El ente rector del fútbol profesional de nuestro país ha estado haciendo jugadas maestras, la última de ellas: amenazar con suspender el torneo de la segunda división por falta de garantías en la seguridad de los estadios.

 

Por Carlos A. Marín

El nuevo Código de Policía obliga a que los clubes contraten seguridad privada en cada partido, esto sin dudas abrió la discusión en Colombia sobre qué tan conveniente es la medida dadas las condiciones de violencia en los escenarios deportivos que albergan fútbol profesional.

La división que orienta el fútbol de la A, la B y la Liga Femenina, no se quedó de brazos cruzados, movió todos sus contactos para reversar la decisión, y parece que sus quejas tuvieron efecto, aunque no por la vía política.   

La Corte Constitucional tumbó el artículo 62 de dicho código. El tribunal argumentó que se debe discutir en el Congreso de la República su viabilidad, pues los derechos de reunión y a seguridad en actividades que involucran aglomeraciones de público complejas se deben cambiar a través de una ley estatutaria, no ordinaria como lo pretende el nuevo código.

Aunque la norma se puede aplicar durante dos años, plazo que dio la CC, es necesario reconocer que la Dimayor metió un gol sin hacer fútbol, pues fue el Observatorio de Intervención Ciudadana Constitucional de la Universidad Libre de Bogotá quien interpuso la demanda. Gracias a esta demanda, para el fútbol como espectáculo público se suavizaron las cosas.

Del otro lado persiste el debate si los clubes como organizaciones privadas deben invertir recursos económicos en la materia, ya que equipos como Nacional, América, Santa Fe, Millonarios, Cali, Medellín, Junior, tienen recaudos en taquilla superiores a los $ 400.000.000. Atlético Nacional por ejemplo, llevó al Campín el público suficiente para el recaudo aproximado de $ 1.000 millones en el juego ante La Equidad, válido por la sexta fecha de la Liga I- 2017.

Sin embargo, del otro lado están los equipos jóvenes o con problemas económicos, que no cumplen con una asistencia mínima de dos mil espectadores por encuentro. A estos, la Dimayor debería subsidiarlos en el tema de logística cuando los compromisos sean clase B, es decir, controlar con un sistema de seguridad contratado, compromisos que no se consideran un riesgo para los ciudadanos.

Deportivo Pereira, en este caso, semanas atrás solicitó ayuda a la administración municipal en el pago del arrendamiento del estadio Hernán Ramírez Villegas. En el mes de febrero tuvo pérdidas acumuladas por un costo superior a los 50 millones de pesos, algo que refleja la realidad financiera de varios equipos de la B.

Otro gol que pretende meter la Dimayor tiene que ver con los periodistas, quienes deberán nombrar a los patrocinadores en sus respectivos cubrimientos. Ejemplo: La Liga Colombiana, deberá ser referenciada como Liga Águila, el Torneo de Ascenso, como Torneo Águila y la Copa Colombia, como Copa Águila, todo esto para efectos de patrocinio. Medios de comunicación que no cumplan serán señalados por el oficial de prensa, una nueva figura que se incorpora para darle cabal cumplimiento a una exigencia que estaba desde antes, pero que ahora se tendrá que cumplir para poder acceder al cubrimiento de los eventos deportivos, de lo contrario se podría retener la acreditación. ¡Qué cosas!, hay dinero para oficiales de prensa, pero no para contratar miembros de seguridad privada.

La figura de oficial de prensa ejercerá pues una presión para que esto ocurra, y suena desconcertante, se estaría atentando contra la libertad de expresión.

Hace apenas unos días un camarógrafo de noticias RCN televisión tuvo complicaciones al momento de ingresar al estadio durante un compromiso del onceno pereirano. Al mismo tiempo que un aficionado fue señalado por el oficial de prensa de transmitir por Facebook Live el partido.

Suena paradójico que la Dimayor reclame al Estado la seguridad pública, pero que exija a los periodistas a través de un oficial de prensa hacer publicidad de los patrocinadores del Fútbol Profesional Colombiano, diciendo con el gesto: esto es un evento privado.

Finalmente se entiende que Jorge Perdomo se fue a Europa para aprender sobre procesos logísticos en clubes del viejo continente, hacer alianzas y traer noticias positivas para el fútbol nuestro; pero se le olvidó pasar por Inglaterra, para aprender de la seguridad de la Premier League, una liga que pasó de tener 500 a 50 policías al interior de los escenarios

Está bien que Perdomo se traiga buenas ideas del otro lado del mar, lo que no causa buenas sensaciones es que solo ponga en práctica las que le convienen a la Dimayor. Está aprendiendo demasiado de la FIFA.