La mejor comida para el mejor órgano

La información que nos llega hoy no pasa de ser solo información que no motiva en mayor medida un espíritu reflexivo y crítico en los receptores. Lo que nos llega hoy a través de todos estos medios parece que fuese hecho para promover un espíritu pasivo, sin una respuesta.

Por: Leandro Toro Valencia

Que si ganó mi equipo de fútbol, que como van las ligas europeas, que si el Baloto cayó, que si no cayó, que en cuánto va, que cómo ganarlo, que las precauciones que ha que tener si se lo gana, que la salud va de mal en peor, qué pasó con el procurador Ordoñez, qué no pasó, que hoy se termine Protagonistas, a quién eliminaron en el Desafío, que a quién mataron y como lo mataron, “Ayy Mariquita” de la radio, que si Manuela salió o no salió, que si a Pablo lo mataron o sigue vivo, que pasa con los nuevos realities y. por supuesto. no podemos olvidar las telenovelas… En fin, a esto y mucho más se resume lo que nos llega por los medios de comunicación y difusores de información. ¿Alguién se pregunta o al menos cuestiona todo lo que su cerebro está consumiendo?

Cuando llego a un restaurante, por muy barato y popular que sea, mínimo miro la comida que me voy a llevar a la boca. No voy a permitir tragarme un pedazo de vidrio o una tachuela, y exijo que esté bien servida, así no tenga protocolos de etiqueta, pues sabemos que eso para la gran inmensa población no es más que costumbres acartonadas. Ahora bien,  el estómago agradece cualquier esfuerzo que hagamos por él al momento de digerir la comida y lo demuestra en una buena digestión. Pero, ¿Alguien se preocupa por su cerebro? ¿Por su funcionamiento y por cómo lo alimenta?

Nuestro cerebro, como todo órgano del cuerpo, tiene unos procesos naturales. Al igual que todo el cuerpo, se alimenta, crece, se fortalece o puede que ocurra todo lo contrario, todo depende del estilo de vida del sujeto en el cual se encuentra habitado y de las precauciones y cuidados que tengamos con el. Físicamente debemos de procurarle la mejor alimentación. Pero no sólo se trata de alimento que contiene proteínas, calorías y vitaminas, se trata también de otro tipo de alimento, otro tipo de energía que hace que funcione verdaderamente.

Los contenidos que hoy nos ofrecen los medios difusores de información y los que se hacen llamar “medios de comunicación” son los que predominantemente consumimos diariamente. Desde la televisión hasta la publicidad, pasando por la radio, la prensa o el que se considera más interactivo: el internet, son los que llenan nuestra vida imaginaria de contenidos que hacen que el cerebro trabaje y funcione. Aquí  dependerá mucho el grado de profundidad de lo que recibimos y de la capacidad de esos mismos contenidos para generar en el sujeto un grado de interconexión, de análisis, de crítica. Claro, sin dejar de lado que la formación del sujeto ha de ser algo primordial en ese proceso.

Indiscutiblemente debe de ser un equilibrio entre el reto que los contenidos que recibimos nos ofrecen y la formación que tengo yo como el que recibe, para lograr unas transformaciones con esos contenidos. La información que nos llega hoy no pasa de ser solo información que no motiva en mayor medida un espíritu reflexivo y crítico en los receptores. Lo que nos llega hoy a través de todos estos medios parece que fuese hecho para promover un espíritu pasivo, sin una respuesta. No provoca, ni se interesa, en generar esas transformaciones al interior de nuestro cerebro.  Y no quitemos la innegable responsabilidad que tenemos los receptores, de al menos hacer productivo lo que naturalmente no lo es. Es, pues, una invitación a ejercitar el cerebro. ¿Cómo? Cada quién decide en qué restaurante come y cómo lo hace.