A propósito de las mujeres

Escuchar las voces de muchas mujeres legitimando este pensamiento cuando argumentan que el hecho de salir con hombres a tomarse una cerveza es algo que justifica el feminicidio. Un acto que además que dejarnos en condición de asesinadas, nos deja en condición de culpables.

 

DIANA CAROLINA GOMEZPor: Diana Carolina Gómez Aguilar

¿Es real que se diga que la mujer se hace merecedora de la violencia de género? ¿Es real que se haya considerado desde la  Secretaría de Gobierno de Bogotá que en el caso de Rosa Elvira Cely hubo una “culpa exclusiva de la víctima”? ¡Qué alguien me despierte de esta pesadilla! En cabeza de quién cabe que la intención de una mujer al usar una minifalda es ser víctima de violación. En cabeza de quién cabe que la intención de una mujer al salir a pasar tiempo con sus compañeros de estudio, es terminar en un parque: violada, empalada y asesinada.

¿Cuál es la intención de nuestros gobiernos, de nuestros representantes y de nuestros supuestos defensores de la verdad y la justicia? ¿Hacernos inhumanos? ¿Revictimizar a las víctimas? ¿Plantar un circo por Estado? Es que por más que uno pretenda atravesar con la razón tal decisión, es humanamente imposible. Por más que uno quiera ponerse en el lugar de  la abogada Luz Stella Boada cuando radicó el documento que hace merecedora a Rosa Elvira de su desgracia, no lo logra, no alcanza la mezquindad para entenderlo.

Es curioso, además, escuchar las voces de muchas mujeres legitimando este pensamiento cuando argumentan que el hecho de salir con hombres a tomarse una cerveza es algo que justifica el feminicidio. Es curioso que nuestra idiosincrasia nos lleve a creer que nuestro cuerpo puede estar en manos de otra voluntad, a causa de nuestras conductas provocadoras y, que conjuntamente, los victimarios puedan justificar así sus aberrantes actos.

Cabe además mencionar el asombro que provoca que hoy, aún en este momento histórico, las personas sigan pensando en el término ‘feminismo’ como una competencia al machismo, como si fuese un interés de las mujeres activistas, ponerse por encima de los hombres, y aunque haya quienes de verdad lo quieran, la raíz de la lucha es la equidad de género, es saldar la deuda histórica que tiene la humanidad con las mujeres. ¿Es tan difícil pensar en la cualidad de dar a cada uno lo que se merece de acuerdo a sus características y condiciones?

Sin embargo, vale la pena escuchar las consignas de aquellas que con valor salen a marchar a las calles por las que ha corrido la sangre de otras mujeres víctimas de feminicidios y todo tipo de violencias de género. Vale la pena vivir el estremecimiento que provoca ver a una mujer empoderada, que dice ¡Basta ya!, ¡Ni una menos!, ¡No soy responsable de la violencia sexual por mi forma de vestir! ¡De noche o de día, desnudas o vestidas, se respeta nuestra vida! Vale la pena oír a esos hombres que con decisión acompañan a las mujeres en su lucha, en su súplica por el respeto y la reparación, con consignas como ¡los hombres libertarios también somos Rosa Elvira!

Queda preguntarse entonces qué estamos haciendo tan mal para que la justicia siga explicando que la violencia de género es provocada por nuestra forma de vestir, de hablar o de empoderarnos de nuestra condición de mujer y nuestros derechos. Queda entonces hacer un alto en nuestros actos cotidianos y pensar de qué manera estamos permitiendo que se nos pase por encima, vulneren nuestros derechos y se nos calle para siempre, en un acto que además de dejarnos en condición de asesinadas, nos deja en condición de culpables.