Como lo previó Toni Negri, está multitud es una fuerza creadora en lo positivo… y destructora si se manipula con información transgénica.

 

DIEGO FIRMIANO

Por. Diego Firmiano

A medida que crece el índice poblacional, crecen también las leyes ajustadas a fines ciudadanos. Parece lo más obvio.  Pero no. Esto obedece a fines más pragmáticos que naturales, ya que la élite gobernante, si acaso no los teóricos sociales, se han dado cuenta que el nuevo sujeto político es la multitud, y la forma conveniente de controlar este multitud, es legislando de forma general sobre lo que antes era una cuestión privado: la droga, el sexo, la ecología, el aborto, la homosexualidad, los animales, etc.

El término pueblo, demos, como identidad colectiva, tiende a desaparecer en el discurso moderno con la decadencia de los estados-nación y la aparición de las “democracias cosmopolitas”. Ya no se puede hablar de fronteras, sino de ciudades descentralizadas, personas dispersas en diferentes geografías, ciudadanos globales y multitudes, que como afirman los sociólogos Toni Negri y Michael Hardt, es un conjunto heterogéneo de individuos que se reconocen por la combinación social de aptitudes individuales.

Aunque filósofos como Ernesto Laclau, y Chantal Mouffe rechazan esta nueva definición de sujeto político, y proponen recuperar el concepto de pueblo como una identidad colectiva vigente. Un pueblo –según ellos-, que debe existir no como proyecto político sino como un sujeto que debe reconocer la función mediadora y benefactora del Estado.  El error de este postulado tradicional, es  que ignora totalmente el poder e influencia del  “populismo”,  que actúa como una fuerza ciega y azarosa.

Ahora, lo que refrena este nuevo sujeto, o lo que lo mantiene a raya, es la severidad de las leyes de cada país, las relaciones sociales capitalistas y la canalización de esa “fuerza creadora y creativa”, por medio de las incipientes tecnologías de comunicación. Toni Negri, lo explica mejor, agregando que está multitud es una fuerza creadora en lo positivo, o mejor, si usa esas mismas herramientas TICs que la controlan, para cambiar estructuras de opresión, dictaduras y/o promover reformas sociales, como las de Túnez, Ferguson, o la nueva conciencia animal.

Y  destructora en lo negativo, si se manipula con información transgénica, caso, el surgimiento de ISIS, que en cierta manera es una organización que aprovecha el poder de ese nuevo sujeto, la multitud, además de ser una especie de estado político sin geografía y con relaciones económicas poderosas que transciende límites y culturas.

De ahí que la nación-estado se arrogue el monopolio de la comunicación y ceda ante las nuevas legislaciones como despenalización del aborto, eutanasia, adopción y matrimonio gay, inclusión social, reformas migratorias, drogas, etc, con fines de control. Este nuevo sujeto político contiene una fuerza tácita mayor que la del pueblo, prole, masa, términos tan manoseados por el marxismo y aminorados por el discurso estatal. Como bien dijo Max Weber: todo estado se funda en la violencia. Es cierto. Pero también toda revolución será posible,  por el poder de la multitud.