Todo qué ver antes de morir

unnamed (GM)En una suerte de conspiración mediática siento ansiedad, me asusto, trato de sobrellevarlo; en qué momento podría yo en este tiempo, que a mi parecer es corto, que tengo de vida visitar y al menos habitar superficialmente todos esos espacios y tiempos que me piden que “debo” hacer, leer, visitar, comer, etc. Necesitaría por lo menos unas tres vidas más para alcanzar los estándares que los mass media proponen.  

 

Por: Prisma Multiversal

Corren ahora en las redes sociales imágenes que se han convertido en virales (como la mayoría de las publicaciones de las redes), que te hacen lista de los lugares, libros, obras de arte,  fotografías, comidas, películas, etc., que “tienes que ver antes de morir”. En una suerte de conspiración mediática siento ansiedad, me asusto, trato de sobrellevarlo; en qué momento podría yo en este tiempo, que a mi parecer es corto, que tengo de vida visitar y al menos habitar superficialmente todos esos espacios y tiempos que me piden que “debo” hacer, leer, visitar, comer, etc. Necesitaría por lo menos unas tres vidas más para alcanzar los estándares que los mass media proponen. Un atropello que me obliga a querer, desear, comparar y jerarquizar mi vida con estas listas que niegan, de cierta manera, experiencias y percepciones que no estén en una lista que circule por los medios.

Todo se vuelve una reproducción de lo que en algún momento se llamó “El sueño americano”. Este “sueño” que vendía un mundo más allá de la realidad en la que habías nacido, prometedor de un paraíso en la tierra, y que era patrocinado a través de las series de televisión, los avisos publicitarios, las películas en los cines, las políticas estatales. Un “sueño” homogenizante de los deseos, una suerte de artimaña política y económica que decía quién y en dónde tenían la mejor parte del mundo, el mejor lugar para existir, una moral a seguir, unos deseos a imitar, etc.

Ahora “el sueño” ya no está en (Norte) América, the american dream. Después de una desbandada de pájaros que quisieron volar en la libertad, democracia y sobreabundancia gringas, y en vez de ello se estrellaron con la decadencia y la sobreexplotación de sus fuerzas, con la discriminación y la marginación, con un infierno en vez de un paraíso; the american dream mostró que un nivel de consumo, explotación y modo de vivir a lo gringo para todo la población terrestre, aún en aumento, era insostenible y debía mantener políticas y guerras por la explotación de los recursos y sobre “otra” humanidad no gringa.  

Sin embargo, siguen existiendo sueños qué vender, anhelos que nacen muertos de lo que debería ser la vida de cualquier terrícola. Modos de vida acartonados que te sirven “el mundo” para que tu vida no sea más que eso, para que entres con beneplácito y complacencia a la humanidad y sus convenciones, para que no sobrepases límites, para que niegues la vida que vives y la de tus ancestros, para que tengas un lugar privilegiado y admirable en los estándares humanos.

Los mass media cumplen bien con su labor, en los 90 con el sueño americano, en donde apenas existían televisores y pantallas de cine, y ahora con las redes sociales y la sobrepublicidad: homogenizar, controlar, jerarquizar, alienar, sobre producir deseos.

Recuerdo las palabras de Virilio cuando dice “En vez de dejar que la tecnología te infantilice, involúcrate con la tecnología con responsabilidad”. Una exhortación aplicable a las oleadas mediáticas de estandarización de la vida, las compulsiones, obsesiones y transtornos que nos recetan a través del bombardeo de las redes sociales y la velocidad de la imagen, en donde no hay tiempo o lugar para respiro que lleve conciencia sobre los actos y los pensamientos que se tienen. En vez de ello, el ordenador es el dios, instalando secuencias que deben quedar en la memoria, borrando aquello que no funciona para el sistema económico, social, cultural, etc. y señalando realidades totales, homogenizadas para todos. La realidad mass mediática logra adueñarse de la velocidad de los pensamientos, borrando el tiempo para la reflexión y meditación acerca de ello mismo; programación de informaciones, imágenes, ritmos en ellas; homogenización de la realidad.

Pero todo esto no es determinante, la alienación de la vida depende también de la voluntad de cada quien, del uso de su propia libertad y reflexión. Ser dependientes totales o  independientes de los sistemas de mediatización estriba también en la reflexión que se realice de la manera de estar en el mundo; en las maneras de jugar entre estar dentro y fuera.  

¿Por qué ahora todo dice los lugares, los cuadros, los libros, la comida, etc. “que tienes que ver antes de morir”? ¿Por qué esta oleada apocalíptica de la muerte inminente, esta obsesión por verlo “todo” antes de morir, de homogenizar el mundo? Sí, antes de morir está todo, está la vida, pero cada quien puede descubrir sus propios lugares, sus propios rincones internos y externos del mundo, sus propias lecturas, andar sus propios caminos, descubrir-se, construir-se… Antes de morir está la vida, la vida de cada quien, su propio proceso. Y sí, cada rincón de la tierra es maravilloso, habitable, cada libro, cada encuentro, que nos golpea y nos cambia, no solo los top list de los mass media, que nos hace pensar que la vida, lo extraordinario de ella,  está en otra parte, no aquí y ahora, donde quiera que estés.