MARGARITA CALLE-1Devolverles a los jóvenes la confianza en el presente y orientarlos para reinventar su futuro es la tarea más difícil que debemos asumir los maestros

Por: Margarita Calle

Por segunda ocasión la Universidad Tecnológica de Pereira recibe del Ministerio de Educación Nacional la acreditación institucional, que la reconoce como un centro de educación superior de alta calidad y la ubica al nivel de las mejores universidades del país. El logro no es de poca monta, pues significa que a lo largo de los siete años que tuvo vigencia la primera acreditación, la Universidad cumplió plenamente con los planes de mejoramiento que le trazó el Ministerio y avanzó en la proyección de su liderazgo académico, investigativo y social en la región y el país.

No obstante el respaldo que representa esta acreditación y el sentido que tiene para quienes integramos la comunidad académica de la UTP, el panorama de la educación al que nos enfrentamos día a día no deja de ser altamente complejo y demandante. Los profesores de hoy estamos abocados a trabajar con una multitud de jóvenes desolados y sin referentes, que han perdido la confianza en el Estado, en las políticas públicas y en las instituciones que los representan, porque han sido testigos directos de las prácticas dañinas, desplegadas desde diferentes frentes, que han contribuido a socavar las bases de la sociedad en la que vivimos. ¿En qué creer cuando todo es relativizado por el político de turno?, ¿para qué estudiar cuando la formación termina convirtiéndose en un impedimento para satisfacer los estándares del mercado laboral? Son preguntas reiteradas por los estudiantes en las aulas de clase.

Devolverles a los jóvenes la confianza en el presente y orientarlos para reinventar su futuro es la tarea más difícil que debemos asumir los maestros, pues como señala el célebre pensador Zygmun Bauman, la cultura que nos ha tocado vivir “ya no es una cultura de aprendizaje, es, sobre todo, una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”.

Las afugias económicas, sumadas a las presiones de un sistema que siempre se pregunta por la utilidad del conocimiento, han llevado a nuestra Universidad a idear formas alternativas de generar recursos para mantenerse a flote: autofinanciación de posgrados y algunos pregrados, mercadeo de espacios, venta de servicios, etc. Sin embargo, más allá de las críticas que este modelo genera, quienes participamos de muchos de los procesos que lidera la Universidad lo hacemos a partir de principios de actuación que privilegian la alteridad y el saber, desdibujando con nuestra propia práctica esa idea tan generalizada en esta época de que “el conocimiento es una mercancía” o que el conocimiento “se ha fundido en el molde de la mercancía”, como lo apunta Bauman.

En el panorama de las universidades acreditadas de Colombia, la UTP tiene la doble ventaja de estar entre las más jóvenes y de tener las condiciones para desarrollar un proyecto formativo de impacto, que sea capaz de entregarle a sus estudiantes las herramientas necesarias para vivir plenamente, a pesar de la realidad tan convulsa y los tiempos tan inciertos que les tocará enfrentar. Hoy, cuando Pereira conmemora sus 150 años de vida oficial, la reacreditación de su única Universidad pública se convierte en una de las mejores oportunidades para que el imaginario de los ciudadanos resignifique el sentido de la relación entre progreso, educación y desarrollo, reconociéndole a la UTP el lugar protagónico que le corresponde en este escenario.