Mejor, que se nos venga la paz encima, como un aguacero benéfico, que nos empape y fecunde, que nos renueve.
Por: Andrés Calle Noreña
Sí, estos son mis deseos, después de pensar mucho: que se les venga la Paz encima. Incómoda, imperfecta, con menos justicia de la que pudiéramos esperar, con más verdades de las que no conocemos. Con nuevos conflictos y más argumentos. Con menos muertos, sin muertos civiles e inermes, y más respeto por la vida, por las diferencias y el disenso. “Una mala paz es siempre mejor que la mejor de las guerras”, decía Marco Tulio Cicerón, y eso es así toda la vida. Hay que desacreditar las guerras, tienen que ser una excepción, el último recurso de un Estado Moderno.
Hay una correspondencia insufrible entre los autoritarismos, el machismo, los moralismos, la corrupción, el irrespeto, la gente gritona, los que les tiran piedras a las adúlteras, los homofóbicos, fanáticos, los cruzados. Y todo se vuelve acartonado y ceremonioso, y les da por la retórica y las medallas y los himnos. No queremos vivir así, así no vale la pena, es miserable, como el estado de naturaleza de Hobbes. No se trata de desaparecer a todos estos Señores de la guerra, a los militaristas, a los abusivos del poder, ni de vengarse de ellos, de humillarlos, pero sí confrontarlos, montarles otra película, cambiarles los libretos. Porque no vamos a usar sus lenguajes ni sus signos.
Pero por favor, quién dijo que los pacíficos son pasmados, nada de eso, todo lo contrario. Y pueda ser, y esto lo vamos a conseguir, pueda ser que un día amanezcan en paz. Que sus esfuerzos y su rabia sean estériles, que convoquen y no llegue nadie a sus plazas, que nos insulten y se queden con sus bocas mudas, que no haya quién les responda. No queremos estar encerrados, con rejas y serpentinas en campos de concentración, con cámaras, interceptaciones, guardas y perros. Seguros y muertos de miedo. Desconfiando de todos, qué tal, con delatores haciendo de amigos, de amantes, parientes.
Para colmo de males, ese estilito fastidioso, qué pereza ese decorado mafioso, traqueto. En otras partes del mundo no es así, y nosotros no nos tenemos que privar de este gusto de salir tranquilos, de que no nos agredan, de que no nos roben, de que no nos intimiden y persigan, de que no dejen que los escritores y periodistas se expresen con libertad. Queremos tener cultura ciudadana como la de Mockus, propuestas como la del Colegio del Cuerpo, libros de cocina como ‘Kumina ri Palenge pa tó paraje’, que traduce Cocina palenquera, con el que estas mujeres se ganaron un premio y aprendieron a leer y a escribir al mismo tiempo, copiando recetas.
Queremos experiencias como el Plan de paz de los jesuitas en el Magdalena, o como el instituto Humboldt de Villa de Leiva. Van a ver el desconcierto de estos guerreros que van a tener que aprender a hacer artesanías, y cometas, porque sus armas ya van a ser inútiles. Todo lo que gastan en bombas y aviones, y balas, minas antipersonal, uniformes, propaganda, lo vamos a invertir en medicinas y nutrición, en papeles para hacer origami, en lápices de colores, en mapas, en plastilina y en cuerdas para violines, y va a ser un derroche.
Ya hay muchos trabajando, desvelados, componiendo canciones y armando orquestas, como Baremboin. Los guerreros nos hacen mucho daño, nos ofuscan la mente, están obnubilados, y ellos mismos se condenan en su ignominia, no podrán tener sosiego, son dueños de su vergüenza, se sienten acorralados. Pero qué dicha, apenas salgan a las calles, con ganas de matar, de patear, de chocar carros, como en las películas, y vean ciudadanos de todos los colores y condiciones, en los parques jugando con niños y haciendo yoga, y tumbados leyendo novelas, y otros sembrando huertas y haciendo natillas. Es la vida que nos merecemos, y que se les venga la paz encima, ya es hora.
Y vamos a escuchar en silencio las memorias de las víctimas y les vamos a rendir homenajes y los vamos a sanar con obras de teatro como La siempre viva, y vamos a discutir, a deliberar, pero será otra cosa, será una paz y una vida que no conocemos, que no nos imaginamos. Volveremos a los museos y en las escuelas les mostraremos videojuegos, instalaciones, cartillas y blogs de las masacres, de las torturas, las violaciones, de los desaparecidos, pero con un tratamiento estético, con una disertación filosófica, y para ellos será como la tragedia griega, como una gran ópera o como una novela, o un lienzo de Luis Caballero, o la Grieta de Doris Salcedo.
Sí es posible, y cuando menos se esperen, les va a caer la paz encima y tendremos que buscar cómo sacarlos del mutismo y la depresión. Se les acabó su tiempo señores guerreros, y ahora es el baile de la vida, y que se venga la paz encima, ya estamos despiertos y estamos a la espera. Bienvenidos los conflictos, las dificultades, la vida en calma, el trabajo decente, la participación política, la Paz y las mesas llenas de comida y todos repartiendo y charlando, y en Paz, con Paz aunque sea de a poco, con contradicciones, con realidades duras, pero en Paz. Seamos insistentes, con respeto, y en Paz, se les va a venir la Paz encima, ya verán.
Ésta es la nostalgia para el futuro, ‘habrá un día en que todos al levantar la vista’, como canta Labordeta, ‘veremos una tierra que ponga libertad’. Que ponga otros conflictos y otra Paz, y el pasado imperfecto de la guerra será historia patria y será dignidad conseguida con llanto y habrá una serenidad que deje vivir, que deje conversar, que deje que los otros sean. El día ya está encima, y que despertemos en paz. Mejor así, que se nos venga a todos la Paz encima, que nos inunde, nos colme, nos empape, como un aguacero benéfico, la Paz, con sus maneras de ser, sin avasallamiento, sin violencia, con gentileza, y como sabe ser, que pasa y deja Paz y no inquietud, ni venganza, ni vacío, ni desgracias; sólo alivio, respiro y generosa, dadivosa, creadora, saludable, ciudadana, Paz.

