de su decisión. Esta propuesta seguramente será clasificada dentro de los colmos de la ingenuidad, pero de todas maneras facilita demostrar la imposibilidad de una  auténtica democracia y que nuestro modo natural de existir es la guerra entre las clases sociales. El experimento de igualdad y fraternidad ha fracasado en la URSS y en China y parece desplomarse en las otras partes donde aún está vigente.

Cuando entre humanos  son imposibles  la solidaridad, la fraternidad, el pluralismo respetuoso, la coexistencia pacífica, la igualdad social; cuando los más débiles tienen que someterse sumisos a las decisiones de las fieras humanas y cuando las revoluciones sociales son inútiles, entonces,  ¡qué viva Darwin!, ¡qué viva la guerra! Y sigamos esperando el resurgimiento de una supuesta racionalidad humana, otra utopía.