Lealtad de políticos y coperas

Se queja Vásquez de que muchos de sus “amigos” y aliados lo abandonaron. Todos esos lacayos y lambones y sobachaquetas son del Alcalde de turno, del que esté sentado en la silla.
alvaro ramirezPor: Álvaro Ramírez González
Las Alcaldías de Israel y Vázquez ya son historia; lo mismo ocurre con la jefatura política de Soto, que deambula entre el retiro de muchos de sus lugartenientes y un partido de la U, diezmado, hasta una pérdida de investidura que resolverá esta semana el Consejo de Estado. La arrolladora votación que acompañó a Gallo superó sus posibilidades políticas y le dio 50.000 votos que ni él mismo esperaba y que nadie sabe de dónde salieron. Pues fue la arrolladora reacción ciudadana contra Soto y sus Alcaldes, sin duda alguna. Y esa arrogancia de pretender repetirnos la dosis con Israel, fue el detonante que motivó ese impresionante resultado electoral. No imagino si calcularon las consecuencias de una derrota, pero las están viviendo. Pero hay unas lecciones que nos dejó este episodio electoral. Estuve leyendo la entrevista que le hizo al exalcalde Enrique Vásquez mi viejo amigo y gran periodista Alvaro Rodríguez Hernández. Y se queda uno aterrado con la ingenuidad y la torpeza de sus respuestas. Veamos.
Se queja Vásquez de que muchos de sus “amigos” y aliados lo abandonaron. Todos esos lacayos y lambones y sobachaquetas son del Alcalde de turno, del que esté sentado en la silla. ¿O será que Vázquez no se dio cuenta que tanta “lealtad” y “amistad” estaba ligada al cargo y no a él? También se queja Vásquez de que no le consultaron algunas actuaciones y que no le atendieron algunas recomendaciones.
Le pregunto a Vásquez: ¿Será que acudimos a las urnas 128 mil personas para sacar de la Alcaldía a Soto y sus amigos y el Alcalde Gallo va a atender sus recomendaciones? ¿Será que Pereira eligió a Gallo para seguir los consejos de Vázquez?
¡Hombre, por Dios, Vásquez! La política no contiene ni lealtades ni amores. En política usted tiene aliados si los intereses son comunes. Pero ni amores ni lealtades. Como dice el titular, la lealtad de los políticos se iguala al amor de las coperas.
Termino. Asumí en 1981 la Alcaldía de Pereira. Tenía 28 años. Mi discurso corto y claro. Y dije dos cosas:
“No vine a la Alcaldía a que me quieran. ¡Aspiro que me respeten!”
“Tengo amigos que me han acompañado en la vida. Los tendré cerca para que me ayuden a tomar decisiones. No quiero nuevos amigos en la Alcaldía; ¡serán falsos amigos!”
¿Lo tenía claro, verdad?