¿Estaría el accionar de la Procuraduría del Quindío al servicio de destruir honras personales, truncar procesos administrativos y deponer liderazgos inconvenientes a sus intereses, cuando la autonomía de estos no es fiel cómplice de los empotrados en el poder?

 

Por Eliécer Santanilla*

Casos en donde el tridente de la corrupción podría estar usando el mentiroso aura de infalibilidad de las “ías” (Contraloría, Procuraduría y Fiscalía) abundan en el registro histórico reciente de nuestra patria.

Recuerden la cacería de brujas emprendida por el templario Alejandro Ordóñez, quien desde la Procuraduría masacró de manera exprés a senadores, alcaldes y gobernadores, rearmando el mapa político de la nación, al tenor de su absurda candidatura presidencial.

La inhabilidad de 15 años para el ejercicio de cargos públicos, impuesta en el 2014 al entonces alcalde de Bogotá Gustavo Petro, echada al traste por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en muestra de un voraz apetito politiquero.

Aunque lo anterior obedece a sentencias producto de las investigaciones, quiero hacer hincapié en lo que sucede de manera aleatoria alrededor de la misionalidad de este órgano de control

Hoy la voracidad no ha cambiado. Revisemos, entonces, cómo la Universidad del Quindío se encuentra expuesta al venenoso aguijón de tres dientes…

Pareciera que se tienen bandas de comunicadores y mercaderes del periodismo que hacen el mandado de ir a instigar procesos y montar persecuciones, sacando con ganzúa forzados  e irrisorios pronunciamientos al picarle la lengua a los  altos encargados de las “ías”.

Así surgen declaraciones, aunque muchas veces cautelosas, no son más que escuetas manifestaciones que en sí mismas no dicen nada más allá de lo procedimental, pero su inocuidad es inversamente proporcional a la capacidad lesiva que alcanzan en manos de inescrupulosos presentes en la política y en los medios.

Medios de comunicación, periodistas de plaza y uno que otro siempre periodista de alcurnia, aprovechan la ligereza mental de la volátil sociedad de entretenimiento en la que nos encontramos, para alimentar a las hordas hambrientas, ávidas del desolle del prójimo, expectantes al fracaso del mismo, en una apología a su propia mediocridad.

 

Un ejemplo cercano

Algo así podría estar sucediendo con la Universidad del Quindío ante el proceso de  elección de quien dirigirá el nuevo periodo rectoral de la acreditada Alma Mater quindiana, donde la Procuraduría, en menos de dos meses y justo ante la coyuntura electoral, al parecer,  ha sido partícipe del profuso trabajo por desprestigiar al actual rector candidato, José Fernando Echeverry, llevándose en arrastre la institución.

Sus anuncios han sido materia prima de primera mano para deteriorar y atacar su aspiración, con un sobredimensionado afán  de sumar y relucir una seguidilla de investigaciones, patrocinadas y promulgadas por los  recaderos a sueldo, seguramente con órdenes  tras los barrotes de esa clase política local encarcelada -“los encarcelados”- quienes no solo buscan poner alcalde y gobernador, si no también rector(a) en la Uniquindío. Cuando realmente lo que persiguen es morder el botín de $130 mil millones y perpetuar su desvalorizada manera de robar al departamento.

De ser otra la realidad, tendríamos que pensar que hombres reconocidos por su compromiso con la acción preventiva y capacidad de perseguir a los corruptos, como el hoy ex procurador regional del Quindío, Ernesto Amézquita Camacho, y el abogado chocoano Édison Mosquera Agualimpia, estarían sirviendo de idiotas útiles de los encarcelados, así como de un par de perversos amanuenses, lo que sería sin duda absurdo e impensable en esta macondiana tierra.

¿Estará el accionar de la Procuraduría del Quindío al servicio de destruir honras personales, truncar procesos administrativos y deponer liderazgos inconvenientes a sus intereses, cuando la autonomía de estos no es fiel cómplice de los empotrados en el poder?

No se trata de ser abogado luciferino. Bien se sabe que el que la hace la debe pagar, pero con estas perseguidoras que se montan al arbitrio de una institución acreditada, se pone a penar y a pagar también al que no la hace, a favor de quienes la quieren hacer.

Las respuestas siempre serán las mismas: ¡estamos investigando! Exhiben los titulares de la prensa obcecada y al final, sin hallazgo alguno, el silencio revelador, aunque las portadas ya han hecho lo suyo y los mal llamados comunicadores pasan la cuenta de cobro al postor de turno.

Arbitran así la temeraria y tendenciosamente sicología del terror, al vaivén de la permisividad de las redes sociales y de la invasividad del WhatsApp. A punta de cadenas con subrayados en negrilla logran desestabilizar y atemorizar, en una nueva y audaz  táctica de presión  que termina siendo muy superior en sus resultados a la mejor estrategia de mercadeo  y de relaciones públicas existente.

Abundan medios tradicionales, alternativos, medios de un clic en páginas de fans en Facebook, y periodistas limitados  a ser la caja de resonancia de las ías, tratando de convencernos de que hacen periodismo investigativo solo por ser los altoparlantes primarios de sus boletines y los portadores del anzuelo con el que pescan famélicas  declaraciones.

 

Titulares sensacionales

Los titulares y sus adjetivos pretenden echar fuego, queriendo quemar todo por doquier, así no exista gota de gasolina alguna. “Procuraduría pone en cintura”, “Universidad del Quindío en la mira de la Procuraduría”, “Se vienen sanciones”, “Procuraduría pone el acelerador”, “Se pone la lupa”, etc.

Evidentemente estos titulares sensacionalistas, sumados al manoseo de la información por las redes sociales y el WhatsApp, son capaces de inclinar la balanza y afectar de gravedad el frágil equilibrio en cualquier contienda electoral.

La Procuraduría encabeza el directorio de fuentes que se consideran fiables e intachables para los periodistas al servicio de intereses politiqueros, quienes hacen de sus informes dinamita verbal dispuesta a destruir y masacrar las aspiraciones políticas y públicas de quienes estén por fuera de su círculo de “amistades e intereses particulares”.

En este caso reseñado, injuriosamente se ha hablado de saqueos, desfalcos, desgreños administrativos; incluso no faltó el que intentó chantajear promocionando con circense fanfarria y descaro “informes especiales” y notas sobre corrupción en medios de gran resonancia nacional, que obviamente no fueron más que una inocentada; sin embargo, hicieron mucho daño, tratando de desacreditar una universidad acreditada incluso a los ojos de sus temerarios enemigos y contrincantes.

Finalmente, espero con estas líneas lograr adeptos a esta humilde y redundante conclusión como analista que soy de la prensa, la opinión y el cuarto poder:

Una investigación sobre corrupción no tipifica un acto de corrupción, pero, al parecer, se presta para que ciertos corruptos quieran alcanzar cargos y más poder, para dar rienda suelta a su corrupción.

En nuestro Estado de Derecho existe la presunción de inocencia y la apertura de una investigación preliminar no amerita estos violentos calificativos ni mucho menos las injuriosas conclusiones que  sus notas y comentarios pretenden inducir.

Como periodistas, y ante todo como comunicadores, debemos recordar que jugamos con fuego y lo que se quema no se recupera. Sobre todo, la honra y dignidad que un ser humano y profesional ha construido a pulso, y con la acreditación de una universidad, lograda con la entrega y el compromiso de docenas de profesionales que hoy tienen el Alma Máter ante el aplauso y reconocimiento de la comunidad nacional e internacional; así como lo expresan los hechos y múltiples casos de éxito en investigación, innovación y tercera misión.

Ojalá muchos procuremos ser menos lesivos y más propositivos  siendo más rigurosos con el periodismo y la opinión por el resurgir  de nuestro Quindío y el bienestar de la maltrecha sociedad colombiana.

*Comunicador especialista en marketing y estrategia Política. @Elisantanilla. Ceo- Fundador de Cuarto Poder www.cuartopodercp.com