Pero también hay que decirlo: la lucha contra la contaminación sonora le mereció una amenaza contra su vida

 

Carlos Victoria izqPor: Carlos Victoria

Hoy en día -ante el grado de corrupción, impunidad y abuso de poder- no es suficiente la honestidad de un funcionario. Lamentamos desde esta tribuna la renuncia del Personero del Municipio, Néstor Javier Arango, quien de manera sorpresiva abandona el cargo en circunstancias supremamente difíciles para los intereses públicos de la ciudad.

 

Históricamente la figura del Personero se asoció con aquel funcionario al cual los ciudadanos le encomendaban vigilar y comprometerse a fondo con la defensa de sus derechos ante los burgomaestres.

Si bien la gestión de Arango pudo haber recobrado, en parte, la confianza ciudadana en esa institución tras las inconsistencias éticas de sus antecesores, para algunos observadores y críticos consultados no alcanzó a colmar las expectativas en medio de un amplio repertorio de irregularidades que molestan a la comunidad.

Por ejemplo, uno de los casos que conmovió a la ciudadanía fue el del secuestro de varios habitantes de la calle, quienes fueron dopados y arrojados en La Pintada, Antioquia. Hoy, que se sepa, no hay sanciones contra los funcionarios que planearon ese crimen, más allá de las morales y el descrédito en que quedó la Administración Municipal.

Quienes critican por irresponsable la renuncia del Personero también dicen que no hubo contundencia en sus decisiones, las cuales se fueron diluyendo en medio de los laberintos burocráticos y la maleza politiquera que obstruye el avance de una cultura asociada a la soberanía del bien común.

Pero también hay que decirlo: la lucha contra la contaminación sonora le mereció una amenaza contra su vida, la cual no fue óbice para seguir adelante, junto a un grupo de ciudadanos, para contrarrestar uno de los factores que perturba la tranquilidad de los residentes en zonas adyacentes a la Avenida Circunvalar y otros sectores de la ciudad.

Comparto la idea de que la honestidad no es suficiente si esta no está acompañada del liderazgo y autoridad para imponer la voz de los ciudadanos por encima de los intereses de los trasgresores de las más elementales normas de convivencia. A mi modo de ver, Néstor Javier Arango se retira de la Personería sin haber logrado redondear una faena que permitiese reivindicar plenamente lo que representa esa institución para los pereiranos.

 

Sin embargo, no comparto la tesis de quienes consideran su decisión como de irresponsable. Admite razones personales y de progreso para él y su familia. Eso no es reprochable, porque es su propia voluntad. Lo que sí es cierto es que esta decisión ha producido desencanto entre quienes consideramos que a esos cargos se deben llevar personas con solvencia moral, capacidad de gestión y un fuerte compromiso cívico.