MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINALos estudiantes que han agredido, violentado, y sembrado miedo y paranoia en un país tan difícil como este, además de que cometen a la luz de la jurisprudencia varios delitos a la vez, deben ser judicializados como corresponde.

Por: Miguel Ángel Rubio

El ultimo paro de la UTP, como todos los anteriores, han sido nefastos política e institucionalmente para los estudiantes y para la comunidad universitaria en general. Entre pequeñas victorias de lado y lado tendemos a pensar que hay una real confrontación de poderes e ideologías, cuando las cosas, si se miran con el lente del equilibrio, ese que da el aumento preciso, sin distorsionar las imágenes, dicen todo lo contrario.

Nefastos, por que se sigue teniendo como primer dogma ideológico  una consigna que de nada ha servido para una construcción verdaderamente política, un proyecto de universidad moderno y contemporáneo, una universidad abierta, incluyente, diversa, inteligente, sentipensante, ese primer dogma, equivocado, es el petitorio incesante de la cabeza de un rector.

Y no soy partidario, ni más faltaba, de todas las políticas implementadas por el Señor Rector. Coincido con algunas personas; que ha hecho cosas interesantes por la UTP en estos años de su mandato, pero también pienso que se ha equivocado en torno a cómo entiende la universidad: como un negocio, como una transacción comercial que se justifica con la calidad vs cobertura, vs consecución de recursos.  Sin embargo, es necesario que los estudiantes que hoy hacen parte de esa masa insatisfecha  y resistente indaguen un poco en la historia de quién es hoy su mayor obsesión ideológica, su más grande aspiración, su némesis cuasi derrotada, según ellos.

Quizá estos aprendices de revolucionarios no saben que el hoy rector de la UTP fue, como ellos, un hombre de piedras tomar, de consignas vociferar, de marchas andar, de establecimientos tumbar, un entusiasta de los vientos socialistas e izquierdistas de los 70,  un líder estudiantil incomparable a ninguno de los que hoy tan siquiera intentan ser una mala caricatura de un revolucionario. Hay un viejo refrán por ahí que reza así: “perro viejo ladra echado”

El movimiento estudiantil universitario es hoy un grupo de muchachos entusiastas, me refiero a los vociferantes en las marchas, a los pega carteles, grafiteros, a las chicas que acompañan con su ternura y belleza las manifestaciones políticas dentro y fuera del campus. Repetidores incesantes de un cuerpo de doctrina marxista, que ya nadie entiende, ni ellos mismos. Lo más difícil de todo esto, es quizá la manipulación que sufren en cada conato de protesta, y en las protestas grandes, no son conscientes porque les han extirpado la autocrítica, una ganancia de la ilustración y la posmodernidad.

Cuando una revolución no ofrece a sus liberados un proyecto político serio, un horizonte de sentido, una transformación real de la sociedad, esa revolución es en sí misma, desde su concepción, es un estruendoso fracaso. Para muestra un botón, ante la incapacidad y la ingobernabilidad, Nicolás Maduro, presidente electo de Venezuela, busca enemigos externos y pide su cabeza para soslayar el debate político y social pendiente en su país.

Aquí hizo carrera por ocho años culpar al otro y pedir sus cabezas  para ocultar la propia. Cuando un proyecto revolucionario olvida sus valores y sus ideales, recurre a la violencia como última arma, la violencia representada en capuchas, en intolerancia, en vulneración de derechos, en olvido de sus más elementales deberes, en su incapacidad para argumentar, en su despiste de la realidad, en la carencia de  la imaginación, en el desconocimiento del orden jurídico y legal de una nación, pero sobre todo en la violencia física, en el insulto, en la ofensa,… y volvemos a Venezuela. Hace pocas semanas, el hemiciclo de la asamblea nacional venezolana se convirtió en un campo de batalla, en una muestra de la violencia fanática y ciega, que no tiene nada que envidiarle a los movimientos fanáticos de oriente medio. ¿A esa revolución aspiran realmente los estudiantes y sus líderes en  la UTP?

Un segundo dogma es creer que solo ellos tienen la razón.  Debate político en la UTP que no coincida con el eje La Habana –Caracas es considerado espurio, inmoral, insensato, fascista. A quien se atreve a cuestionar cualquier precepto “revolucionario” le tachan de pro establecimiento y le cortan el micrófono.

El movimiento estudiantil se equivoca cada vez más. ¿Que pensará la madre trabajadora empleada en cualquiera de las cafeterías, respecto a enviar a su hijo a la U a estudiar, con el esfuerzo que implica pagar una matrícula cuando su salario es de 589.500 pesos ganado con jornadas extenuantes de trabajo, cuando ni ella misma, trabajadora en la universidad, puede tener garantías sobre su dignidad y su trabajo? ¿Cuando los estudiantes enarbolando las banderas de la revolución violan flagrantemente el derecho a la educación, a la movilidad, y a la diferencia bloqueando salones, sacando e intimidando agresivamente a los estudiantes, cuando su rostro se oculta, cuando su único grito y argumento es un explosivo? ¿Será que una especie de referendo simbólico, donde se pregunte a los estudiantes si se sienten o no representados en el movimiento estudiantil dará como ganadores a quienes lideran la “lucha revolucionaria”?

La cafetería de la Universidad, quizás amparada con ciertas prerrogativas, encareció el precio de los almuerzos estudiantiles, nadie lo discute, quizás impuso alimentos y comidas que no fueran del gusto de la mayoría, insisto en que la cafetería debe ser manejada por trabajadores de la universidad con contratación directa, pero eso es otro debate. Sin embargo, creo que violentar sus enseres, bloquear un espacio por el que pagan canon de arrendamiento, insultar a sus empleados y agredir su empresa, es ya el extremo de la desmesura y la decadencia ideológica.

La universidad está en incapacidad de garantizar derechos como el trabajo, la educación, e incluso la vida misma, no puede ni siquiera proveer a sus empleados y funcionarios de unos mínimos necesarios para que su lugar de trabajo no sea vulnerado. El rector de quien piden hoy la cabeza a mostrado su incapacidad y su indiferencia frente a este hecho del todo reprochable, incumple un mandato constitucional para el que ha sido nombrado en calidad de servidor público, solo por eso, sin necesidad de pedir su cabeza y violentarle, con el respeto de la ley y el argumento político de su ineficiencia para ser garante de derechos, debe salir, o como mínimo decorosamente renunciar.

Y los estudiantes que han agredido, violentado y sembrado miedo y paranoia en un país tan difícil como este, además de que cometen a la luz de la jurisprudencia varios delitos a la vez, deben ser judicializados como corresponde. Todo esto pasa en la UTP hoy, mientras tanto, el verdadero debate por una educación para el futuro y una academia en sintonía con la paz de Colombia, se pierden en los ideales de unos cuantos soñadores de aulas, laboratorios y bibliotecas….