Mientras desde hace cuatro años los discursos oficiales enfatizan el carácter cultural de la celebración del sesquicentenario de la capital de Risaralda, uno de los más grandes logros de los últimos años desaparece de la agenda por arte de birlibirloque.
Por: Gustavo Colorado
El comunicado de prensa empieza así: “La junta directiva de la Fundación Arte y Cultura por Risaralda y el Comité Organizador del festival Sinfónico de Pereira informa a la opinión pública que por novedades de última hora que afectan el cronograma, la programación y las finanzas del Festival Sinfónico de Pereira, tomamos la decisión de suspender la realización de la versión 2013 del Festival”.
Así de simple. Mientras desde hace cuatro años los discursos oficiales enfatizan el carácter cultural de la celebración del sesquicentenario de la capital de Risaralda, uno de los más grandes logros de los últimos años desaparece de la agenda por arte de birlibirloque.
Desde distintos frentes de la cultura y las artes en el orden regional, nacional e incluso internacional, se ha reconocido la rápida evolución de este evento recibido en principio en medio del escepticismo: al fin y al cabo durante décadas funcionó entre nosotros el estereotipo de lo chabacano y vulgar como única vertiente musical capaz de estimular nuestra sensibilidad melódica. En contravía de esa percepción, la calidad de los músicos, la diversidad de la oferta y los distintos lugares de procedencia de los intérpretes y compositores muy pronto hicieron del Festival Sinfónico un espacio respetado por creadores, melómanos y empresarios. Ser incluido en su programación se volvió una meta difícil de alcanzar.
Como sucede en tantos frentes, el festival fue el resultado del talento, la iniciativa y la tenacidad privadas. Artistas, intérpretes y gestores hicieron posible la materialización de una idea concebida como punto de encuentro y difusión de distintas corrientes enriquecidas a través de un diálogo incesante. Igual pasa con el cine, la pintura o el teatro. Programas como La Cuadra, Corto Circuito, el Concurso Nacional del Bambuco o La Fiesta de la Música tienen su origen en el esfuerzo y la voluntad de líderes de la cultura con el auspicio de empresas particulares. Como son escasas, vale la pena mencionarlas con nombre propio: Cámara de Comercio de Pereira, Centro Colombo Americano, Frisby, Alianza Francesa o Comfamiliar Risaralda. Al lado de ellas, las universidades públicas y privadas han estado siempre atentas al pulso cultural de la región, convirtiéndose en valioso punto de apoyo y difusión.
Volvamos a la letra del comunicado. Según mis fuentes las “novedades de última hora” mencionadas por los firmantes del documento corresponden en realidad al incumplimiento de los compromisos adquiridos por la administración municipal de Pereira. La versión fue desmentida en una comunicación del Instituto de Cultura de Pereira fechada el 12 de abril. Pero quedan las dudas. Por lo visto un festival de estas características no tiene cabida en la retórica oficial del “Desarrollo cultural basado en experiencias representativas”.
Si existe hoy un evento que reúna estas últimas características ese es el Festival Sinfónico. Los criterios para seleccionar invitados, el cuidado en la logística, la oportunidad de la información y la organización administrativa constituyen de hecho un ejemplo para quienes trabajan en la pura informalidad. Suspender el festival, así sea por este año, significa dar un paso atrás. Entre los artistas que ya habían confirmado su presencia cundirán las dudas sobre la seriedad de la organización. Y bien lo sabemos: la credibilidad es algo muy difícil de recuperar. Cuando esta se pierde o se pone en duda provoca una reacción en cadena que en este caso implica a artistas, gestores, medios de comunicación y entidades de apoyo, para mencionar solo algunos. Las energías reservadas para impulsar el festival tendrán que ser utilizadas ahora para rehacer el tramo perdido.
Meses atrás vivimos una experiencia parecida. En una emisión del programa de opinión Moliendokafé, del Canal 81 de Claro, el presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Pereira, Mauricio Vega Lemus, anunció su compromiso con la gestación de una feria internacional del libro en la ciudad. A la vuelta de unos meses rectificó y anunció en su lugar un concierto de Carlos Vives. Si bien son dos cosas distintas, la feria un proyecto y el festival una realidad, las dos situaciones ilustran una concepción de la cultura como un asunto accesorio y no como esa “base de la nacionalidad” consignada en la Constitución Política de 1991.

