Es tiempo de ver el legado femenino literario, es tiempo de leer a las mujeres que escriben sobre mujeres.
Por: Elbert Coes
El trabajo literario de la mujer no suele ser el más reconocido, pero en él se halla evidencia de una mayor elegancia frente a la producción masculina. La calidad descriptiva es tan sutil como precisa. La mujer se toma el tiempo y espacio necesarios para construir su texto. No tiene prisa por llegar a determinado lugar; simplemente disfruta la marcha y se regocija en los parajes.
Esto se ve incluso en obras donde, por cuestiones sociales, escritoras como George Eliot (Silas Marner: El tejedor de Raveloe) o Marguerite Yourcenar (Memorias de Adriano) optaron por mimetizarse en algún trabajo, ya narrando como varón, o bien, representando a un personaje masculino. También aquí se percibe la singular elegancia femenina.
Si bien resulta valioso este transgénero literario de mujer a un hombre, es igual destacable cuando un hombre construye un relato desde la visión femenina. Sin embargo, el brío sigue siendo una cualidad loable en las escritoras. Esto es algo que se exige con mayor frecuencia en el mundo literario; que la mujer hable más de sí misma sin abandonar la elegancia con que habla del hombre.
Otras escritoras permanecen neutrales, no al margen de su trabajo sino de sus personajes. Siempre son narradoras omniscientes con una visión extra-género. Lo que importa es contar, de modo objetivo, veraz, crónico. A lo largo de su recorrido literario asumirán el riesgo de denudarse en uno que otro trabajo; pero no será posible decir que su obra tuvo un foco femenino en términos de legado.
Indudablemente, por mucho que la escritora se mimetice, dejará ese rastro de feminidad en su trabajo. No obstante, se requiere una obra intencionada hacia la herencia literaria femenina. Dedicada exclusivamente a la mujer, construida por una mujer. Los hombres anhelan las voces femeninas, quieren conocer, a través de la verdad literaria, sus temores, sus pasiones, su siquis, su mundo interior.
Algunos hombres lo intentaron y lo seguirán haciendo, pero también esto es mimetismo. No es igual expresar el lado femenino de las cosas a que las cosas femeninas se expresen. Las voces, la construcción, los fenómenos y las atmosferas serán distintas, porque los mundos fisiológicos los son, porque el rol social lo es, porque la devoción a otros seres vivos, como a la naturaleza en sí, es diferente para ambos géneros.
Las mujeres, sin duda, también querrán leer a otras mujeres, para arriesgar, para profundizar temas, para competir y compartir. Es tiempo de ver el legado femenino literario, es tiempo de leer a las mujeres que escriben sobre mujeres. Se requieren más Marguerite Duras, y más de El amante en otras tierras, en otras culturas.


