“Muchas tumbas estaban guarnecidas con escudos y banderas de equipos del fútbol profesional colombiano. Casi todas decoradas con flores de plástico, pasta e icopor: margaritas, anturios, simprevivas, heliconias, nomeolvides, azucenas, girasoles, grandes rosas rojas fijadas con cemento dentro de pequeñas materas”.
                                                        Balas por encargo
                                                  Juan Miguel Álvarez
                                                  Rey+Naranjo Editores
                                                  2013
GUSTAVOCOLORADOPor: Gustavo Colorado Grisales
Toda tumba cuenta una historia. La historia de una vida. De todas las vidas: a través de su silencio ensordecedor asistimos, si aguzamos bien los sentidos, al relato  siempre doloroso, algunas veces gozoso y casi siempre vano de la aventura humana. Si la muerte, al cerrar el círculo de manera perentoria y definitiva, le da sentido  a nuestros pasos en la tierra, la tumba y el sepulturero devienen actores claves  para comprender la vida de los muertos. Y Colombia es, bien lo sabemos, un país amasado con la piel y la  sangre de muchas víctimas. No por casualidad la palabra paz cobra un sentido especial para nosotros. Amparados en su promesa, los políticos  de distintas facciones  se han repartido el poder desde los tiempos de las guerras de independencia.
A reconstruir algunas de  esas vidas desde los recursos del periodismo narrativo ha dedicado sus últimos años el  periodista y escritor colombiano Juan Miguel Álvarez. Formado en la escuela de los grandes maestros del reportaje ha publicado en medios como El Espectador, La Tarde o El Malpensante minuciosos y detallados relatos sobre algunos aspectos de ese tortuoso camino llamado Historia de Colombia. Entre ellos destacan los cientos de cuerpos atrapados en los remolinos de Beltrán, un recodo del río Cauca ubicado a la altura del municipio risaraldense de Marsella. Hasta  allí iban a parar los dolientes de las víctimas de la violencia  en el departamento del Valle, en busca del rastro de sus hijos, esposos, mujeres o padres caídos en esa oleada de demencia protagonizada por paramilitares, guerrilleros,  traficantes de drogas  y agentes del Estado.
También se ocupó en su momento de las ejecuciones sumarias ordenadas por las que nuestro miedo o hipocresía optaron por llamar “fuerzas oscuras”, aunque todos sepamos quiénes son y dónde están. Uno de esos relatos, publicado en la edición digital de la revista Semana, provocó la airada reacción de la dirigencia local, preocupada porque las denuncias afectaban, según palabras textuales, “la imagen de la ciudad y la región ante el país y el mundo”. Claro: están acostumbrados a concebir al periodista no como un contador de historias dichosas o terribles, sino como un promotor turístico, un amanuense del poder o cosas peores. En menos de veinticuatro horas el texto fue retirado, sentando de  paso un riesgoso precedente para la libertad de expresión.
Siguiendo ese tono de preocupación ética y estética, Juan Miguel Álvarez publica ahora su libro “Balas por encargo”, un trabajo de la editorial Rey + Naranjo Editores y presentado en la versión 2013 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Con un riguroso nivel de documentación, a través de sus páginas asistimos a algunos de los acontecimientos que han marcado para mal el último medio siglo de la historia nacional y regional. Los gérmenes de los carteles del narcotráfico que muy pronto hicieron metástasis en todos los sectores de la vida del país. La legitimación social del sicariato como forma de supervivencia y ascenso social. La ineludible disolución de los referentes éticos y sus consecuencias para el cuerpo entero de la  sociedad. Pero además de eso el autor contribuye a desmontar un mito forjado a varias voces entre dirigentes gremiales, políticos y medios de comunicación: que la relación de Pereira y Risaralda con los  grandes grupos criminales ha sido únicamente la de lugar de refugio, territorio neutral o escenario casual  para dirimir sus conflictos. La realidad es otra: en la década de los sesentas del siglo pasado ya se gestaban poderosas agrupaciones a las que no fueron ajenos algunos hijos conspicuos de las élites locales. Si uno lee con atención comprende porqué ha sido posible mantener altos niveles de consumo y crecimiento a pesar del colapso de algunos sectores de la economía  legal y su consiguiente impacto en las cifras de desempleo. Pero, como todo buen libro de periodismo narrativo, “Balas por encargo” es mucho más: es por ejemplo, una mirada a esa visión del mundo anclada en el dinero como valor supremo, responsable entre otras cosas de los abrumadores niveles de corrupción y del tendal de muertos que nos hablan en cada capítulo de nuestra historia.