Hay que tener en cuenta también que, de ese Estado al que tanto reclamamos y lanzamos fuertes ataques verbales, también hacemos parte nosotros.

 

DIANA CAROLINA GOMEZPor: Diana Carolina Gómez Aguilar

Siento un vacío profundo en el pecho cuando pienso en “los niños de la guerra”. La mera frase ya es de por sí una cosa agresiva, incoherente, dolorosa. No debería corresponder a la realidad de ninguna parte del mundo. No debería ser una frase con la cual se ilustra una de las situaciones que se viven en mi país, pero lo es.

De la manera más triste y despiadada, hay niños en la guerra. Niños reclutados, niños hijos de  hombres y mujeres reclutados, niños hijos de reclutadores, niños hijos de hombres y mujeres asesinados por los grupos insurgentes o por el ejército; niños hijos de miembros asesinados del ejército, niños desplazados, niños mutilados por las minas antipersona, niños traumatizados por escenas escabrosas de asesinatos, torturas, escenas del terror sembradas por largos años. Increíblemente hay niños con hambre. Algo que tal vez usted y yo pocas veces hemos sentido.

Niños durmiendo en las calles, trabajando en los semáforos, robando en las noches. Niños con la guerra escrita en sus cuerpos, en sus mentes, en sus traumas, en sus rencores, en sus sueños, en sus cosmovisiones. Niños consumiendo cualquier clase de alucinógeno para escapar de la realidad que no escogieron, de la vida que les tocó llevar como resultado de las decisiones de otros y de la vista gorda de un Estado social de derecho que debería velar por la salud y bienestar de la infancia, pero al que no le alcanza la plata para lograr ese propósito, porque primero está la necesidad latente de llenar los bolsillos y las barrigas de los poderosos.

Hay que tener en cuenta también que, de ese Estado al que tanto reclamamos y lanzamos fuertes ataques verbales, también hacemos parte nosotros. El Estado es una forma de organización y unión social, de la que claramente hace parte un gobierno pero que no es todo: “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de república unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general”, es claro que las cosas en el papel son más bonitas que en la realidad, pero una cosa sí es segura: también somos nosotros sujetos llamados a la acción colectiva.

De manera que esas súplicas nuestras hacia el Estado también son a nosotros mismos como individuos que hacemos parte de una sociedad. Más allá de los malos gobernantes, también somos nosotros los que nos hacemos los de la vista gorda ante muchas realidades.

También es usted haciéndose el de la vista gorda cuando dice SÍ a la guerra desde la tranquilidad y comodidad de su casa. También es usted diciendo SÍ a la guerra cuando nunca le ha tocado ver morir a su familia o perder su casa, o perderlo todo. También es usted diciéndole SÍ a la guerra cuando no es un niño que no tiene posibilidad de votar pero sí debe soportar con su pequeño cuerpo lo que le queda de la guerra, el dolor.