En los próximos días se conocerá la decisión de los colombianos sobre el Acuerdo Final y su posible refrendación; los periodistas a través de sus casas editoriales han jugado un papel fundamental que incidirá en el resultado.

 

carlos marinPor: Carlos A. Marín

En la cronología de las negociaciones todo se materializó en La Habana, Cuba, hace cuatro años. Fue el 18 de octubre del 2012 cuando los colombianos a través de los canales privados Caracol TV y RCN TV conocieron los nombres de los primeros negociadores. Un día después los medios impresos como el Espectador, El Tiempo, El Colombiano, ofrecieron más detalles acerca de aquellos hombres: los perfiles, recorrido, y hasta análisis del porqué de su presencia en la mesa de negociación.

Desde aquél momento hasta la fecha, la rigurosidad en la búsqueda de información ha sido vital en el ejercicio de los comunicadores sociales, el propósito de informar de manera oportuna y veraz respecto a los acontecimientos de la isla tuvieron impacto incluso sobre cómo se desarrollaron las negociaciones. Pese al silencio que en ciertos momentos aturdió a los expertos, oposición y ciudadanía, siempre se conocieron los puntos acordados en La Habana. Fue así como los periodistas influyeron de manera positiva para que de este lado la ignorancia no reinara.

Sin embargo, sí hay que poner en duda un momento crucial en todo el proceso, han sido las semanas antes previas a la publicación del Acuerdo Final. Las especulaciones desde todos los frentes se hicieron evidentes, y fue el momento propicio para que la oposición, representada por el Centro Democrático y su cabecilla, Álvaro Uribe Vélez, utilizara de manera conveniente las columnas de opinión y los artículos noticiosos aventurados a explicar los puntos de los acuerdos.

Fue este momento la apertura de la precampaña ilegal hacia el plebiscito; en el cual se desconocieron datos exactos, cifras, fechas, y elementos cruciales que ya estaban consignados en las 297 páginas que componen el libro final. El desconocimiento fue ‘papayita’ para los impulsores del NO.

Tuve que leer con sorpresa medios como El Tiempo, el cual se aventuró a informar sobre 20 zonas veredales, y después en el mismo impreso, aludir a 23, llegando a incomodar al lector al no tener la información exacta; esto, claro, manejado por diferentes periodistas.

Luego El Espectador acudió al mismo recurso para justificar la inmediatez y lo que llamamos actualidad temática, señalando datos dudosos y acomodándose a imprecisiones como que el documento tenía 200 páginas; sin embargo fue el medio que menos incurrió en errores producto de la inmediatez.

El Colombiano no estuvo lejos de dicha realidad, siendo el tercer diario más leído por los colombianos, y el más importante en Antioquia, decidió no quedarse atrás, arrojando cifras aproximadas sobre el dinero que recibirán los guerrilleros una vez se desmovilicen y salgan de las zonas veredales.

Esto no sería incómodo para los lectores, pues el tratamiento de las cifras reales no oficialistas es una verdadera falencia para los redactores en secciones políticas, educativas y económicas de los principales periódicos del país. Lo que realmente los dejó mal parados es que estos datos, información errónea, finalmente se contrastó con el documento de 297 páginas, con la dura realidad que decenas de simpatizantes del NO aún están utilizando la información publicada por los medios de comunicación y no la manifiesta en el Acuerdo Final.

Es entonces cuando medimos la responsabilidad que tienen los medios y sus colaboradores en la entrega final del producto informativo que en este caso servirá para moldear opiniones y ratificar posiciones.

Es de resaltar a través de este artículo el trabajo de El Colombiano, cuyo medio desmenuzó punto por punto los seis que contiene el documento, lo explicó en seis ediciones e invitó a simpatizantes y detractores de cada a uno a expresar sus apreciaciones, aunque ha sido un periódico muy cuidadoso respecto a su posición final, a veces crítico, a veces dudoso.

El Tiempo, por su parte, se encargó y todavía se encarga de masificar la información acerca de los acuerdos, el postconflicto y su contexto, con numerosas  publicaciones, lo que hace llamativo buscar sus ediciones para empaparse, así sea de datos inexactos.

El Espectador por tanto sigue siendo muy cuidadoso, a veces parece que es el niño juicioso del periodismo colombiano; sin embargo, esto le juega en contra puesto que puede pasar por desinterés el reducido número de publicaciones que dedica al contexto de los acuerdos. Aunque yendo a nivel interpretativo más profundo, no publica tanta información de los acuerdos; pero sí lo hace de otras realidades que están hoy en la agenda temática nacional y lo hace con un nivel de rigurosidad alto.

No fue gratis que Jorge Cardona haya sido seleccionado como el ganador al ‘Premio Clemente Manuel Zabala’ por su trabajo ejemplar como editor de El Espectador, pues es en este tipo de reconocimientos donde se aplaude el ejercicio serio, responsable y con sentido social que, ante las cuentas claras, hacen ver bien al periodismo colombiano.

En conclusión, no podemos desligar el papel de los medios y sus periodistas en la campaña de plebiscito; se considera influyente y más que ello, determinante. Veremos después la necesidad de un ejercicio periodístico transformador en el posconflicto.

No me puedo quedar sin mencionar al CNE (Consejo Nacional Electoral), el cual fue abucheado a través de diversas editoriales y un sin número de columnistas por sus exagerados requerimientos a los medios, llegando hasta el perverso punto de meterse en los asuntos de comité editorial en las salas de redacción. En el CNE saben que sus requisitos no se cumplirán, porque el grito de auxilio fue escuchado hasta por organizaciones internacionales que abogan por el libre ejercicio de informar, y por ello, la libertad de expresión.