DIANA CAROLINA GOMEZY es que, además de un sistema educativo inequitativo, se deben tolerar también los bajos salarios que se les ofrece a los docentes, principalmente de los primeros niveles de educación. Esos que son la base para todo el desarrollo académico y profesional de un colombiano. ¡Qué esperanzas!

 

Por: Diana Carolina Gómez Aguilar

En este país la inequidad abarca todas las esferas humanas. Estamos tan determinados por nuestra ‘clase social’ que aun en una misma universidad saltan a la vista las diferencias con respecto a la educación básica y media que cada uno haya recibido;  y eso, en la mayoría de los casos, por no decir en todos, depende exclusivamente de la plata que tuvo la familia de cada uno, para pagar la pensión más costosa o para no tener más remedio que acceder a la educación pública.

A diferencia de los países ‘desarrollados’, en nuestro país los colegios públicos ofrecen una menor calidad en la educación con respecto a los colegios privados. Se da cuenta uno en la universidad que quienes se graduaron de los colegios más caros de Pereira, por ejemplo: tienen competencias altísimas en segunda lengua, mientras que quienes se graduaron de colegios financiados por el Estado, escasamente recuerdan la conjugación del verbo to be.

Está claro que la carrera universitaria se la hace cada uno, dependiendo del empeño que le ponga al asunto, junto con otros factores como la responsabilidad, entrega, respeto, motivación. Sin embargo, resulta injusto que ya de entrada estén en desventaja los pobres ¡Cómo siempre! ¿Hasta cuándo?

Y claro, eso, hablando de los ricos que tienen para pagarle el semestre de contado a los hijos en las universidades privadas sin necesidad de acceder a los sangrientos créditos como el Icetex. Pero si hablamos de los hijos de los integrantes de la élite existente en este país, esos simplemente se van a estudiar a universidades europeas o norteamericanas.

Aquí estamos los que debemos conformarnos con una educación que solo busca fomentar la producción de materias primas agrícolas y mineras. Eso de la creatividad, la ciencia, las humanidades y el conocimiento se les deja a esos países que tienen tanta plata, que les alcanza para cultivar mentes por medio de conocimientos transversales que permiten la aplicabilidad de los conceptos científicos en la cotidianidad.

Y no digo que no existan programas de pregrado y posgrado afines a estos temas, hablo de la calidad y cobertura de los mismos.

Y es que, además de un sistema educativo inequitativo, se deben tolerar también los bajos salarios que se les ofrece a los docentes, principalmente de los primeros niveles de educación. Esos que son la base para todo el desarrollo académico y profesional de un colombiano. ¡Qué esperanzas!

Por eso es que en nuestro país “menos del 2 por ciento de los estudiantes que culminan la educación media argumenten bien y solo el 3 por ciento de los estudiantes de grado noveno alcancen uno de los tres mejores niveles de lectura, mientras que el 82 por ciento se encuentra en los tres primeros niveles, como señala un reciente informe del Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior(ICFES) en el que se sintetizan los resultados de las pruebas PISA presentadas en el año 2012. Para completar, equivocadamente convirtieron en gerentes a los directivos y no en líderes pedagógicos, como lo exige una educación de calidad” (ver).

Es necesario que en época de posacuerdo, concentremos nuestros esfuerzos en la labor de velar por el cumplimiento de nuestros derechos, más que en convencer al otro de que es mejor el SÍ o el NO. Es necesario para que la educación deje de funcionar como un sistema de transmisión de información impertinente y más bien sea la herramienta para construir un país más equitativo e incluyente.