Esta alternativa también ayudaría a que las que hoy son asesinas y se esconden para cometer sus crímenes abortivos, dejen de ser lacras sociales, mujeres perseguidas por la sociedad en nombre de la ética y la moral , y se conviertan en pequeñas productoras.

Por: Ian Lopez

Para que el aborto deje de ser un problema, aunque parezca obvio, hay que convertirlo en una solución. Pero no sólo una solución para las asesinas abyectas, bagasas, pécoras sin moral que tanto mal le hacen a esta nación cristiana y de gente tan decente, sino una para que la crème de la crème, la única y verdadera sociedad colombiana, también le saque provecho.

Esta iniciativa nace de mi desconcierto y de mi preocupación al ver las hermosas calles de mi ciudad y de mi país infestadas de parias. Calles que se han llenado de mocosos pidiendo plata, de mujeres sucias que se sientan a estorbar en las vías peatonales mientras cargan dos o tres muchachitos boquiabiertos, que no son capaces de abarse mientras uno camina. Sabrá Dios en qué dilapidarán las valiosas monedas que les tiramos a los pies. Mi país atestado de lacras, de mujeres andrajosas con caravana de niños que interrumpen mis agradables cenas en modestos restaurantes, las mismas que me han obligado a esconderme, a huir por el desagrado que genera su presencia. Mi pobre país herido por sanguijuelas que succionan la buena imagen que hemos logrado conseguir con esfuerzo y dedicación. Esta nación pulcra y sana, de una política ejemplar y caritativa, infestada de gobernantes que se desviven por su pueblo, pero su burdo pueblo solo pide y pide.

Y este país se volvió así por la paridera de los pobres, porque más que seres humanos son conejos, animalillos que se reproducen por felicidad, por celebración y porque no hay de otra. Todos ellos, los pobres, más que doler, estorban; pero son en sí mismos la solución. Y, un aborto más, es un posible pobre menos.

Obviamente tanto andrajoso no proviene de políticas antinatalidad mal ejecutadas, o escasas, sino de la pura y descarada irresponsabilidad de los pobres, porque es obvio que las mujeres de estratos altos no acuden a estas prácticas. Arriba, en la sociedad colombiana, las mujeres solo tienen un hijo o dos, los cuales pueden mantener y darle una excelente educación en el exterior; y como obviamente se les ha educado adecuadamente en el uso de los preservativos y demás medidas anticonceptivas, ellas no tienen que pasar por el crimen del aborto.

Pero, ¿cuál es pues la propuesta?, se preguntarán ustedes. Consiste, básicamente, en aprobar la práctica del aborto en cualquiera que sea el caso, que sea la mujer la que decida; pero no por la tranquilidad de ella, sino para que nosotros le saquemos provecho. La idea es que estos fetos, tan tiernitos, sean procesados como alimento. Ya sea como embutidos, compota, aderezo o aceite.

Si aprobamos el aborto podemos pasar a la creación del negocio. La idea principal es montar una empresa colombiana, con inversionistas nacionales, que se dedique a procesar los fetos en las diferentes presentaciones. Con una administración óptima, y con el respaldo gubernamental, la empresa generaría, rápidamente, excelentes ganancias. Como a las mujeres se les está haciendo un favor dejándolas abortar, no se les pagaría nada por el feto, de modo que la empresa no comprometería gastos en la materia prima, solo en el procesamiento, empaque y posicionamiento del producto final.

Me he estado documentando, y un feto tiene más nutrientes, vitaminas y proteínas que su mismo peso en, digamos, carne de res, por lo que se convierte en una alternativa atractiva para el mercado alimenticio.

Como la elaboración de estos productos saldría sustancialmente más económica, el precio al mercado sería competitivo con otras empresas de alimentos,  así se obtendrían ganancias sustanciales en poco tiempo. En definitiva, es un negocio carnudo, que más adelante, con ayuda de la confianza inversionista, podríamos venderlo a una multinacional extranjera por una buena cantidad de dinero.

Pero dirán ustedes, ¿y los pobres que ya tenemos qué? Como lastimosamente ya no podemos decir: “que se encargue de ellos la Santa Inquisición”,  y la Divina Providencia está ocupada ayudándonos que otros problemas, que sea la vida misma la que los regule: que se vayan matando entre sí y pudriendo en las cárceles, o que los deje morir el Seguro Social.

Ellos, una recua de escorias, que pudiendo serle útiles a la sociedad, hoy crecen y siguen ocupando el país con hambre, estorbando por ahí, siendo hijos indeseados, hijos de madres barraganas que no puede mantenerlos, o muchachitos enfermos que demandan unos gastos que ni el Estado está en capacidad de asumir.

Pero alerta, este proyecto debe manejarse estatalmente, no en el hogar. La idea es que sean debidamente procesados, bajo altos estándares de calidad y por personal calificado; y que, en últimas, generen una alternativa empresarial y comercial, que traiga grandes beneficios económicos.

Esta alternativa también ayudaría a que las que hoy son asesinas y se esconden para cometer sus crímenes abortivos, dejen de ser lacras sociales, mujeres perseguidas por la sociedad en nombre de la ética y la moral , y se conviertan en pequeñas productoras. Si transformamos el aborto en una oportunidad empresarial, de la cual la alta sociedad colombiana le saque provecho económico, seguramente las mujeres podrán ganarle la batalla al moralismo con el que se está tratando el tema.

Nota: si usted terminó de leer este artículo sin entender, le aclaro que es una sátira y que a quienes pretendo herir no son las mujeres, las familias numerosas y mucho menos a los pobres, al fin que yo entro en dos de estas tres categorías.