Las “calientes” de Segovia

Gloria Inés Escobar (Columna)La prostitución es pues un inmejorable negocio para muchos pero una de las peores y más dolorosas formas de violencia que se ejerce en contra de las mujeres.

Por: Gloria Inés Escobar

El pasado 27 de mayo, fue publicada una nota periodística que recoge un episodio sucedido en Segovia como consecuencia de una investigación que está adelantando la periodista Jineth Bedoya Lima sobre la explotación sexual infantil en la zona minera del nordeste antioqueño y el Bajo Cauca. Ante la búsqueda de una respuesta oficial al problema de la prostitución infantil en esta esta región, la periodista recurrió al alcalde de Segovia quien no solo negó el hecho sino que además agregó, “en Segovia no hay prostitución porque las mujeres son muy calientes y no necesitan que les paguen” (ver aquí).

Lo burda, estólida y chabacana de la respuesta y de su posterior ampliación en una entrevista radial (oír aquí), además de evidenciar el cinismo del flamante alcalde, quien insultó a la periodista llamándola babosa y la cultura machista que nos ahoga, deja en claro una vez más, que cualquiera, inclusive un patán, puede llegar a ejercer un cargo público (desde las más altas dignidades, recordemos al inefable Uribe, hasta las de menor calado).

Asimismo lo ocurrido ratifica que la prostitución, aunque sea la más atroz como la infantil, no se ve como un problema para muchos por cuanto ésta hace parte del negocio redondo de la industria del sexo del que se benefician muchos: los consumidores al poder adquirir fácilmente mujeres-mercancías de todo tipo, forma, edad y precio; los alcahuetas, proxenetas o intermediarios, como quieran llamarlos, que se lucran de esta explotación; los promotores de la mercantilización del cuerpo de la mujer; los empresarios de la industria del sexo, en todas sus ramas, que se embolsillan grandes cantidades de dinero y, finalmente, muchos gobiernos locales y nacionales quienes tienen en la prostitución un elemento fundamental de la economía.

La prostitución es pues un inmejorable negocio para muchos pero una de las peores y más dolorosas formas de violencia que se ejerce en contra de las mujeres y es precisamente esto lo que no solo no se reconoce, como el caso del alcalde de Segovia Johnny Alexis Castrillón, sino que además se banaliza, permite e, inclusive, prohíja.

Ahora bien, es de cierta manera entendible que un pueblo que ha sufrido la violencia guerrillera, estatal (que en no pocas ocasiones se ha puesto al servicio de las empresas multinacionales que explotan allí el oro, y en contra de la población inerme) y paramilitar (recuérdese la masacre ocurrida en Segovia en 1988 en la que fueron asesinadas 43 personas), un pueblo que padece graves problemas de orden ambiental (es una de las zonas más contaminadas del mundo por el mercurio utilizado en la extracción minera) y social; es entendible, repito, que un pueblo así no quiera ser noticia por cuenta de otro flagelo, el de la prostitución en este caso; pero no es irrespetando a las mujeres de la región, ni insultando a quienes de manera seria denuncian la problemática que se vive allí como en la generalidad de los distritos mineros, ni mucho menos negando la situación padecida por cientos de jóvenes a quienes la pobreza y la violencia lanzan a la prostitución, no es así como se curan las heridas, se espantan los fantasmas y se protege la imagen de un pueblo, no es así como se encara la realidad si es que quiere cambiarse.

En Segovia, la prostitución existe, como existe también el trabajo infantil y la trata de personas, existe allí como en tantos otros lugares del país y del mundo en los que la miseria, la falta de oportunidades, la discriminación y la violencia obligan a millones de seres humanos a venderse como la única salida que tienen para sobrevivir. Al señor Alexis hay que decirle que en Segovia las mujeres de su pueblo se prostituyen no por gusto, no por “calientes”, no por lo alegres y contentas que viven como él lo asegura, no, lo hacen por física necesidad y a quienes les cabe responsabilidad en ello en lugar de acudir al manido y cobarde recurso de la negación y el insulto, deberían tomar cartas en el asunto y una elemental forma de hacerlo es empezar por reconocer el problema, al menos eso es lo que haría una persona dotada con el mínimo grado de sensatez.

Para finalizar, voy a tomar parte de una frase prestada que ilustra muy bien lo que el brillo de las luces, el éxtasis del dinero y el olor a semen esconden tan bien, y es que la prostitución llegó al mundo chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies. Sangre de mujeres pobres que muchos no quieren ver.

Mayo 28 de 2013