El olvido es un sentimiento muy humano, pero la venganza es uno mucho más humano y hoy nos encontramos en el momento de decidir. Ya hay un lugar, ya hay acompañamiento extranjero y sobre todo: hay disposición de ambos lados.

Por: Miguel Ángel López

¿Qué es lo que realmente quieren los colombianos? Cada quien debería cuestionarse eso. Es difícil, por supuesto, considerar que todos los crímenes ocasionados por las Farc se perdonen de un momento a otro. Todas las muertes, secuestros, terror; pero hace parte de dejar el pathos de un lado y usar el logos.

Para hablar de los diálogos de paz propuestos por el presidente Santos hay que dejar algo claro de entrada: si bien las Farc se hayan tornado más en terrorismo que en ideología, no se puede ignorar que la base de todo movimiento guerrillero es la política, y que  sentarse a dialogar es el movimiento político por excelencia que se puede establecer entre el Gobierno y la Guerrilla.

No obstante, en un principio muchas personas se levantaron contra el mandatario por dicho acercamiento con las Farc. Por eso cabe preguntarse, ¿quieren paz o venganza?

No es sencillo perdonar tantas violaciones, pero a su vez puede presentar la única salida de esta guerra sin sentido. Pareciera que más que cambiar el Estado, las guerrillas colombianos solo buscan persistir en su lucha por orgullo. Cabe señalar que no todas las luchas populares son malas y no tienen logros, la Primavera Árabe es un ejemplo, ¿Pero qué han logrado en Colombia? ¿O qué han logrado al menos las que siguen hoy vigentes? Lo preocupante ahora es que se atrevan a violentar a las minorías, quienes se suponen deberían proteger, como se notó en el caso de los indígenas en el Cauca.

El punto es que las Farc ya tienen un norte perdido, pero no van a dejar de luchar así como así. No vamos a encontrar un día cualquiera noticias en las que se informe que decidieron dejar las armas, no, pero puede que lo hagan por medio de diálogos de paz, en los que por supuesto habrá exigencias de su parte. ¿Y es tan grave eso?

El olvido es un sentimiento muy humano, pero la venganza es uno mucho más humano y hoy nos encontramos en el momento de decidir. Ya hay un lugar, ya hay acompañamiento extranjero  y sobre todo: hay disposición de ambos lados.

Todos nos alegramos al imaginar una Colombia que no esté en guerra, tal como lo dijo el presidente Juan Manuel Santos en su discurso del 4 de septiembre -el cual se trasmitió en varios medios de comunicación (entre ellos la W radio)-.

Hay muchos colombianos que no hemos vivido un día de paz y ya estamos hasta la coronilla, Santos lo dijo: “Colombia ha cambiado y el mundo ha cambiado (…) Hoy podemos hablar de paz, porque el uso de la violencia para alcanzar poder político está en el pasado”. Entonces sentémonos hablar hoy, no con las Farc, sino con todos los otros colombianos.

Los puntos de discusión serán cinco:

  1. Se quiere discutir un plan para que el Gobierno llegue a todos los rincones del país, y que el abandono político que incentivo estos movimientos insurgentes no se vuelve a experimentar. En palabras del Presidente: “Repartir la prosperidad de forma equitativa”.
  2. Se quiere llegar a un acuerdo de inclusión política en todos los sentidos, o sea, de todas las minorías y tendencias políticas.
  3. Darle fin al conflicto armado, lo cual incluye que las guerrillas dejen las armas y se les permita un reingreso a la vida civil.
  4. Presentar una solución al problema del narcotráfico.
  5. Hablar de las víctimas. “Nadie puede imaginar el fin del conflicto sin entender a quiénes han sido sus víctimas. Restablecer los derechos de las víctimas es un ejerció de todos”.

Ahora, luego de conocer los puntos a discutir, dígame Colombia, ¿qué es lo que piensa usted? Viaje al futuro por un momento  y vea a un guerrillero pidiéndole empleo. Imagínese a quien antes estaba en uniforme y botas de plástico, ahora en otro uniforme, pero empacando su mercado o vendiéndole ropa. Mejor aún, que tenga un programa de televisión o se postule al Concejo de su ciudad ¿Qué hará usted? Muy delicioso llenarnos la boca de esa dulce palabra paz, ¿Pero qué tanto compromiso hay por esta parte de la comunidad?