Sin saberlo, el alcalde Maya es desbordado por ciertos conceptos. Algún pensador podría decir que no es él quien habla, sino el lenguaje totalitario de esta época quien se pronuncia; ciertas personas se convierten en títeres de las ideas, no son ellos quienes hablan, son hablados por los conceptos.
Escribe/ Christian Camilo Galeano Benjumea – Ilustra / Stella Maris
El alcalde de la ciudad de Pereira, Carlos Maya, brilló al finalizar el año 2021, primero, por los retrasos que tuvo el alumbrado público de la ciudad, circulando fotos en redes sociales que se han convertido en el hazme reír de los internautas; segundo, por unas declaraciones donde autorizaba “dar de baja” a los delincuentes que se resistan a la autoridad.
De la ejecución del contrato de alumbrado navideño, sale a la luz la falta de control y vigilancia sobre un contrato de 3.133 millones de pesos, ¡un aguinaldo navideño para la ciudad! Ante lo evidente del retraso en la ejecución del proyecto, el alcalde salió en una rueda de prensa a dar parte de tranquilidad y asegurar que los contratistas pagarían por las demoras. De la rudeza con la que se expresó quedan muchas dudas: ¿cuáles son los mecanismos que tiene la alcaldía para vigilar la ejecución de este tipo de contratos?, ¿la ciudad tiene otros proyectos con retrasos y cuánto le cuestan a la ciudadanía? Algunas de las preguntas surgen cuando estamos despidiendo las fiestas navideñas, porque -infortunadamente- durante estas festividades es donde menos control se hace de cualquier contrato público, y esto se puede traducir en contratos a medio ejecutar, dineros públicos perdidos, todo un festín para la politiquería local.
Por otra parte, vimos como Maya a lo largo del año 2021, con un tufo antidemocrático, realizar declaraciones que incitaban a la violencia. El primer antecedente de estos actos de habla del alcalde se da en el marco del paro nacional, donde invitó a la conformación de un “frente común” para recuperar el orden y la seguridad de la ciudad; después vinieron las muertes de manifestantes. Y hace algunas semanas autorizó a la fuerza pública a “dar de baja” a los delincuentes que se resistan a la autoridad. Pareciera que al burgomaestre se le olvida que en Colombia la pena de muerte, jurídicamente, está prohibida.
Este tipo de declaraciones descubren esas zonas grises donde puede actuar la policía por encima de la norma para preservar el orden y afirmar su poder. En el papel, un mal procedimiento como suele llamarse en el argot policial a un hecho que está por fuera de la norma como el uso excesivo de la fuerza o el irrespeto por los derechos humanos, es condenado por la institucionalidad. Sin embargo, en la cotidianidad, estos hechos suelen ser aceptados y ocultados con un silencio cómplice, a esta práctica Agamben denomina estado de excepción. El giro conceptual que ocurre con las declaraciones de Maya es que alumbra y legitima una práctica terrorífica: la institucionalidad dando de baja a quien se resista, es decir, avalando la pena de muerte como práctica policial.
Sin saberlo, el alcalde de la ciudad es desbordado por ciertos conceptos. Algún pensador podría decir que no es él quien habla, sino el lenguaje totalitario de esta época quien se pronuncia: ciertas personas se convierten en títeres de las ideas, no son ellos quienes hablan, son hablados por los conceptos.
El planteamiento de Maya, donde sin velos ni retóricas, se puede actuar de manera libre para dar de baja a quien no se somete a los mandatos de la ley, termina por convertirse en el sueño de toda sociedad totalitaria. Hoy puede ser un delincuente, mañana un manifestante, la próxima semana un ciudadano enardecido que reproche un mal procedimiento. Si se resiste al mandato de la norma, esta puede “darle de baja” para preservar el orden. Las declaraciones del alcalde Maya son el mejor alumbrado de la ciudad.
Por otra parte, el alcalde en su rendición de cuentas del 2021, anunció con orgullo que se implementarán cámaras de reconocimiento facial para aumentar la seguridad de la ciudad, todos los asistentes aplaudieron. Sin embargo, como lo mostró una investigación del portal Vice, este tipo de tecnología tiene un sesgo en el reconocimiento biométrico que asocia cierto tipo de comunidades con la delincuencia.
El estudio hace un rastreo de los casos en que se han equivocado las cámaras de seguridad en la detección de posibles delincuentes y los problemas que esto ha traído sobre las personas. Como el caso de una mujer que fue retenida por sospecha de estafa en Argentina, pero resultó ser una empleada doméstica. Como este caso, son muchos otros en que las cámaras de vigilancia con reconocimiento facial indican que una persona es un delincuente; sin embargo, no pasa de ser una persona normal que solo por su color de piel o rasgos faciales fue tomado por un criminal, haciéndolo pasar un mal rato con la policía.
¿Por qué sucede esto? Es importante reconocer, como lo hace el artículo, que la tecnología no es perfecta, incluso llega a materializar los sesgos y prejuicios de los programadores. En el caso de las mujeres afro, los algoritmos de vigilancia y reconocimiento suelen equivocarse un 35%, en cambio si se compara con el porcentaje de error con los hombres blancos es solo el 0.8%, ¡se es un delincuente solo por el color de piel! Estos datos terminan por ser alarmantes porque muestran cómo los prejuicios se siguen reproduciendo a través de los avances de la tecnología.
Un simple error en el algoritmo puede llevar a una persona a enfrentarse a todo un aparato judicial y policial que está convencido de la efectividad de las cámaras de vigilancia. Cualquier persona que entre en el espectro de sospechosos, fácilmente puede pasar unas malas horas en una estación de policía explicando que no es ningún delincuente, que solo pasaba por la plaza o que solo iba a comprar algo al centro. Este sesgo tiende a dar continuidad a las formas de desprecio sobre grupos de personas que tradicionalmente se han asociado con la delincuencia o la pobreza. ¡Madre mía! ni la tecnología nos salva del mal del racismo.
De acuerdo a los investigadores, la implementación de cámaras de vigilancia con reconocimiento facial, puede poner en riesgo los derechos humanos de los ciudadanos. La implementación sin consulta con la ciudadanía de cuáles son los parámetros bajo los cuales funcionará, sirve para que los gobiernos locales implementen de mala fe formas de vigilancia sobre las personas. Entonces si no se discute la modalidad de operación de estas cámaras de vigilancia, lo más probable es que afiancen prácticas de discriminación y violencia sobre la ciudadanía.
Aquí vale la pena preguntarle al alcalde Maya, ¿cuáles serán los parámetros bajo los que se implementarán estas tecnologías?, ¿cómo garantizar la reducción de sesgos de tipo racistas?, ¿cómo garantizar que estas cámaras no sirvan para construir falsos positivos judiciales? ¿quién vigilará a quienes nos vigilan? La necesidad de mejorar la seguridad de la ciudad no puede dar pie a aceptar tecnologías que continúen con formas de desprecio sobre la ciudadanía.
Son varias las zonas oscuras de la ciudad, calles donde no hay una luz que ilumine el camino de los transeúntes, donde puede ocultarse el riesgo de toparse con un delincuente o con una institucionalidad delirante. Porque por una parte se mantiene en la práctica del poco control y vigilancia sobre la ejecución de los dineros públicos, como es el caso del alumbrado navideño, dejando a la ciudad con un sinsabor durante estas festividades. Y, por otro lado, sus declaraciones alrededor de la seguridad de la ciudad, suelen oscurecer aún más el panorama local, ya que legitima la violencia institucional y no hay claridad sobre las nuevas formas de vigilancia que se implementaran. Maya, el Alumbrado, oscurece la ciudad
Adenda: Las elecciones al senado ya arrancaron, y la cantidad de vallas publicitarias empieza a inundar la ciudad, con sus rostros sonrientes y eslogan de campañas. Ya vendrán algunas columnas que analicen algunas de estas campañas para contribuir al precario debate político local.
@christian.1090


