La paz con Uribe

Sin embargo, la paz debe ser construida con estos personajes también, sin otra exigencia que la de ser escuchados y a la vez tomar nota de sus proyectos de sociedad.

 

MIGUEL ÁNGEL RUBIO (FINAL 2015)Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

El odio desatado en las redes sociales por la marcha del 2 de abril, promovida por el Centro Democrático, no es precisamente la manifestación más civilizada de un país que busca la paz, no solo aquella ateniente a la terminación de un conflicto bélico entre  las insurgencias y el estado, o las estructuras vivas del paramilitarismo y la sociedad, sino y de forma plurívoca, a todos los dirigentes políticos de ambos flancos que polarizan el debate de manera extrema.

Y mi posición no es a favor del C.D. No he sido, nunca, ni lo seré, seguidor de las doctrinas uribistas, pero desconocer su poder político, es un error craso, pues sus ideas están más vivas que nunca y es allí donde los que nos oponemos a ese modus cogitatus, debemos tener templanza de espíritu y estrategia.

El primer factor atenuante para dicha polarización, es el campaneo informático de la televisión, que privilegia en primera plana cuanto exabrupto de parte y parte pronuncian los dirigentes y militantes de ambos bandos, una guerra de palabras que poco construyen paz y que insertan en las mayorías un discurso sesgado.

El Centro Democrático tiene casi 19 curules en el senado, en cabeza de personas que en otros partidos y desde otra estrategia electoral, jamás hubiesen llegado, y no podemos desconocer esto, como tampoco, la alta relevancia de los fallos del procurador, que aunque mediados por la biblia y la camándula, a este país le encantan. Petro fue destituido por su condición de exguerrillero, no responde esta actuación del procurador a ninguna otra razón, Samuel Moreno (a quien no defiendo) fue condenado a 18 años;  por casos de corrupción más graves, hasta expresidentes han sido absueltos, dirigentes cívicos han sido asesinados por pensar distinto y no temer el brazo armado pseudofeudal de los paramilitares, que aún siguen vivos y manifestando su ideología armada.

Sin embargo, la paz debe ser construida con estos personajes también, sin otra exigencia que la de ser escuchados y a la vez tomar nota de sus proyectos de sociedad. Tanto las FARC como el C.D., deben buscar espacios de acercamiento (ya encontraron coincidencias), verse la cara frente a frente, y acudir a las armas de la argumentación. A las FARC se les exige que pidan perdón, que yo recuerde, nunca escuché la misma exigencia hacia Mancuso y otros jefes paras.

Los diálogos empezaron con las FARC, continuarán con el ELN, y deben terminar con el Centro Democrático, sus posturas políticas, su proyecto de país, las actuaciones de sus dirigentes, su poder en el congreso y en el pueblo (no lo culpo) invitan a pensar en que estos últimos no son más que el brazo político del paramilitarismo en Colombia. Y empiezo a creer que en Colombia hay que temer más a los políticos que los guerrilleros o los troperos de las hordas paras. Al fin y al cabo, los fusiles se pueden derretir al fuego, ¿pero y las ideas? Por eso me parece suicida, innecesario y necio, difundir mensajes de odio por los que marchan, pues están en su derecho. Ojala esas declaraciones irresponsables no estallen en otras consecuencias más lamentables.