Realmente es inconcebible que comprendiéndose todo esto no se haya buscado, más allá de esfuerzos aislados, interrumpidos  o desarticulados, la manera de implantar en el país esa actitud y gusto por la lectura desde los primeros grados.

Por: José Alberto Medina Molero

La ignorancia envilece y condena al atraso, verdad terrible y cristalina, que no por cierta deja de mostrar sus horrendas secuelas desde los anales de los tiempos. Si Ud. adquiere el hábito de leer por placer y movido por el aliciente de comprender este complejo universo, es supremamente difícil que algún errante vengador de montoneras se adueñe de su destino, tampoco requerirá que un “tuerto” le guíe en el país de los invidentes; comprará de seguro con esa inclinación el pasaporte a su libertad  personal y espiritual.  Desde que el hombre pudo transmitir, a través de signos, las ideas que emanaban de su raciocinio, se estableció ese puente mágico que nos vincula como especie, nutriendo  y ensanchando  la mente.

Realmente es inconcebible que comprendiéndose todo esto no se haya buscado, más allá de esfuerzos aislados, interrumpidos  o desarticulados, la manera de implantar en el país esa actitud y gusto por la lectura desde los primeros grados. En honor a la verdad, esfuerzos y planes ha habido, por ejemplo como el encomiablemente representado por el Banco del Libro, pero sus resultados parciales y minoritarios no han hecho mover los ejes básicos de la estructura deseada. Resulta evidente que en esta materia el esfuerzo  debe ser mucho mayor.     

Hay una realidad que desborda todos estos procesos: buena parte de las personas con estudios superiores en Venezuela no lee por motivación propia, ello es todavía peor entre los  docentes, elementos transmisores de este gusto por los textos, quienes tampoco tienen incorporado el mismo. ¿Cómo puede un ciego guiar a otro? La  bíblica pregunta cobra un especial significado en cuanto a la lectura en Venezuela.

El ensayista y poeta mexicano Juan Domingo Argüelles, apunta: “A mi juicio, más que hablar de la necesidad de propiciar y fomentar un “hábito de la lectura”, sería mucho mejor y más razonable facilitar y promover una “afición” por los libros y la lectura. La afición sí tiene, sin duda, un valor positivo porque se realiza con satisfacción, con gusto, con placer. Cuando de lectura autónoma se trata, si leer es sufrir en vez de gozar, nunca nos aficionaremos a los libros“.

Es posible que para “fomentar esta afición” sea necesario persuadir positivamente a los maestros en formación, sembrando a futuro. Entusiasmarlos con los libros y sus incontables historias en la onda que  apunta el referido ensayista: “como acto libre y como encuentro amoroso”. Todos podemos entender que realizar la arquitectura de un plan tan sutil como este no es nada sencillo, pero grande es el premio en términos de ciudadanos más pensantes, más solidarios y sobre todo más consciente de las enrevesadas implicaciones de este mundo moderno. Una vez aguijoneados con el gusto de leer, tanto docentes como niños no pararán en esta mágica, liberadora y muy lícita adicción. Este es un tema de estadistas, pero también de ciudadanía, es algo que no sólo debe propiciarse desde el ejecutivo, debe ser impulsado desde asociaciones civiles. Un trabajo conjunto, como todo el que se ha dado en otras sociedades para dejar atrás estados de atraso , sumisión e injusticias.

Despojarnos de ataduras, prepararnos para conquistar metas personales y colectivas, viene aparejado con la adquisición de la cultura agregada al leer y meditar, con ese conversar con los pensamientos más acabados del escritor. Si queremos ser un país distinto, libre, democrático, abierto a las corrientes del pensamiento, esta es en definitiva una arista a considerar en adelante.

Jorge Luis Borges dijo una vez que los libros eran la extensión de la imaginación y de la memoria. En eso reside su enorme poder. Con el concurso de ellos podemos edificar el país que nuestra imaginación enriquecida formule. Digamos como el poeta Roberto Santamaría: “¡Tengamos sueños grandiosos! / ¡Vivan grandes aventuras! / ¡Penetren en las locuras de hidalgos caballerosos!”

A diferencia de lo que pensaba el General Gómez: la mucha luz no encandila, orienta. Construir un país moderno pasa por el hecho de que seamos cada vez más una sociedad  que lea,  piense, y tome control de su porvenir.

@jamedina1