Al final los filósofos también van al supermercado a comprar leche, pan y huevos. Adquirir es el entretenimiento de la civilización moderna.

 

Por: Diego Firmiano

El anciano del sombrero le dijo a otro:

¿será que antes hay que romperles los oídos

 para que aprendan a oír con los ojos?

Joan Fuster

1/ El supermercado es uno de esos lugares donde la gente experimenta angustia, terror, o intimidación. Por un lado, la esquizofrenia de gastar, por otro, los ojos de águila instalados en todos los pasillos. Los asesores de seguridad de las grandes y pequeñas cadenas de compra ven en las cámaras una doble función, vigilar y exaltar la vanidad. Así entonces nadie va a mercar en pijama, por ejemplo, o con la billetera vacía. Eso no.

Algunos establecimientos nuevos de la ciudad tratan de aminorar este sentimiento de intimidación al decir “llenar su carrito de compras no significa vaciar su billetera” o “pague menos por más” ¡recristo! Si llenas el carrito o pagas menos, al final estás vaciando tu billetera pues cada desembolso es un output, o si se quiere ser positivo, un input.

Los sociólogos, que trabajan coludidos con los psicólogos, han definido nuevas enfermedades como la de “compradores compulsivos” o la “infantilidad del consumidor”.  Pero claro, estos profesionales de la ciudad y del espíritu no son la panacea, sino la industria editorial que emite libros sobre “Buylogia” y autoayuda para dejar de adquirir cosas innecesarias como si las trompetas de apocalipsis ya tronaran en el cielo.

En Europa, lugares que fueron iglesias consagradas a la religión de Lutero o Calvino, ahora son opulentos shopping donde se puede ir a comprar en bicicleta y comer un helado donde antes estaban las recámaras de los predicadores. No es casualidad que el comercio se apodere de estos icónicos monumentos, es la mitigación del dolor del alma, o redención, por medio del placer de la compra.

Centros comerciales, que evitando ser metafóricos, son salas de parto y morgue a la vez.  La publicidad se encarga de este ciclo de vida, ya que hace nacer el deseo y luego, al comprar, asesina ese deseo, sin que por ello se reencarnen otros deseos afines como si fuera un eterno retorno.

¿Han oído del “apocalipsis zombie”, esa cátedra dictada por universidades progresistas? Bueno, lo que antes en la enseñanza era una preparación para vivir, ahora es una guía para ir al supermercado y aprender a morir despacio al comprar bienes materiales para mantener un nivel de vida decente

Nada hay más divertido que ver gente corriendo de un lugar a otro, disfrutando de esa costumbre tribal de abastecerse de alimento por si los dinosaurios se extinguen. Igual que en un aeropuerto no se puede decir ¡Bomba!, en los supermercados sería un colapso decir ¡descuento! Siempre hay una persona mallugada bajo una estampida y un par de niños perdidos. La frase “Black” en los descuentos es sospechosa, sin embargo nadie osa preguntar por aquello. ¿Existe algo así como un “White Friday” o un “Blue Saturday”?

Si los filósofos (que están en proceso de jubilación) intentaran hoy definir el viejo concepto de libertad, van a chocar contra el individuo libre e independiente que usan esta libertad para comprar. Al final los filósofos también van al supermercado a comprar leche, pan y huevos. Adquirir es el entretenimiento de la civilización moderna. Miles y miles de años de evolución, para terminar como un grafiti de Bansky siendo un pigmeo empujando un carrito de metal y comprando salvajemente.

@DFirmiano