Muchos seguidores de las actividades que se promueven en La Cuadra, coincidimos en reconocer la importancia del evento que tuvo lugar el pasado jueves 7 de agosto, dedicado a la memoria de la Sociedad de Amigos del Arte de Pereira y su legado estético y cultural.

MARGARITA-CALLE-1Por: Margarita Calle

Gracias a las interpretaciones que nos aportan las ciencias sociales y las humanidades hemos podido entender que las iniciativas culturales gestadas en contextos específicos, obedecen a propósitos que comprometen la organización del espacio social y la cualificación de las relaciones que cohesionan a los colectivos. No obstante, en medio de la avalancha informacional en la que vivimos, el interés por tales singularidades suele circunscribirse a grupos muy cerrados de especialistas.

¿A quién le corresponde, entonces, el cultivo y la gestión de nuestras memorias? Ésta es, quizás, una pregunta difícil de responder en nuestro contexto. Históricamente no nos hemos caracterizado por cuidar nuestros patrimonios y, en lugar de ahondar en la comprensión de los procesos que nos han llevado a configurarnos como la ciudad que somos, hemos echado mano de historias y relatos ligeros, útiles para continuar afianzando ciertas nociones de identidad que resultan convenientes para atender los afanes del día a día.

Por eso, resulta valiosa la actividad realizada en esta ocasión por los gestores de La Cuadra, al asumir la tarea de visibilizar la labor que adelantó la Sociedad de Amigos del Arte desde su fundación y consolidación en las décadas del 40 y 50. Sin duda, cualquier acción que busque valorar el estado de nuestras prácticas estéticas o cuestionar sus inercias, debe pasar por el reconocimiento de las acciones que lideró esta institución.

Ahora bien, como todo ejercicio de memoria, éste realizado por La Cuadra fue posible gracias a una sumatoria de ideas, archivos, imágenes y nostalgias que posibilitaron, recuperar para nuestro presente, sobretodo para las nuevas generaciones de artistas y gestores culturales, las señas de un proceso cultural que se alimentó de experiencias estéticas y artísticas bastante plurales, sin profundizar en ninguna de ellas.

Una vez más, actividades como esta nos muestran la importancia que tienen los archivos como dispositivos de recordación y memoriación, y el papel que juegan quienes se ocupan de su cuidado. Gracias a estos “arcontes” como los denomina Derridá, fue posible para nosotros este reencuentro con la memoria del arte en la ciudad: Natalia Gómez Raigosa, Bolivia Chica, Rosina Molina, José Fernando Marín (con la tradicional Buhardilla), Fabio Cardona, la Facultad de Bellas Artes de la UTP y Javier García, con su inagotable archivo fotográfico. En el contexto también se rindió homenaje a la memoria de Inés Rendón y Lilián Salazar Chujfi, artistas y gestoras incansables.

* Directora Maestría en Estética y Creación, Universidad Tecnológica de Pereira