KEVIN MARÍN (provisional)«Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: ‘Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables; vinieron juntos, juntos deben partir’. ¡Ah! Lo espero con impaciencia».

Por: Kevin Marín

Seguramente por el título que le doy a este artículo muchos creerán que me equivoco al pretender que Mark Twain estuviera en contra de las pseudociencias, vendedores de verdades enmascaradas y otros mecanismo resbaladizos; y sin embargo en un primer intento esta acusación parece verdadera cuando recordamos que Twain predijo que así como nació con la llegada en 1835 del Cometa Halley, también se iría con él.

Un hecho, por decir lo menos, muy romántico. Aunque cabe recordar que es el único cometa que posiblemente un ser humano puede ver dos veces en su vida. Algunas personas arguyen otras razones para considerarlo supersticioso u oscurantista: perteneció a la orden presbiteriana y posteriormente se unió a la secta de la francmasonería. Sin embargo, creo que todas estas acusaciones son, en cierta medida, algo falsas. El asunto del presbiterianismo fue un hecho familiar; común a la realidad de muchos de nosotros que nacemos en una familia que practicaba X o Y religión, correspondientes a barreras geográficas y culturales, etcétera. La francmasonería me parece un asunto similar, aunque Twain se afilió a ésta cuando ya contaba con más de treinta años, se retiró después de recibir el más alto grado (Maestro) muchos años antes de su muerte.

¿Por qué, entonces, perteneció a ella? Para nadie es un secreto que muchas de las creencias místicas que recibimos durante nuestra infancia difícilmente pueden ser borradas después, y esto es precisamente lo que le pasó a Mark. Es bueno aclarar que estas situaciones no sólo ocurren en un ámbito familiar o infantil, sino también intelectual: estaba tan arraigada la noción de que los planetas tenían órbitas circulares y todo correspondía a un diseño “perfecto” de muñequita rusa que Johannes Kepler no podía despegarse de sus viejos hábitos mentales, incluso después de advertir que los movimientos eran elípticos. 

Es notorio señalar que incluso durante los periodos religiosos que Twain llevó, siempre mostró un carácter escéptico, hasta el punto de  mostrarse en los límites de la rebeldía. Frases como «Si Cristo estuviera aquí ahora, hay una cosa que no sería: cristiano» o «La fe es creer lo que sabes que no es» son ilustrativas. El misterioso extranjero es un libro profundamente antirreligioso que contrastaba con su idea de que “Dios había creado el mundo con todas sus torturas por algún otro propósito propio, pero era indiferente respecto a la humanidad, que era demasiado insignificante para merecer su atención”. Estas contradicciones son siempre previsibles en la obra de cualquier humanista. O si se prefiere, en las dudas que todos llegamos a tener. Y son estos contrastes los que me permiten definir a Twain como un hombre escéptico, inconforme y liberal. El dogma no hubiera permitido este tipo de opiniones, menos de un hombre famoso y con gran estatus social que facilitara el trabajo de divulgación a través de sus libros y artículos periodísticos. Incluso, en sus mal llamados libros infantiles, es posible encontrar fuertes ataques -escondidos bajo la manta de la ficción- a la superstición. Ante Tom Canty, el rey impostor, son presentados varios individuos que van a morir víctimas de un mundo oscurantista. Echémosle un vistazo a Príncipe y Mendigo:

“(…) -¿Qué es lo que han hecho éstas?- , preguntó el alguacil

-Se les acusa, señor, de un crimen atroz y probado, por lo cual los jueces han decretado, con arreglo de la ley, que sean ahorcadas. Se han vendido al diablo. Tal es su delito.

(…)

-Explícamelo, ¿cómo y cuándo?

 -(…)En primer lugar está demostrado que, por el perverso poder que así obtuvieron, invocaron y provocaron una tormenta, que devastó toda la comarca. Cuarenta testigos han declarado que hubo tormenta, y con facilidad se habrían podido encontrar mil, pues nadie las hubiera olvidado, ya que padecieron sus efectos.”

Después de que se descubre que la pobre acusada de vender su alma al diablo y causar tormentas fue también víctima de una de ellas, el asunto cambia. Continúan unos párrafos donde se discute las excepciones que tiene el diablo respecto a las leyes inglesas y el rey, Tom Canty, animado por el fabuloso método de la comprobación y observación le pidió que causara una de sus temibles catástrofes desprendiéndose de uno de sus calcetines. Adivinen qué pasó: ¡nada!

Del mismo modo, Twain estuvo muy concentrado en las actividades científicas de su época, fue gran amigo de Nicolás Tesla (una foto épica en el laboratorio de éste lo confirma) y Thomas Alva Edison alguna vez dijo que “un norteamericano ama a su familia. Si le sobra espacio para amar a otra persona por lo general escoge a Mark Twain”.  La compositora Paige, la mejora de correas ajustables y desmontables para la ropa, un libro de fotos autoadhesivas, son inventos suyos que, no está mal decirlo, casi lo llevan a la ruina. Bajo el influjo del progresismo concibió también en literatura el género de la ciencia ficción; prueba de ello es Un yanqui en la corte del rey Arturo. En el pequeño prólogo de este libro es también visible un desagrado por las inhóspitas y absurdas épocas del pasado con sus leyes y decretos oscurantistas.

El genial Mark Twain sigue siendo leído y recordado en la memoria de los hombres cien años después de su muerte; su vida, sus visiones tempranas contradictorias, una pulcra obra literaria, su humorismo sarcástico son los responsables de ello. Siendo así que sus supuestas creencias irracionales poco importan comparadas con el fuerte caparazón de progresismo que cubrió sus páginas y vida.