Es un error, además, el hecho de afirmar que las poblaciones jóvenes no se encuentran interesadas en las problemáticas que azotan al país. Todo lo contrario: las movilizaciones civiles convocadas recientemente, por una u otra razón, se originaron, precisamente, gracias a esa multitud comprometida

 

jhonattan-arredondo-fotografia-andres-mosqueraPor: Jhonattan Arredondo Grisales

No es una invención. Ni, mucho menos, un fenómeno social que deba su origen a la tergiversación de los mensajes que actualmente se transmiten —con tanto éxito— en los medios de comunicación masivos.

Si acudimos a las modestas revelaciones que nos brinda la historia, el uso excesivo de la mentira ha sido uno de los principales artificios que bien han sabido utilizar nuestros mandatarios. Los casos más recientes, infortunadamente, así nos lo confirman: la confusión, las promesas paradisiacas o el odio disfrazado son el mejor paso hacia el poder.

Es un error, además, el hecho de afirmar que las poblaciones jóvenes no se encuentran interesadas en las problemáticas que azotan al país. Todo lo contrario: las movilizaciones civiles convocadas recientemente, por una u otra razón, se originaron, precisamente, gracias a esa multitud comprometida e insatisfecha que muchos “intelectuales” califican como irresponsables. Las teorías sobre la sociedad líquida, al parecer, cerraron sus párpados hasta el escepticismo.

En todo caso, las vías para combatir la ignominia que llevamos a cuestas, lejos se encuentran de las lamentaciones o de los señalamientos que caracterizan la forma como afrontamos nuestras desgracias.

Lejos, también, de los supuestos que algunos comunicadores sociales —por órdenes de los medios en que trabajan o, aún peor, por física pereza— comparten en todo el territorio colombiano. Hace falta llegar al hueso.

De otra manera, las artimañas que utilizan aquellas honorables personas que destinan la vida de los otros a la guerra, por ejemplo, serán algunos de los acontecimientos que se repetirán a lo largo de los años.

Es cierto: tal vez la violencia, ese animal hambriento, se interponga de nuevo en el camino. Pero, por esa misma reiteración, el modo de afrontar el porvenir no puede ser otro que difiera de nuestros intereses. Tal vez, aunados a esta consigna, los sueños al fin empiecen a convertirse en realidades. Tal vez.

@Jhonattan_1990