Hago esta claridad porque es muy complejo un proceso de unidad desconociendo la esencia del otro, pero convencidos que se pueden generar grandes conquistas de un movimiento estudiantil vigorizado por la movilización ciudadana…

 

Por Alejandro Mejía Cárdenas

Los procesos ciudadanos y sociales han pasado por momento álgidos y no tan álgidos, muchos de estos movimientos que se organizaron en su momento lograron reversar políticas del Gobierno de turno e inclusive hasta alcanzar conquistas sociales (mejores salarios, derecho a la salud, educación, derecho a la organización, etc..)

Lamentablemente estos procesos no han tenido una permanencia en el tiempo. Algunos recordamos con añoranza lo que fueron los inicios de la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil), el mayor proceso de unidad y resistencia del movimiento estudiantil colombiano de los últimos años que logró frenar la reforma a la ley 30/1992 en el año 2011, donde inclusive se llegó a imaginar sería la versión colombiana de la Confederación Estudiantes de Chile (CONFECH)  que aglutina a todo el estudiantado chileno que combatió el ánimo de lucro en la educación y ha colocado la educación como un debate principal ante los medios de comunicación de su país.

Se recuerda, pero no para quedar en el romanticismo de lo que se pudo lograr sino para retomar esas iniciativas de una gran convergencia que tienen que pasar primero por superar egos y diferencias ideológicas que no dejan avanzar en la batalla contra el neoliberalismo encarnado hoy en Iván Duque.

Ningún sector político o estudiantil en específico va a ser quien salve la educación en Colombia, solo lo será un gran proceso de unidad que ya se está empezando a gestar en este año 2018, pero que debe aprender de los errores del pasado para retomar la consolidación de un gran bloque por la educación desde la secundaria, universidades públicas, privadas, Institutos técnicos, tecnológicos, el SENA, profesores organizados y no organizados, que no se limite solo a una facción sino a todo el conjunto del sistema educativo y construya una política que vea la educación como un derecho que garantizar y no un negocio a explotar (orientación dada desde el TLC con EE.UU, sector servicios)

Tarea para nada fácil pasar de resistir a proponer, pero imprescindible para disputarle a quienes gobiernan la política por lo menos en el sector educativo.

En esto nos acogemos desde el SENA a pesar de ser una entidad en ocasiones peyorizada y minimizada por el movimiento estudiantil universitario que sin querer termina cayendo en el juego de los gobiernos de turno que llevan varias décadas intentando privatizar y socavar la entidad, aplicándole la misma táctica que al desparecido Instituto del Seguro Social: precarizar y entregar la corrupción como excusa perfecta para dejar en manos de privados la entidad. Acabando así con el salario social de los trabajadores; porque eso es lo que significa el SENA, una conquista de los trabajadores.

Por ello hay que comprender que la formación del SENA es diferente a la educación superior, ni mejor ni peor, simplemente distinta y que termina recogiendo a todos esos campesinos y obreros excluidos de la educación superior y fundamental para el desarrollo económico y social de nuestro país.

Por ello la apuesta es a dar cada vez mayores saltos reivindicativos. Hoy exigimos educación pública, gratuita, de calidad y una buena fuente de financiamiento. Fotografía / La Razón

Unidos en el conocimiento

Hago esta claridad porque es muy complejo un proceso de unidad desconociendo la esencia del otro, pero convencidos que se pueden generar grandes conquistas de un movimiento estudiantil vigorizado por la movilización ciudadana, además de recordar cómo a lo largo de la historia los estudiantes han sido la chispa que genera grandes procesos de resistencia y organización con otros sectores sociales como lo fue por ejemplo Mayo del 68. Estudiantes que no solo hablaban de educación, hablaban de paz, rechazo a la guerra, cambios sociales y hasta poner a tambalear el statu quo.

Por ello la apuesta es a dar cada vez mayores saltos reivindicativos. Hoy exigimos educación pública, gratuita, de calidad y una buena fuente de financiamiento, pero también afrontamos una política fiscal, una reforma tributaria disfrazada de política de financiamiento que ataca el bolsillo de las clases populares mientras se favorecen los grandes monopolios y un pequeño sector privilegiado; porque en Colombia se socializa la miseria y se privatiza la riqueza.

Como decía inicialmente, ojalá comprendamos la importancia de la organización y procesos de unidad desde los sectores estudiantiles sindicales, barriales y todo aquel que quiera aportar para democratizar y transformar nuestra sociedad; pero ojalá no solo en esta coyuntura de crisis de la educación superior, que no sea efervescencia de momento, ojalá tenga permanencia en el tiempo y movimientos como el paro cívico de 1977 no se queden solo en la memoria histórica sino que sirva como ejemplo a retomar si de verdad queremos un país más equitativo, democrático, con mayor redistribución de la riqueza y que materialice los derechos ciudadanos y no los vea como unos servicios de los cuales unos cuantos se puedan lucrar.