Tres personas distintas y un solo dios verdadero, dicta el dogma católico que genera la alegoría del padre, el hijo y el espíritu santo. Podríamos decir que ese dios, fue  a pesar de todo, la democracia ejercida de manos del pueblo, pues en todos los casos –el plebiscito colombiano del 2 de octubre, las elecciones en Estados Unidos y el Brexit– fueron el pueblo y sus emociones los que determinaron un difuso camino para el 2017 y los años venideros. Vox populi vox Dei

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

El 2016 fue un año para mandar a enmarcar.

La primer persona en esta trinidad es sin duda alguna Rodrigo Londoño Echeverry, más conocido en este país como Timoleón Jiménez, alias Timochenko, a quien sin duda alguna el presidente Santos le debe la mitad del Nobel, pues el máximo comandante de las FARC supo entender la diferencia durante estos seis años de diálogos de paz entre adversario y enemigo.

Para Timochenko su adversario en la negociación del acuerdo de paz fue Santos, y esta visión le permitió firmar no solo un acuerdo, sino dos, propiciando una nueva visión de las FARC que el país no se había permitido ver. El enemigo directo de Timochenko ya no es pues el nobel de Paz, es sin duda alguna el senador Uribe, ganador del plebiscito en nombre del NO.

Timochenko, aún con plebiscito en contra, supo leer la coyuntura, aceptó una renegociación del acuerdo, llevó a Juan Manuel Santos a la consecución de su anhelado Nobel y logró sentar a la Corte Constitucional a discutir y aprobar el fast track. ¿Qué otra persona en tan poco tiempo, pudiera haber hecho tanto? No olvidar las reiteradas veces en que invitó al senador del Centro Democrático a conversar y no olvidar las también reiteradas veces en que el ubérrimo senador rechazo la invitación.

La segunda persona sobrepasa las fronteras de este país. Es Donald Trump, el recién electo presidente de los norteamericanos, quien rompió todos los pronósticos previos, rebatió todas las teorías políticas y dejó viendo un chispero a los intelectuales y estudiados presidentes tradicionales elegidos en otras ocasiones en Estados Unidos.

A  Hillary Clinton y a Barack Obama los derrotó un político atípico, llegado del sector económico, un hombre de medios (showman) que enardecía la masa votante con discursos antilatinos, racistas y xenófobos. Un político a todo dar, payaso que no divertido, y con un  tradicional carisma yanqui. Donald Trump negacionista del cambio climático  y constructor de muros será a partir del 20 de enero del 2017 el presidente de la primer potencia mundial. Veremos si la misma actitud desafiante de las elecciones le servirá para manejar el Congreso de su país.

El último personaje de esta trinidad es el Brexit de los británicos. La UE no esperaba que la sociedad inglesa, por medio del voto, tomara la decisión de salirse de la comunidad económica, salida que es una herida de muerte, pues para nadie es un secreto que Inglaterra es uno de los miembros superiores de ese organismo, siempre frágil, que es la Europa unida. La salida de los británicos de la UE fue sorpresiva, al punto que obligó a la dimisión del primer ministro David Cameron y generó una discusión intestina entre los países que conforman el Reino Unido por la permanencia de Escocia a partir de los resultados obtenidos.

Tres personas distintas y un solo dios verdadero, dicta el dogma católico que genera la alegoría del padre, el hijo y el espíritu santo. Podríamos decir que ese dios, fue  a pesar de todo, la democracia ejercida de manos del pueblo, pues en todos los casos –el plebiscito colombiano del 2 de octubre, las elecciones en Estados Unidos y el Brexit– fueron el pueblo y sus emociones los que determinaron un difuso camino para el 2017 y los años venideros. Vox populi vox Dei.

@rubio_miguel