¡Qué hijueputa manada de godos, estaba aterrado! Dios esto, dios aquello, dios nos creó, dios creó al hombre y a la mujer, dios creó al Procurador, dios, dios, dios… lo repiten hasta la saciedad. Ese artilugio les sirve para justificar cuanta cosa se les pase por la cabeza o vean.

Tomado de queaprendemoshoy.com

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Por: Máximo Palacio

Desde hace un buen tiempo me vengo preguntando a qué se refieren los medios cuando hablan de opinión pública. Me lo pregunto porque es reiterativo el uso de esa categoría en artículos que tratan temas como por ejemplo el aborto, el matrimonio homosexual, la legalización de las drogas, la elección del Procurador, etc. En definitiva, eso que llaman opinión pública sirve para todo.

Y lo que me parece más extraño es que la opinión de dicho grupo –yo no sé quiénes son, nunca los he visto- siempre tiende a percibir los temas de la agenda desde una posición liberal y abierta. Como quien dice, la opinión pública está conformada por un montón de libre pensadores y de gente open mind, pero ¿será tal la cantidad de personas?

Intentemos darle forma a eso que llaman opinión pública, digamos que es la gente de a pie. Preguntémosle entonces: ¿qué piensa del aborto o el matrimonio homosexual? Me paré en un parque de mi ciudad e hice el ejercicio y solo faltó que sacaran las antorchas y las cruces.

¡Qué hijueputa manada de godos, estaba aterrado! Dios esto, dios aquello, dios nos creó, dios creó al hombre y a la mujer, dios creó al Procurador, dios, dios, dios… lo repiten hasta la saciedad. Ese artilugio les sirve para justificar cuanta cosa se les pase por la cabeza o vean.

Por eso yo me pregunto entonces a que se refieren, si este país está lleno de godos. Esos que se cree son mayoría, somos en realidad una minoría, pequeña, pequeñísima. Cómo me hubiera gustado que escucharan a mi mamá hablando maravillas de la reelección del Procurador, “ese sí es un verraco”, decía.

Seamos sensatos, si este país estuviera lleno de libre pensadores e ideas liberales, las cosas andarían diferente, quizá estaríamos en otro lugar. Yo no sé cuál, pero estaríamos en otro lugar. Por eso invito a más de un colega u opinador a que piense bien si va a utilizar las palabras mágicas de opinión pública, no sea que lo quemen y lo crucifiquen.