Pobreza, la enfermedad más letal

Aquí todo la mayor parte de la población se esmera por mostrar qué equipo de fútbol tiene la mejor hinchada, los gobiernos por dejar en claro cuál de todas las ciudades tiene la mejor infraestructura, pero nadie se esmera por generar una “vacuna” o en efecto una cura para este mal tan letal.

Por: Carlos Amórtegui/ Revista Folium Raza*

Tomado de Fussionado.blogspot.com
Tomado de Fussionado.blogspot.com

Definitivamente, la pobreza es la enfermedad más letal en Colombia. Nadie, absolutamente nadie, se escapa de ella, y máxime en un país que se halla en vías de desarrollo, donde los “padres de la patria” dejan el futuro económico del país en manos del “divino niño de Praga” y del “Sagrado corazón de Jesús” – En vos confío.

Al respecto, es una situación difícil de afrontar cuando los principales periódicos de Colombia relatan la cruel realidad: el país donde el fútbol se baila, se encuentra entre los primeros lugares de la ONU (Organización de Naciones Unidas) como uno de los países más pobres y violentos del globo terráqueo. Aquí todo la mayor parte de la población se esmera por mostrar qué equipo de fútbol tiene la mejor hinchada, los gobiernos por dejar en claro cuál de todas las ciudades tiene la mejor infraestructura, pero nadie se esmera por generar una “vacuna” o en efecto una cura para este mal tan letal.

“La solución para esto es trabajar, trabajar y trabajar”, dicta uno de los honorables expresidentes de esta nación, ese exmandatario que enfermó a la salud y por poco acaba por asesinarla (mejor no entro en detalles contundentes de ámbitos tan someramente políticos).

Por otro lado, el panorama para los egresados universitarios no es tan alentador como parece. Solo un 45,7% de los egresados logran emplearse inmediatamente después de haber terminado sus estudios de pregrado. ¿Cuál es la razón? La razón es que para que un profesional recién graduado pueda vincularse, debe tener al menos dos años de experiencia laboral.

¿Con qué tiempo alguien que recién termina su pregrado puede tener tanta experiencia laboral? Para mi juicio, es lo más absurdamente estúpido que he escuchado. Para este caso, el mismo gobierno se ha ingeniado el proyecto de ley 112 de 2011, donde se predica la ayuda por parte de las entidades gubernamentales y no gubernamentales para una contratación directa de los “primíparos”. Solo parafernalia, ¿Desde cuándo el Congreso ha luchado por el bienestar del pueblo? Que yo sepa…

Al parecer, aquel que nazca bajo las sucias y despiadadas sedas de la pobreza es un desgraciado que ha sido condenado al olvido y discriminación eterna por parte de una sociedad materialista, mezquina y atávica. Aparentemente, los pobres en este país no tenemos derecho a nada, ni siquiera a la vida.

Para nosotros (los pobres) no existe la compasión, no existe la tolerancia, ni mucho menos el amor. Este último tópico es una utopía. ¿Quién va a estar con alguien que no posee bienes materiales? ¿Quién quiere estar con alguien que no tenga fondos monetarios para complacer a su “media naranja”? El alegato se direcciona constantemente a lo material.

“No todo es dinero en esta vida”, “el amor no solo es dinero” y otras frases de cajón es lo que recita la sociedad constantemente. Ante lo que responderé, simplemente, citando al médico pionero en medicina colombiano, Héctor Abad Gómez: «la sociedad moderna es simplemente superflua. Todo se resume simplemente a una imagen acústica e imaginarios colectivos, los sentimientos…para eso no hay tiempo».

Esta peste, que se propaga como la ceguera en el ensayo del magno escritor José Saramago –Ensayo sobre la ceguera– es notablemente una maldición que nunca tendrá fin. En conclusión, esos padres de la patria deberían ingeniarse la forma de resolver este dilema tal y como Saramago resolvió su problema en su novela: encerrar a todos los enfermos (en este caso seríamos todos los pobres) en múltiples salas abandonadas, a la deriva del destino mismo; surgiendo finalmente una última inquietud sobre la analogía anterior, que es ¿cómo hará el gobierno colombiano para encerrar alrededor de 47 millones de personas? –miento, serían menos, obvié la exclusión de los mismos gobernantes y sus secuaces-.

*Estudiante de Comunicación Social de la Fundación Universitaria Luis Amigó.