ERIKA MORA PALACIOS…sin importar el arte, la profesión o trabajo que desempeñes, busca siempre ser un soñador y sobre todo entregarle este gran don a los que tienen mucho más tiempo para cumplir esta utopía: los niños.

 

Por: Erika Mora Palacios

A través de los años el hombre ha buscado su desarrollo y el de la civilización en todos sus ámbitos. Uno de los acontecimientos más importantes e impactantes ha sido la invasión global tecnológica, con la cual se supone debería haber mayor y mejor educación, pero en consecuencia al mal uso que se le ha dado esto no es así, como escribe William Ospina: “¿Por qué a veces sentimos también que no ha habido una época tan frívola y tan ignorante como esta, que nunca han estado las muchedumbres tan pasivamente sujetas a las manipulaciones de la información que pocas veces hemos sabido menos del mundo?”.

Por este motivo la educación llamada de calidad simplemente se ha transformado en “Educación Bancaria”, en términos de Paulo Freire. En la cual educadores facilistas transmiten sus grandiosos saberes a los educandos, neutralizándolos, sin permitirles tan siquiera pensar y opinar acerca de lo enseñado, tal cual debería ser la educación.

Este tipo de educación realmente no es educación. Es simple y llanamente transferencia mecánica, la cual ha sido alimentada día a día al dejar que nuestros sucesores sigan sumergidos en ella continuando las básicas reglas de la obediencia y sometimiento, permitiendo que los que tienen el poder manejen nuestra educación y nuestra vida a su antojo.

¿Por qué sucede esto? Es por nuestra falta de esperanza, agachamos nuestra cabeza, dejamos de luchar, perdemos la ilusión de que con perseverancia alcanzaremos nuestro sueño, ese sueño de libertad que solo lo alcanzan aquellos que no decaen, porque día a día se rebelan ante las reglas del sistema de sometimiento, aquellos que visualizan algo más profundo que la vida plana, monótona y obediente, aquellos que creen en un futuro mejor.

Futuro que no trata solo de igualdad de riquezas, ni las mismas propiedades de bienes arquitectónicos. No, se refiere a un futuro libre, lleno de esperanzas, de gente soñadora que lucha contra las injusticias impuestas y que como gente sin razón las hemos aceptado y acatado sin oposición.

Los soñadores hacen que la vida se mire de una manera distinta, tal vez han sido criticados y juzgados, pero ellos tienen una visión más clara de lo que es un mundo libre y feliz. Tal vez estos soñadores se han tenido que refugiar tras las armas para impulsar su revolución, es un hecho real y difícil de afrontar, pero en la actualidad esto se ha distorsionado llevándonos a la guerra, al igual que el poder que nos dirige.

Cabe destacar que para lograr un mundo “menos feo y menos injusto”, según Ernesto “Che” Guevara, hay que luchar, pero no solo con las armas de fuego. Hay que tener “estudio y trabajo; estudio para profundizar los conocimientos y la capacidad de actuar, y el trabajo para dirigir el trabajo socialista”, añade Guevara.

Aclaro que no ínsisto en la guerra, ni en el inútil uso de las armas de fuego, pero para alcanzar un mundo diferente es necesario una buena educación que ilumine el camino, no de un mundo perfecto, pero sí de un mundo libre, seguro y soñador.

Muchos de los revolucionarios optaron por las armas para que su voz fuera escuchada, pero eso no quiere decir que sea la única solución; en este tiempo lo que menos queremos es la guerra porque ya estamos cansados de ella.

Lo que necesitamos es conciencia y responsabilidad; conciencia para darnos cuenta que tenemos armas mucho más importantes y necesarias para lograr un mundo mejor, como los sueños y la curiosidad, esta última para buscar más allá de nuestra simple vista y no dejarnos dominar con facilidad y pasividad, y los sueños para creer que sí se puede un mundo más bello, un mundo que queremos en el cual no nos enfrentemos por nuestras diferencias si no que las respetamos.

La responsabilidad, además, para entender que toda esta obligación no es asunto de una sola persona o grupo o entidad. Es deber de todos aportar con esta meta y aunque muchos piensan que es pérdida de tiempo, en una buena educación se fundamenta no todo, pero sí gran parte de este cambio. Por lo cual, sin importar el arte, la profesión o trabajo que desempeñes, busca siempre ser un soñador y sobre todo entregarle este gran don a los que tienen mucho más tiempo para cumplir esta utopía: los niños.

Niños que hacen diferente nuestro mundo y nos hacen creer que el mundo cambiará, pero para ello no debemos sentarlos a llenarse de conocimientos mecánicos, porque con esto les matamos la imaginación que inherentemente está en ellos.

Más que básicos conocimientos de las ciencias, hay que enseñarles a pensar, indagar, criticar y sobre todo a soñar, que logren liberarse de esa carga opresora a la cual todavía estamos sometidos al callar y obedecer.

Por esto, los niños tienen en sus manos el arma más poderosa del mundo para lograr volar y cambiar el día de mañana: la imaginación.