Las paradojas del Cauca

Nadie duda que hay intereses de la guerrilla en el desalojo de la fuerza pública, y no solo las Farc, sino las Bacrim y cuanto grupo vinculado a la exportación de coca existe en el  Pacífico. 

Por: Víctor Zuluaga

Leí con cierto asombro una de las crónicas escritas por Héctor Abad Faciolince sobre las comunidades indígenas del Amazonas.

Y digo asombro cuando relata la muerte de un niño y al respecto dice: “Lázaro León me lo agradece y yo compruebo una vez más que lo que sienten ellos (indígenas) ante la muerte de un hijo es exactamente lo mismo que sentimos nosotros”. Pues bien, si eso lo dijera un viajero inglés en el siglo XIX cuando visitaba la Nueva Granada, no es extraño, pero para una persona como Héctor Abad, en pleno siglo XXI, sí es inaudito que diga que “comprueba una vez más que los indios sienten lo mismo que sentimos el resto de mortales”.

Y es que seguramente Abad hacía parte de un gran número de personas que consideran que los sentimientos de indios y de afros son distintos a los de los demás seres humanos. Es de alguna manera reconocer que se les dificulta catalogarlos como lo que son: seres humanos comunes y corrientes, obviamente con una cosmovisión diferente.

En el caso del Cauca, hay que entender que los indígenas no todos piensan igual, es decir, habrá grupos que apoyan la guerrilla y quieren que la fuerza pública desaloje sus territorios y habrá quienes están de acuerdo en que se queden pero no en puestos fijos en donde no se mueven y se convierten en objetivos de la guerrilla, con resultados pavorosos para la población civil que vive cerca de los cuarteles o fuertes de la fuerza pública. Y habrá otros que quieren la presencia de la fuerza pública sin ningún condicionamiento. En síntesis, los indígenas ni piensan de una manera homogénea, ni son ángeles ni arcángeles.

Pero lo que sí es posible afirmar es que tanto el Cauca como el Chocó, han sido departamentos abandonados por el Estado y yo añadiría, que mal-tratados. La historia del Cauca ha sido la historia del desalojo de las tierras a sus pobladores aborígenes. En cualquier época que se haga una revisión, habrá casos conturbadores como la Cacica Gaitana cuando se enfrentó a los soldados españoles y también figuras como Quintín Lame, que creó frentes de resistencia para recuperar sus tierras, no sólo en el Cauca sino también en el Tolima. Las luchas pues del Cauca no son de ahora sino desde siempre. Recordemos que el presidente Uribe cuando estuvo en el Cauca en el momento en que ejercía la Presidencia, fue abucheado por los indígenas y no pudo hablar con ellos. No le creían. Ni le creen.

La pregunta es, ¿por qué? Porque los incumplimientos por parte del gobierno de turno han sido sistemáticos. Y sólo quiero referirme a un caso: cuando el gobierno de Pastrana pactó la compra de tierras por el Incora para ser entregada a los indígenas, llegó el doctor Uribe posteriormente y eliminó el Incora para darle paso a otro organismo llamado Incoder. El resultado: todas las negociaciones quedaron suspendidas, supuestamente porque era necesario que el nuevo ente, el Incoder, entrara a conocer en detalle los pactos a que se habían llegado. Y así, gobierno tras gobierno es la repetición de una historia sin fin.

Nadie duda que hay intereses de la guerrilla en el desalojo de la fuerza pública, y no sólo las Farc, sino las Bacrim y cuanto grupo vinculado a la exportación de coca existe en el  Pacífico. Se avizora pues una guerra sin cuartel en donde los que van a sufrir las consecuencias son las mismas víctimas de siempre: población civil de los indígenas y los afrodescendientes. Y es cierto que produce dolor ver a un sargento llorando por la humillación a que fue sometido. El mismo dolor que se siente cuando observamos a una madre o a un padre llorando por la muerte de un hijo con los  mal llamados “falsos positivos”. Sólo que estas últimas imágenes se muestran no con la misma frecuencia que las otras.

En síntesis, se avecina más de lo mismo, o sea, lo que nunca ha funcionado. Es hora de revisar otras alternativas, de negociar, de pactar, de discutir con la población afro e indígena.