Tal vez ahora Ordóñez pueda hacer campaña por el No de manera más relajada y desenvuelta, con la vehemencia que se permite cualquier ciudadano para defender sus convicciones sin pensar en el cargo detrás, y el Centro Democrático tenga en él a un vocero de tiempo completo.

 

Giussepe Ramirez (col)Por: Giussepe Ramírez

La segunda elección del faro moral —del siglo XIX, para no devolvernos tanto— de Colombia fue declarada nula. No fue destituido como titularon algunos. Y no porque fuera una reelección de procurador, como dicen los que ven en el faro moral a un caso atípico donde se adecuó el ordenamiento jurídico para fines políticos, sino por nepotismo, por interpósita persona, o el yo elijo a tus familiares y tú me eliges. Porque Ordóñez tenía más de un centenar de cargos a disposición para la elección de 2012 y los repartió entre el senado y los magistrados de la Corte Suprema que lo iban a ternar. Y no fueron cargos a los que los familiares de sus nominadores accedieron por concurso público, sino que eran cargos de libre nombramiento. Hay que aclarar que los magistrados se declararon impedidos para la votación, con la más que posible desestimación por parte de la Corte de esos impedimentos. Dicen los abogados que todavía les quedaba la objeción de conciencia, ante la cual la Corte Suprema no podía obligarlos a votar, pero nunca la usaron.

El lunar, lo inoportuno de esta decisión, la razón para pensar que no siempre es mejor tarde que nunca, es que ahora el procurador será elevado a mártir, que no es poco en esta coyuntura. Nada mejor para las causas radicales que los mártires. Entonces se levanta una humareda de suspicacia sobre la decisión de una demanda presentada desde enero de 2013. Ordóñez no dejó pasar la oportunidad. Esgrimió, en una última salida nada digna y plagada de narcisismo, que él era el primer pacto de La Habana, no que estaba en la agenda de negociación, ¡sino que fue el primero!

Tal vez ahora Ordóñez pueda hacer campaña por el No de manera más relajada y desenvuelta, con la vehemencia que se permite cualquier ciudadano para defender sus convicciones sin pensar en el cargo detrás, y el Centro Democrático tenga en él a un vocero de tiempo completo. A favor del Sí está que ya no contará con la exposición mediática que brinda un cargo público. Que con esto empieza su campaña presidencial, dicen algunos. Falta ver qué partido será el que lo apoya, siendo su partido, el conservador, ducho en ganar elecciones presidenciales con alianzas estratégicas. Además tiene que enfrentar a Marta Lucía Ramírez, la otra presidenciable.

Ernesto Samper convocó a misa por Ordóñez, ojalá en catedral de frescos y vitrales y en latín como le gusta (Requiem aeternam dona eis, Domine et lux perpetua luceat eis). Mozart murió dejando inconclusa lo que sería la música de su funeral, su gran obra maestra. A Alejandro Ordóñez no le dieron el placer de seguir en el cargo hasta el 2 de octubre (que me perdone Amadeus por este símil descarado), con el aceite y el presupuesto del ministerio público. Le tocará seguir por cuenta propia. Nos quedan sus frases lapidarias y cómicas a la vez, su fetiche con las reliquias morales, la buena organización de matrimonios, el soterrado anhelo de convertir a Colombia en un estado confesional, y una vieja foto del faro moral en un anquilosado hobby: quemar libros.