La fatiga de los materiales

Gustavo ColoradoActo seguido, pasaron al siguiente episodio, que puede ser el regreso al novelón del llamado “Caso  Colmenares”, la  restitución del alcalde Petro en sus funciones, la  tragedia de otra mujer quemada con ácido, el ataque de un perro furioso a unos niños  o la evolución  de la rodilla del futbolista Falcao García, otra pérdida irreparable… o bueno, al menos para sus empresarios y para la Fifa y sus alegres pillastres.

Por: Gustavo Colorado Grisales

Los manuales de ingeniería mecánica definen la fatiga de los materiales como el desgaste y posterior ruptura de un objeto construido por el ser humano.

Si entendemos los mitos colectivos como construcciones humanas, los medios de comunicación consiguieron llevar  el material conocido como “Muerte del escritor Gabriel García Márquez” a los límites de la fatiga. Lo asombroso reside en que lo lograron en menos de  tres días. Las páginas  y minutos que jamás le dedicaron al estudio y difusión de  la obra del autor de El otoño del patriarca  los derrocharon  durante las horas posteriores a la muerte del autor el jueves santo 17 de abril.

El abordaje de la noticia correspondió, punto por punto, a las lógicas del mercado  mediático. Con la información- trascendente o banal- convertida en un producto de consumo masivo, todos a una se lanzaron sobre la presa noticiosa. Acto seguido bombardearon a sus audiencias con datos sacados de todas partes. Desde los expertos en la obra del escritor, hasta maestros de escuelas  situadas en lugares remotos, todos tuvieron sus 15 minutos de participación en la bien ganada fama del mago de Aracataca. Un señor de rostro avinagrado habló de  “La estructura dodecafónica de  algunas de sus novelas”, asunto por lo demás curioso en un hombre educado por las músicas del mar Caribe. “Nuestro Gabo es una pérdida para la humanidad”, sollozó ante las cámaras  una profesora llamada Matilde, asunto que me dejó bastante perplejo: tengo la certeza de  que la obra toda del aludido es una ganancia impagable. Acto seguido, pasaron al siguiente episodio, que puede ser el regreso al novelón del llamado “Caso  Colmenares”, la  restitución del alcalde Petro en sus funciones, la  tragedia de otra mujer quemada con ácido, el ataque de un perro furioso a unos niños  o la evolución  de la rodilla del futbolista Falcao García, otra pérdida irreparable… o bueno, al menos para sus empresarios y para la Fifa y sus alegres pillastres.

A todas estas, sospecho que los sociólogos de mediados del siglo XX se quedaron cortos cuando anunciaron que los medios crearían una realidad paralela, capaz de suplantar en la mente de las personas la vida de todos los días con su carga de dichas y angustias. Un breve repaso al calendario nos ayuda a entender la idea:

El  futbolista Falcao García  se  lesiona la rodilla en un hecho infortunado para él y  nos hacen creer que por ese motivo alguna estrella se saldrá de su órbita o se desbordarán las aguas del río Magdalena. Empezando por el presidente Santos, más de un cortesano desfila por su lecho de enfermo con  la esperanza de llamar la atención de los camarógrafos.

La cantante Shakira pare un bebé, como lo hacen miles de mujeres todos los días, y nos inundan la vida con datos sobre su consorte Piqué, sus resabios de infancia y hasta con el árbol genealógico de la familia  Mubarak desde sus tiempos en el Líbano remoto.

Se muere  ese genio que fue García Márquez, como corresponde  a todo mortal, y la histeria se desata hasta  fatigar los materiales. Tanto, que en lugar de acercar  a los colombianos a  su legado literario y por ese camino hacer el intento de interesarlos por él, consiguieron que millones de ellos dijera: “Basta ya. Estamos hasta  los cojones de Mariposas amarillas que vuelan liberadas”. Y eso sucede porque el culto a la personalidad -al fin y al cabo este último es el elemento vendedor- acaba por desviar la atención de lo realmente importante: la obra. Eso lo supo el presidente de Colombia cuando se  embarcó hacia México a participar en los oficios fúnebres del escritor: que solo cuenta la información espectáculo, aunque obre en detrimento del análisis, la profundidad y el rigor, ocasionando fatiga de los materiales justo cuando necesitamos estar más fuertes para enfrentar  los retos de cada día. Quizás allí resida la trampa oculta detrás de todo esto: anestesiarnos para que durante unas horas un suceso concentre nuestra atención y nos desentendamos de él para el resto de la vida.