Sería el primer parque ultraterritorial de Colombia, en el cual sus visitantes podrán recorrer sus atracciones en camionetas Toyota, los de más dinero, o los de menos, en largas caminatas  de horas, días, montaña adentro,  los cuales tienen el objetivo de reconstruir los senderos recorridos por los secuestrados.

 

MIGUEL ÁNGEL RUBIOPor Miguel Ángel Rubio Ospina

Nuestras emisoras radiales difunden casi todos los días el comercial de promoción turística de la otrora muy famosa y nunca bien ponderada Hacienda Nápoles. La que fuera propiedad del narcotraficante Pablo Escobar, es ahora un parque de diversiones abierto al público, el cual, ávido de conocer el pequeño paraíso del narco, paga sin regatear el valor de su entrada.

Estuvo muchos años abandonada después de la extinción de dominio y la selva la devoró, confundiéndola con el paisaje y hábitat natural de muchas de las especies que allí moraban.

Entre las cosas de atractivo público que Escobar tuvo allí se encuentra a la entrada de la hacienda, una réplica de la avioneta, en la cual, según el capo, se logró meter el primer cargamento de cocaína a los Estados Unidos; además un vehículo de los años treinta, que pretende rendir culto a los famosos gánsteres de la época, entre ellos Lucky Luciano, al  cual Escobar admiraba.

Esto me lleva a pensar en el posconflicto colombiano. La firma definitiva está cerca, y ya el secretariado ha ordenado suspender cierto tipo de operaciones, tales como el secuestro, el reclutamiento y la extorsión.

La pregunta es: ¿A qué se van a dedicar los nuevos desmovilizados de las FARC? ¿Les darán empleo así como así, en cualquier empresa? ¿El gobierno les dará subsidios hasta que logren su estabilización y normalización en la sociedad?… esas son las preguntas que animan este escrito.

Pues bien, con el ánimo de aportar al debate y construcción de un país más incluyente y creativo, propongo convertir las 22 zonas de concentración del posconflicto, en pequeños parques temáticos, tipo Hacienda Nápoles, en los cuales, sus visitantes (no confundirlos con secuestrados) podrán vivir y reconocer lo que fue la guerra con este grupo insurgente.

La ventaja es que quienes trabajen allí ya no tendrían que cambiar sus vestuarios; el camuflado, la pañoleta y el distintivo serían ahora su uniforme de trabajo (la dotación reglamentaria que  las empresas están en obligación de dar a sus funcionarios por ley). Lo que habría que reconstruir sería muy poco y entrenar el personal no sería necesario.

Sería el primer parque ultraterritorial de Colombia, en el cual sus visitantes podrán recorrer sus atracciones en camionetas Toyota, los de más dinero, o los de menos, en largas caminatas  de horas, días, montaña adentro,  los cuales tienen el objetivo de reconstruir los senderos recorridos por los secuestrados. La atracción incluye cadenas y guerrilleros (actores claro) que les hablarán a quienes paguen, sobre las formas combinadas de lucha y la causa guerrillera. Esta atracción, podría llamarse el Camino de Ingrid.

En otro de los parques, los turistas podrán vivir la adrenalina de una pesca milagrosa. El escenario de dicha atracción es una carretera colombiana, en la cual se encuentran sendas filas de carros en ambos sentidos, de repente, los visitantes empiezan a notar que aparecen de la nada, hombres en camuflado, que de manera agresiva (todo es una actuación, claro está) los bajan del carro y los llevan a un campamento. Esta atracción no incluye vehículo, el visitante debe llevarlo.

La siguiente atracción se llama El Laboratorio, en ella, usted podrá aprender y asimilar de manera experiencial, las formas en las que se hace la cocaína en este país. Todo empieza en una hectárea, en la cual un guerrillero le entregará un sombrero y un costal, pues todo inicia con el proceso de raspar la hoja de coca. Usted vivirá el proceso desde raspachín hasta el momento en que es empaquetada. Por unos pesos más incluye fumigación con Glifosato y bombardeo al campamento. Toda una experiencia agrícola y de acción en un solo parque.

Y por último, los visitantes de dicho parque temático visitarán el museo de Cera, en el mismo podrán encontrar réplicas en tamaño real de Jacobo Arenas, Raúl Reyes, el dummie usado en los diálogos de Simón Trinidad,   así como la estatua del Mono Jojoy. En el museo  estarán, además, las gruesas gafas de Cano, en una urna de cristal, y la mano de Iván Ríos, entre otras reliquias (como su ideología); pero sin duda, la de más valor es la toalla del comandante supremo, Pedro Antonio Marín, Alias Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, la misma estará colgada junto a su fusil y conserva el sudor y los fluidos del comandante. Por un precio adicional, los visitantes podrán secarse el sudor con esa toalla y sentir cómo la revolución les penetra por los poros.

¿Si la finca de Escobar fue convertida en parque temático, por qué siguiendo esta nefasta tradición, no acogemos la idea para conservar el legado de terror y muerte que las FARC han dejado?