MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINAEl zoo colombiano se ha nutrido y es necesario empezar a hacer la nueva clasificación de tan alardes especies. Vamos todos a nuestro zoo santuario…

Por: Miguel Angel Rubio Ospina

Que en este país no cuidamos ni preservamos la fauna, mentira, mil veces mentira. Colombia podría preciarse de tener el zoológico más grande y variado del mundo, incluso de mayor tamaño en área que el de Nueva York o Barcelona. Solo es caminar por el centro antiguo de Bogotá y al llegar a la Plaza de Bolívar dejar por un minuto de observar palomitas cagándose en el bulto del libertador, para observar majestuoso el santuario de fauna más grande, si no del mundo, por lo menos sí de Colombia.

Nuestro safari empieza por el capitolio; allí encierran la especie animal más silvestre de Colombia, el Senaadorus picardis, una especie de hiena que roe presupuestos anuales en coaliciones de a 20 a 30, que se identifican por colores de diversos clanes primitivos; esta especie regularmente es escogida una vez per secula seculorum, y muere vitaliciamente royendo presupuestos, se dice que tal actividad practicada durante tantísimos años atrofia otras funciones para las cuales es llevado dicho animal a su cubículo en el gran zoo. Una muestra plausible de ello es el recientemente fallecido fósil (¿un fósil fallecido?) Renanis Barcus, célebre por mantenerse más de 40 años en el zoosantuario, royendo presupuestos y devorando por la cabeza a todo el que intentara morderle la presa.

Pero no hablemos de fósiles, vengamos más cerca dado que este santuario siempre está dando novedades aunque no parezca. Qué me dicen ustedes del Gerlenieis costeñicus, célebre animal cuyos apetitos excrementicios le descomponen su digestión, y que cuando habla, regularmente no está en sus cabales. O que tal el Navas Talerus, animal en el que predomina una barba blanca y que se mueve tratando de arrebatar, mediante pruebas jurídicas, pedazos de presupuesto de otros cuyos apetitos son insaciables.

Además se encuentra por ejemplo el Bennedettis trepanae, célebre primate de la familia uribica-santae  que suele ponerse delante del rey del zoo para protegerlo casi siempre del ataque alevoso de varios animales, como por ejemplo el Robledicus cabeciblanco animal de garras filosas y mirada intimidatoria, que regularmente solo ladra pero no ataca, y asusta mucho, o el Borjus sombreron, de la misma familia, que se identifica porque en sus ataques se parece mucho al lagarto de gorguera, solo que este lleva la suya en la cabeza en forma de sombrero gardeliano. Uno muy particular, y que hoy ostenta el título de rey del santuario, es el Roy lagarticus barerr, modalidad de lagarto sin escamas, que ostenta su poder mediante burocracias, mediadas por el Ordoñae camandulis, quien ha sabido acomodar miembros del clan barerr en las jaulas  de la procuraduría nacional.

También existen algunas especies de género femenino muy sobresalientes, por ejemplo la Pietis Cordobae, osada especie que se dedica a rescatar cachorros perdidos en la selva, corriendo el riesgo de ser ejecutada en cualquier momento, hoy corriendo la suerte del exilio político. El Cecilicus lopez, célebre orangunatinda errabunda, cuya melena es inconfundible. Bueno y están los cetáceos, por supuesto que el mar da lo suyo también, por ejemplo los delfines de la familia Gaviriae o Galanicus que se identifican porque regularmente no pueden acceder sin ayuda de sus padres a la llamada partida presupuestal alimentaria que abunda en dicho santuario… por ejemplo en el Simon Gaviris,  se ha identificado  un problema severo de dislexia, o incapacidad para leer, que le ha hecho someterse a terapias para corregir dicha enfermedad.

El safari continúa, una cuadra atrás está el gallinero de dicho zoo, donde habita el Jun Santos, ave de rapiña cruzada con faisán, que arrasa con todo el que no le dé notariacis, alimento predilecto. Y que comparte  celda con el Garzon  Angelinus, animal que se identifica por que en su mandíbula superior le cabe… toda la patria.

A esta ave de común especie en Colombia se la ve últimamente cuidando tres huevitos que heredó, de una especie en vía de extinción, el Alvaris Uberricae, que parecieran ser la última prueba de que aún no se extingue. La acompañan otras de corto vuelo pero larga espuela, como el extraño batracio mitad lagarto mitad Chowaca o vaca -aún no se sabe-, cuya función principal es acechar a todos los demás animales del capitolio y rumiar partidas presupuestales con ellos y aunque este no es del todo un ave si tiene parentesco directo con un Fiscalius Velocipedus, cuyas velocidades alcanzadas en una cuatrimoto lo puso en contrapeso con la velocidad de cualquier avestruz subsahariana.

El zoo colombiano se ha nutrido y es necesario empezar a hacer la nueva clasificación de tan aclamadas especies. Vamos todos a nuestro zoo santuario… llevar pliegos, contratos y votos, pues estos animales suelen pegarse de las rejas, como los titís de los zoológicos normales, a la espera de quien les tira chitos, solo que estos aguardan  con la mano estirada un contratito, un puesto, un escritorio.