Es sólo un pacto, con todas las limitaciones de los asuntos humanos, firmado por dos partes en conflicto que han aceptado cambiar el enfrentamiento armado por el debate político para desarrollar sus visiones del Estado y del gobierno

Ivan Rodrigo GarcíaPor Iván Rodrigo García Palacios

Ni Santos ni Uribe. Ese no es ni el motivo ni el asunto del plebiscito tal y como le están ordenando algunas personas al resto de los colombianos de como deben asumir su posición al momento de votar, cuando de lo que se trata es de estar o no de acuerdo con lo pactado entre el gobierno y las FARC-EP, ese acuerdo mediante el cual ese ejército subversivo se compromete a abandonar la lucha armada que ha sostenido por más de cincuenta años contra el gobierno colombiano con el fin de tomarse el poder.

No se trata ni de Santos ni de Uribe, así como tampoco del paraíso de paz y armonía ni el infierno de otro régimen dictatorial. Es sólo un pacto, con todas las limitaciones de los asuntos humanos, firmado por dos partes en conflicto que han aceptado cambiar el enfrentamiento armado por el debate político para desarrollar sus visiones del Estado y del gobierno y de las formas de ejercer el poder político a partir de unas condiciones sociales, políticas y económicas que beneficien a todos los colombianos y no sólo a unos pocos.

Y, además, no se trata ni de una venganza ni de una rendición incondicional. Todo esto no es otra cosa que política, o sea, de las formas del gobierno y de la existencia de las comunidades sociales. Todo lo demás son las consecuencia de cómo cada cual quiera vivir en sociedad.

Por mi parte, pienso y así actuaré, que lo que se define no son las preferencias personales por Santos o por Uribe, sino, y eso es lo verdaderamente importante, lo que vamos a elegir son las consecuencias de que se acepte o se rechace el acuerdo de paz. Y allá cada cual.