¿Cómo entender entonces que una historia de está guisa pueda atraer y concitar tanta emoción en el público femenino? Las respuestas que me aventuro a plantear resultan tan lastimosas y sombrías como en muchos casos lo es la propia vida de cantidad de mujeres.

 

Gloria Por Gloria Inés Escobar Toro

Primero fue mi cuñada, una mujer de mediana edad, quien me habló de las 50 sombras de Grey, lo mencionó en una conversación familiar y como sabe que me gusta leer, me dijo que si quería que ella me prestara el primer volumen porque ella iba, bastante entusiasmada, en el segundo. Luego una jóven estudiante mencionó que había leído los tres tomos de dicha historia y que estaba ansiosa por la llegada de la película (esto ocurrió por supuesto un poco antes del gran estreno en los cines). Después una de mis sobrinas que no tiene el hábito de la lectura me contó muy orgullosa que ya estaba terminando el primer tomo del libro y que los iba a leer todos.

Por esos días escuché el comentario de un periodista cultural, bastante atinado en opiniones de diversos temas, quien en pocas palabras decía que el libro era malísimo y sin ningún valor literario y, que además, la historia era aburrida entre otras cosas, por lo predecible. Después otros periodistas que informaban la taquilla impresionante que estaba logrando la película, decían jocosamente, que las ferreterías iban a hacer su agosto con los nuevos pedidos de cadenas y otros dispositivos utilizados para el sexo que presentaba el libro. A estas alturas ya era imposible no saber el argumento de la historia y algunos detalles de lo que pasaba entre la pareja protagónica.

Pues bien, al saberlo lo primero que me llegó a la mente fue el recuerdo de un programa que había visto en Discovery Investigation, canal que se dedica a recrear historias truculentas en las que siempre están mezclados el sexo, el dinero y la muerte. La historia que había visto meses atrás era ni más ni menos la que al parecer recrea las 50 sombras de Grey, con diferencias por supuesto, pero no sustanciales. En el programa televisivo como en la historia del libro, el galán era un hombre muy adinerado con gustos sexuales violentos y la protagonista una jóven sumisa que se sometía a complacer los caprichos de éste, todo ello mediado por un contrato previamente aceptado. En ambas historias el lujo, el dinero, las extravagancias y el derroche son los ingredientes que atizan una relación de abierta esclavitud sexual.

Explicar el “éxito” rotundo de la obra citada, no resulta tan difícil, pues contiene todos aquellos elementos que de entrada aseguran el interés, sobre todo, de lectores eventuales a quienes seducen las historias simples, cargadas de acción y fantasía. Sin embargo resulta llamativo que en este caso en particular, la mayoría de lectores sea de sexo femenino. Y llama la atención porque la historia es una recreación patética de degradación, humillación y violencia contra la mujer. En dicha historia la mujer es reducida, sin ningún miramiento, a mero objeto utilizado para el placer y capricho del hombre.

¿Cómo entender entonces que una historia de está guisa pueda atraer y concitar tanta emoción en el público femenino? Las respuestas que me aventuro a plantear resultan tan lastimosas y sombrías como en muchos casos lo es la propia vida de cantidad de mujeres.

La primera razón que puede explicar tal hecho es la naturalización que la sociedad ha hecho de instrumentalización de la mujer como una “cosa” para el placer al servicio del hombre, entendiendo por naturalización la aceptación total y sin reservas de que un hecho o fenómeno social es como se dice que es y no de otra manera porque iría en contra de lo naturalmente establecido. Así, el que la mujer sea considerada y ella misma se asuma, como objeto de placer, no resulta extraño porque es “lo normal” y bajo este parámetro han funcionado las relaciones entre hombres y mujeres.

La segunda explicación tal vez pueda encontrarse en las ansias de las mujeres por encontrar una posible fuente de inspiración (un modelo) para mejorar su vida sexual ya que en la realidad cotidiana de millones de ellas ésta se caracteriza por ser pobre y de mala calidad. Dicha pobreza, directamente ligada a la razón anterior, radica en que la vida sexual de la mujer ha estado sometida al deseo del hombre pues el machismo que devasta a la sociedad hace presencia en todos los espacios, aún en aquellos más íntimos como el sexual. En el sexo como en todas las demás esferas, cualquier actividad gira en torno al deseo y beneficio de quienes han detentado el poder sobre el mundo, los hombres. Los orgasmos fingidos, la masturbación femenina después del acto sexual, la supuesta frigidez de las mujeres, la insatisfacción sexual, las excusas permanentes para no tener sexo, son algunas de las estrategias utilizadas para rehuir a una actividad que sin duda bien ejercida entre dos seres humanos, es la más placentera a nivel biológico.

La tercera razón puede estar en la identificación con un mito que viene rondando desde hace mucho y es el de considerar que efectivamente se ha producido la tan odiada para unos y deseada por otros, liberación de la mujer. Y parte importante de ese mito es creer que la cantidad de encuentros sexuales que ahora sin tanto reparo pueden tener las mujeres y la realización del acto sexual de formas no tradicionales, significa que las mujeres por fin han logrado su reconocimiento como sujetos verdaderos y plenos y que por lo tanto, tienen hoy derecho y poder en la misma dimensión que los hombres. Claro que la liberación pasa por la sexualidad pero precisamente de una manera diferente a la que se plantea en las 50 sombras de Grey, es decir, una sexualidad donde no haya sometimiento ni violencia ni menoscabo del ser humano. La liberación sexual no consiste en el aumento de relaciones o compañeros sexuales, ni en acudir a recetas que bajo la apariencia de exóticas y novedosas no son más que 50 caras del mismo viejo modelo patriarcal de ejercer el sexo.

Finalmente la última razón para explicar la irresistible atracción que las 50 sombras de Grey viene ejerciendo dentro de gran parte del público femenino puede hallarse en que la historia inicialmente violenta y reprochable para algunos, termina dulcificada y redimida por el amor y ya sabemos muy bien como éste sentimiento, de cuya existencia no dudo, ha sido utilizado con bastante éxito para justificar todo tipo de atrocidades, incluida la violencia contra la mujer.

50 sombras de Grey resulta pues a mi juicio, más que un pésimo ejercicio de escritura si hemos de dar crédito a los expertos, un peligroso reencauche de la más perversa y burda ideología patriarcal.

Marzo 6 de 2014