Las partículas del diablo

Mientras  que el mundo intentaba comprender el hallazgo de la llamada Partícula de Dios, como protofuente del origen del universo, en Colombia no pocos buscaban descifrar la calidad de las partículas del Diablo que, especialmente, han fertilizado los suelos ensangrentados de una nación extraviada en los laberintos de la ilegalidad. 

 

Por: Carlos Victoria

A esta hora cualquiera se podría estar preguntando sobre la similitud entre los festejos de boda en una isla indocumentada del Caribe o el homenaje a un ex ministro en el club El Nogal de Bogotá. No hay que hacer mucho esfuerzo para detectar que en ambos eventos brota harina del mismo costal. Si cruzamos las bases de datos, podríamos encontrar coincidencias propias de una sociedad rendida a los pies de la escala de valores impuestos por la economía moral de la ilegalidad y la ilegitimidad.

Una primera es que entre la repichinga del líder Urabeño y el acto en el que un expresidente lanzó su plataforma política, encontramos a personajes ligados a actividades non sanctas –según la justicia-, y eso si que ya no es una sorpresa. Desde los tiempos de los carteles fundadores del narco Estado  (Cali y Medellín) los actos sociales de estas facciones han glorificado su poder mediante la auto presentación (Elias, 1996) de los jefes y sus allegados, consolidando los lazos de hermandad y afinidad que los articulan. La ceremonia de la tribu es una bisagra de la red de relaciones, como dice  Malinowski.

¿Atroz coincidencia? No. Simplemente es la expresión de esferas públicas y privadas ligadas a un poder asombrosamente desafiante que emergió desde esa vieja institucionalidad  conservadora de la Constitución de 1886, y que sin haber superado los grandes abismos del siglo XX, se alojó incólume en la reforma del 1991, para perpetuar la violencia y sus causas estructurales. Hoy todo quedó en una aspiración, en una quimera que deambula como cualquier enfermo buscando cura a las puertas de un hospital.

La Colombia de La Múcura, y el país de El Nogal, no es una anécdota. Su cordón umbilical no es otro que los rasgos sustantivos de una moral a prueba de burlar la ley. Por ejemplo “Fritanga”, según la cuestionada Registraduría Nacional del Estado Civil estaba muerto, pero de la risa; mientras que en el lanzamiento del llamado frente contra el terrorismo hicieron presencia personajes de la talla del ex fiscal Osorio, hoy envuelto en distintas investigaciones que lo vinculan con un ramillete de delincuentes.

Un sector de la burguesía parasitaria de este país se entregó en bandeja de plata al narco, creyendo que de esa manera iba a obtener, a cambio, orden y estabilidad. Por su parte la plebe, un contingente significativo de excluidos tomó el atajo de ligarse al activismo criminal para salir de la pobreza. La matriz resultante de este cruce ha sido una alianza de intereses y aspiraciones traducidas en una sociedad cada vez más mediada por la criminalidad y la injusticia. Un poder que recompuso la hegemonía en distintas instancias de la vida nacional al punto de someter a su arbitrio el conjuro de los poderes públicos, bajo la diletante mirada del Tío Sam.

“No tengo duda de que algunos de aquellos que sucumbieron ante las veleidades del dinero en esa época, entre ellos políticos, administradores públicos y empresarios, hoy fungen como prestantes guardianes de la moral y se agarran sus cabezas cuando se mira ese pasado”, argumentaba en Semana el profesor Juan Diego Restrepo, a propósito de la doble moral implícita tras la huella de Pablo Escobar Gaviria, de quien  Germán Castro Caycedo se ocupa en su nuevo libro “Operación Pablo Escobar”, un auténtico best seller del horror.

Con bien lo argumenta Giuseppe Carlo Marino (2002) lo más humillante para una sociedad es cuando la mafia se torna en un fenómeno social indisociable de la política: “su formación y desarrollo coinciden con las vicisitudes del tenaz sistema de poder”. En ambos actos se advierte, con escrúpulos o no, el evidente el marchitamiento del Estado Social y Democrático de Derecho. Boda y homenaje presumen tener arraigo social: ricos, refinados, cultos y famosas son el coeficiente de un sustrato relevante de un sector de la  sociedad que sigue parrandeándose el país y sus torcidas instituciones, a pesar de todos los peros.

La vena que  alimenta la sangre de este  modelo es rica en miedo, sumisión y exaltación. Irriga y nutre todas las células de la sociedad. Se hace sentir a través de la adulación mediática que en la práctica ejerce una singular tolerancia y sospechosa desconexión entre el contexto y el texto, en una semana especialmente salpicada por una sucesión de escándalos que simplemente reflejan los alcances de la refundación de la patria por cuenta del negocio global de narcóticos. La boda de “Fritanga” seguramente será el hit de los bailables de diciembre.

Y para no dejar dudas sobre la existencia de las partículas del mal en la superficie de la memoria, el escritor y periodista Alfredo Serrano, director de la nueva serie de televisión “Las víctimas de Pablo Escobar”, lo subraya con toda claridad: “Lo que queremos mostrarle a Colombia es que detrás de Escobar había una serie de comerciantes, políticos, militares, policías y gente de la justicia, todos al servicio de la mafia en Colombia, y que esa mafia continúa hasta hoy. La plataforma mafiosa que montó Escobar, con narcotráfico y paramilitarismo, fue la misma que llevó a la presidencia a Uribe”, concluye sin tapujos.

Las partículas del mal, esparcidas por todo el territorio nacional no dan tregua: “Hasbún mencionó a Jaime Uribe, hermano menor del expresidente Álvaro Uribe Vélez, como una persona muy cercana a Vicente Castaño. Aseguró que era conocido con el alias del ‘Pecoso’. El expresidente nunca se ha referido a los señalamientos de Hasbún sobre su hermano Jaime”, dice El Tiempo en su edición del pasado viernes. La nota periodística ratifica que 226 bananeros y ganaderos de Urabá están en la mira por financiar a ‘paras’. El vómito ha sido por boca y nariz. No cesa. Según Santos detrás de la sepultada reforma a la justicia estaba la mano siniestra de la para política.

Las mutas acusaciones entre Vargas Lleras y Uribe Vélez, por presuntas conexidades  con jefes narcos, corroboran el nivel de degradación y pugnacidad al interior de  las élites que ahora trasladan al escenario público lo que algunos investigadores, como Olga Behar, han puesto al descubierto sobre la diversidad de hechos criminales que involucran a la familia del expresidente, el cual se asume a sí mismo como víctima de bandidos extraditados. Sin embargo, a medida que corren los días, son más los que corren de su lado como acaba de ocurrir con el caso Santoyo, al tiempo que docenas de sus colegas eran delatados, por sus ex socios.

Los más excelsos representantes de la extrema derecha se perfumaron para refrendar su lealtad al jefe, bajo el pretexto de un homenaje a Londoño Hoyos, sobreviviente de un atentado terrorista que provocó más suspicacia que condena por el contexto y antecedentes en el que se produjo. Lealtad con una causa que ha prodigado, entre otras cosas, miles de desaparecidos, millones de desplazados y lo peor: una mentalidad proclive, entre los colombianos, que borra las fronteras entre el idilio y el delito. La lealtad mutua, a través de otros homenajes como el del 29 de abril de 1999, simplemente han puesto un sello demagógico a la movilización de  la opinión pública alrededor de una agenda teñida con la hipocresía del doble discurso de la lucha contra el terrorismo y la corrupción.

Al final de su intervención el expresidente notificó a sus adversarios que “Estamos prestos a contribuir a una coalición de convergencia al Puro Centro Democrático, con los ciudadanos y partidos, a participar en la elaboración de la plataforma, a animar precandidaturas y a apoyar a un gran candidato”, siempre y cuando  “en cada ciudad y pequeño poblado de la Patria se reconstituya la organización política, que integre ciudadanos y organizaciones”, es decir  ese microcosmos en el que las partículas del mal giran en torno a ese agujero negro llamado Colombia, donde la partícula de Dios ha sido bendecida por la degradación imperante.

El Diablo hace hostias…Amén.