Gloria

Es decir, en defensa de la vida voy en contravía de los provida, ese movimiento fundamentalista que se ha dedicado a defender los derechos de los no nacidos como si la vida humana pudiera definirse en términos absolutos y no relativos y particulares como en la realidad se da.

Por Gloria Inés Escobar Toro

En respuesta a un comentario que recibí sobre una columna reciente en la que afirmé que el aborto no es solo un acto humano sino responsable, he decidido escribir de nuevo sobre el tema para exponer con más detalle por qué defiendo tal afirmación.

Debo empezar por aclarar que en contra de lo que en principio esta afirmación pueda sugerir, estoy a favor de la vida, de la vida humana digna; defiendo el derecho que tienen todos los seres a existir, pero no de cualquier manera ni a cualquier precio. Es decir, en defensa de la vida voy en contravía de los provida, ese movimiento fundamentalista que se ha dedicado a defender los derechos de los no nacidos como si la vida humana pudiera definirse en términos absolutos y no relativos y particulares como en la realidad se da.

La vida humana una vez nacida debe ser inviolable, respetada y protegida; debe ser honrada en el sentido de hacer todo lo posible por procurar el máximo bienestar y la mayor dignidad para quienes gozan de ella. Es por esto que no resulta admisible ni justificable bajo ningún argumento que millones de personas mueran de hambre en un mundo donde abundan como nunca antes, los alimentos; que millones de mujeres, más de la mitad de la población total mundial, sean tratadas social e individualmente como seres de segunda categoría y por tanto sean objeto de todo tipo de opresión; que millones de personas vivan bajo nuevas formas de esclavitud; que los indígenas y los afrodescendientes sigan siendo discriminados, maltratados y humillados; que millones de niños vivan y mueran en las calles sin protección ni afecto alguno y en el mayor abandono e indiferencia; que millones de seres humanos vivan sin tener acceso a agua potable y a los servicios mínimos y básicos para su existencia.

Defiendo la vida, sí, pero no en abstracto. Toda vida humana que nace, lo hace en condiciones concretas: se nace con sexo determinado, en un grupo étnico específico, en un momento histórico preciso, bajo unas condiciones económicas dadas, en un contexto cultural particular. Es decir, no se nace en el vacío, por lo tanto es necesario tener en cuenta estos factores a la hora de tomar la decisión de procrear.

De otro lado, es de conocimiento general que toda relación sexual trae consigo la posibilidad de un embarazo, y así mismo, se sabe que no existe ningún método anticonceptivo que sea seguro ciento por ciento, todos en mayor o menor grado, tienen un margen de riesgo, excepto la impensable y absurda abstinencia sexual, por lo tanto, no basta con tomar medidas preventivas, en cualquier momento aparecerá un embarazo no buscado el cual de ninguna manera debe convertirse en un imperativo, en un hecho irreversible y obligatorio. La maternidad es una opción.

Además y por desgracia, nuestra sociedad machista se constituye, por sí misma, en un factor de riesgo enorme para que una mujer quede embarazada sin que ella lo quiera: muchos hombres obligan a sus esposas a no utilizar métodos anticonceptivos; muchas mujeres son violadas dentro y fuera del matrimonio; muchas son abandonadas por sus compañeros en el mismo instante en que éstos son enterados de que van a ser padres, dejando toda la responsabilidad del nuevo ser en manos de ellas; muchas mujeres se ven atrapadas, especialmente las más pobres, en la más absoluta sumisión, de tal manera que su deseo y razones no cuentan en lo más mínimo; muchas viven y mueren sin voz ni voto hasta en los aspectos más íntimos y personales.

Bajo un panorama así de desolador el aborto no puede considerarse un acto irresponsable o inhumano sino todo lo contrario. Lo humano y responsable no es traer hijos al mundo sino se tienen las condiciones mínimas personales, sociales, económicas, culturales requeridas para ofrecer una existencia digna. No es humano parir hijos no deseados para maltratarlos, para privarlos del afecto que tan indispensable resulta en la infancia para su salud mental o para darlos en adopción como si fueran objetos.

Recordémoslo una vez más: un error, un embarazo no buscado, no se remedia con otro error, parir sin ninguna consideración. La vida humana no es un juego y dar vida es la mayor e importante decisión que una persona pueda tomar, aquí las equivocaciones tienen consecuencias fatales. No, el aborto no es un problema, es una solución; tampoco es una obligación, es una opción y un derecho que las mujeres tienen y que la sociedad debe respetar.

Junio 20 de 2014