¿Qué debe saber una artista contemporáneo para hacer arte?

MARGARITA CALLE-1Por eso ese terreno de lo feo o lo grotesco aparece siempre como inédito, excepcional y fértil para la creación, ya que no responde a un patrón estético prefijado y, por el contrario, posibilita una experimentación más libre, abierta al juego y atenta a las respuestas del azar.

Por Margarita Calle

Se ha vuelto un lugar común que frente a la dificultad que tienen algunas personas para comprender, de manera espontánea, las obras artísticas creadas dentro de los referentes contemporáneos, se emitan juicios y cuestionamientos, en su mayoría retóricos, en los que se banalizan las obras, las soluciones expresivas propuestas por los artistas y, de paso, la labor de los creadores. Estos juicios sancionadores los usan por igual personas del común, en quienes puede resultar comprensible tal sensación de desconcierto, como académicos e intelectuales habituados a enfrentar la traducción cultural y las demandas del sentido, en diferentes contextos y a través de recursos interpretativos cambiantes.

¿Qué es lo que tiene qué saber un artista para producir arte contemporáneo? Se preguntan con cierto sarcasmo los escépticos, queriendo con esto minimizar el alcance de los saberes que sirven de base a la producción estética o artística de hoy y, de manera consecuente, reducir su peso cultural. Estos cuestionamientos se repiten y, a manera de comodín, se usan para subsanar la incapacidad o el poco interés con el que se asume la tarea de descifrar estos procesos; pues a falta de herramientas para entender la pluralidad de lógicas en las que se despliegan estas prácticas, se opta por restringir o desconocer su valor.

No hay que olvidar que por vía de la percepción tenemos sensaciones de aceptación o rechazo, de agrado o desagrado, frente a todas las cosas que nos rodean, a raíz de las restricciones con las que manejamos las nociones de belleza y fealdad en las que la cultura occidental nos instaló.

Como señala Umberto Eco a raíz de su célebre libro La historia de la belleza: “la belleza es norma” y en esa medida produce un patrón nivelado de adecuación de la mirada; mientras que lo que se le opone, que cobija todo aquello que no responde armónicamente a ese paradigma, constituye “una excepción”. Por eso ese terreno de lo feo o lo grotesco aparece siempre como inédito, excepcional y fértil para la creación, ya que no responde a un patrón estético prefijado y, por el contrario, posibilita una experimentación más libre, abierta al juego y atenta a las respuestas del azar. “Solo lo extremadamente feo es interesante”, puntualiza Eco, pues es precisamente ese carácter “repulsivo” lo que genera, al mismo tiempo, la condición de ser fascinante. Adicionalmente, lo que se ubica por fuera de los límites de lo aceptado, da lugar a una experimentación mucho más potente en términos expresivos.

Acercarnos al arte actual con los antojos que nos heredaron las formas artísticas más tradicionales, es perder la posibilidad de reconocer la riqueza conceptual y expresiva que están en capacidad de revelarnos hoy unas prácticas que han desbordado los marcos configuradores, cerrando la distancia entre los lenguajes, los sujetos, el espacio, el tiempo, el producir y el percibir. Cada época nos carga de códigos y recursos interpretativos necesarios para crear y para traducir los signos de su tiempo. Ignorarlos solo contribuye a reforzar aquellos prejuicios que nos limitan en el encuentro de sentidos que debe propiciar el arte.
* Directora Maestría en Estética y Creación, Universidad Tecnológica de Pereira