¿Tiene que hablarse de ética en la enseñanza media? Desde luego, me parece nefasto que haya una asignatura así denominada que se presente como alternativa a la hora de adoctrinamiento religioso. La pobre ética no ha venido al mundo para dedicarse a apuntalar ni a sustituir catecismos… por lo menos no debiera a estas alturas del siglo XX.

Fernando Savater  

 

MIGUEL ÁNGEL RUBIOPor: Miguel Ángel Rubio Ospina

Los acontecimientos ocurridos en los últimos días en el país y sobre todo, la violación y asesinato de la niña Yuliana Samboní en Bogotá, según todo indica a manos del arquitecto Rafael Uribe Noguera, y los muchos otros que escapan a mi memoria contra mujeres y niños, nos devuelven, o más bien me devuelven a mí (del resto de mortales que habitan este país no me consta), a las recientes declaraciones del señor Manuel Vicente Duque, alcalde de Cartagena de Indias, para el periodo 2016-2019, sobre la utilidad de la filosofía en el currículo educativo colombiano; el cual es prescindible, según él, pues lo que los muchachos necesitan son herramientas laborales para “rebuscársela en la calle”.

En este sentido la pregunta toma hoy más importancia que nunca, pues el político en cuestión, egresado de la Externado y del colegio Salesiano San Pedro Claver, es decir, perteneciente a la clase alta aristocrática de esa Cartagena que solo sobrevive en el Corralito de Piedra, el Cerro de la Popa sus playas y la ciudad histórica, que es sede de cumbres presidenciales y acoge a los huéspedes ilustres, digo, este político, niega como los otrora mandatarios la existencia de una Cartagena Suburbial que pervive por fuera de lo que muestran los planes turísticos.  Recordemos que el señor Guillermo Prieto, conocido por el sobrenombre de Pirry, fue declarado persona non grata por la clase dirigente de esa ciudad, al atreverse en un ejercicio periodístico admirable a mostrar la otra cara de la moneda.

Decía, para no desviarme más del tema que motiva esta columna, que la pregunta o afirmación del señor Duque adquiere hoy más validez que nunca. La Filosofía, esa aspiración de Platón en su Banquete, esa pregunta capciosa de Sócrates, esa deliberación metafísica de Aristóteles, ese dilema pecaminoso del primer San Agustín, ese estructura rígida de Santo Tomás, esa Duda Metódica de Descartes, ese Dios presente en la substancia de Spinoza, ese imperativo categórico Kantiano, ese laberinto inexplorado de la mente según Freud, ese diosecillo muerto de Nietzsche, esa palabra deconstruida de Derrida, ese límite del lenguaje de Wittgenstein, ese arquetipo histórico de Foucault; la filosofía, decía Amador, es esa pregunta del hombre por el hombre y todas las dimensiones que lo hacen humano.

Y quizá, aparentemente entre la urgencia del vivir y pasar las horas ocupando la mente en producir dinero, la filosofía  no sirva para nada y es por eso quizá que le han reducido horas de enseñanza en las aulas y le dejan esa materia al profesor que se le mida. Casi siempre el de religión (craso error) y este se dedica a dar información sobre qué dijo tal personaje en el siglo V  antes de Cristo, y cosas por ese estilo. Siendo así, yo también me pregunto para qué la filosofía…

Pero la realidad, que también puede ser apariencia en sí misma, requiere preguntarse cada cosa y acto que realizamos, debe reflexionar sobre nuestra escala de valores humanos y responsabilidades ontológicas.

Requiere saber vivir bien (aspiración que todos tenemos) y aquí aparece el magnífico Savater y su libro Ética para Amador, para darnos una respuesta a esa pregunta de ¿para qué la filosofía?, y nos iremos de la mano del pensador vascuence, por el camino ya olvidado en este país y por esta gente de la Ética. Señor Duque, una leidita a ese libro no le vendría mal.

Esta última, es una  hermana de la filosofía, olvidada en el cuarto de los rebujos y disimulada entre discursos melodramáticos y caritas felices, sobre definiciones manidas de la felicidad, la responsabilidad, la solidaridad, etc, cuanta palabra condicione el comportamiento moral humano y revuelta como una cosa amorfa entre los dogmas de las clases de religión (que ni siquiera es religiones) no es ni de lejos lo que la Ética precisa construir en el hombre social y comunitario.

Hemos dado, durante todos estos años en los colegios, clases de moral con el falso nombre de la ética, y le hemos hecho creer a la gente que portarse bien por fuera de casa en cualquier ámbito social es ser ético. No. Eso es ser moralmente aceptable y aceptado, saludar, despedirse, pedir el favor, ceder la silla, comer ordenadamente, ser prudente, ayudar una anciana a pasar la calle, recoger la basura, etc., y cuanta cosa está codificada en ese vademécum gigante de las buenas costumbres, no son más que preceptos morales que condicionan una convivencia soportable. Los mejores delincuentes de este país han demostrado ser unos genios en el arte de tratar bien a los demás a expensas de sus propios intereses.

Pero la ética, ¿qué es la ética? ¿Si no son los preceptos morales?, ¿qué es? Señor Duque, la ética es esa posibilidad que tiene el hombre en todo momento de preguntarse, qué hacer con la libertad que le ha sido dada. En resumen, la moral es el conjunto de normas que regulan la libertad de acción y pensamiento humanos; la ética es la reflexión filosófica sobre la validez o no de esa moral, y el reconocimiento de otros valores morales que existen en este mundo. Es hacer un alto en el camino antes de hacer cualquier acción que tenga que ver con el otro o consigo mismo. La ética es una máxima aspiración de esa filosofía que usted descarta.

Es inevitable reconocerlo,  este texto ha dado pie a una segunda pregunta. La primera, ¿para qué la filosofía?, pregunta que en sí misma no tiene respuesta, porque filosofía es todo y es nada, es la pregunta de un niño ante el asombro de un trueno: “¿Por qué resuena el cielo papa?”. Ese tipo de preguntas que parten del asombro podría ser el camino no preciso, apenas esbozado en un cuadro impresionista, de lo que podría ser la filosofía. Ese asombro es evidente en esta simple frase de Sócrates cuando dice: “Sólo sé que nada sé”, porque no es su ignorancia lo que le asombra, sino lo que le falta por conocer es lo que le anima a reflexionar.

Entonces, Alcalde Duque, ¿para qué la filosofía y la ética? Para preguntarnos con la primera ¿Qué es la libertad? La de Rafael Uribe, por ejemplo. ¿Qué lo era para él? (especulo). Quizá esa confusión tan sutil entre ser libre y hacer lo que debo hacer, o hacer lo que me dé la gana, que fue lo que él creyó desde su estatus. Es posible que esa pregunta filosófica no hubiere emanado en el espíritu intelectual de aquel hombre, que como usted bien lo afirma, tenía todas las herramientas para rebuscársela en la calle; es más, señor Duque, le sobraban, no solo sabía un oficio, sino que además nació en cuna de oro, estudió en una de las mejores universidades para ricos de este país, y es egresado del colegio donde estudian los presidentes y sus hijos. ¿Será que en esos claustros educativos no enseñaron Filosofía y Ética?, y si la enseñaron,  ¿fue solo un requisito? Queda provocada la pregunta.

Ética fue lo que le faltó a Uribe Noguera al momento de decidir qué hacer con su libertad. Entendió que hacer lo que le dé la gana, como lo hacen un gran número de “niños bien” de este país “usted no sabe quién soy yo”, le abrogaba un derecho de pasar por encima del otro, de no reconocer sino a aquel que como yo tiene el mismo estatus, de determinar al otro por el color de la piel o la raza. Ética, que no principios morales ni religiosos, pues paradójicamente en las tantas fotos que infestaron las redes sociales, lo muestran ebrio exhibiendo un Rosario.

Sigue usted pensando, señor Duque, ¿para qué la filosofía?

 

Tirando piedra

Respecto a la intención de revivir el debate sobre cadena perpetua para violadores de niños, castración química, o como algunos se han atrevido a decirlo subrepticiamente, pena de muerte; déjenme decirles que primero llega Petro a la presidencia que esa intención legislativa se materialice en Colombia; pues la iglesia católica y las iglesias cristianas no estarán dispuestas a que sus pastores (muchos de ellos violadores consuetudinarios de niños) paguen un minuto de cárcel. Ese monstruo se seguirá alimentando, mientras el debate sobre la educación sexual en los colegios siga siendo repartir condones y aplazar el gustico. A propósito, ¿alguien ha escuchado a algún cura  u otro líder religioso de cualquier confesión repudiar en público  la violación y el asesinato de Yuliana Samboní?

@rubio_miguel