Un Fénix que nunca fue ceniza

“Hay que saber que la guerra es común a todos, que la discordia es justicia y que todas las cosas suceden según discordia y necesidad”

Sobre la Naturaleza (Fragmento 28)  Heráclito de Éfeso

Mateo Ortiz GiraldoMateo Ortiz Giraldo

“Poesía” es un término que, inevitablemente, evoca en nuestra imaginación, esa concepción de lírica cuyo valor se sustenta en el amor  – o, en defecto, el desamor-, es algo que aprehendemos gracias a nuestras experiencias, que recurren a lo romántico como eje principal de selección. Olvidamos con frecuencia que la poesía es un arte que se mueve dentro de nuestro cuerpo, que es parte de nosotros, ella  toca fibras sensibles de nuestro ser, por tanto, cuando se escribe poesía se pasa a ser una catalizador de emociones, de vivencias o simplemente, hechos de la realidad exaltada por bellas palabras puestas en verso. La poesía, al ser creada hombre, tiene la facultad de hacer inicuos meandros sobre de toda la geografía de lo humano; de esta manera, resulta ineluctable hablar de algo tan humano como lo es la guerra: somos una de las pocas especies que se asesinan entre sí por el placer de sentir la sangre tibia del otro deslizándose lentamente por nuestro labio inferior.

Colombia es un país donde la cotidiano se funde con lo altivo, con lo supremo de las ideas; no es gratuito que seamos un Macondo idílico hecho realidad, hecho huesos vacíos y carnes débiles, pero una piel fuerte para soportar los golpes. Dentro de las letras también cabe la poesía pintada con los pinceles del conflicto armado colombiano: un Fénix que nunca fue ceniza, porque ni la guerra pudo derribarlo.

"Violencia" 1962 Alejandro Obregón
“Violencia” 1962
Alejandro Obregón

La guerra como objeto de exaltación en las letras colombianas, es un tema antiguo que data desde el arribo mismo de los españoles a costas colombianas. En ese instante, cuando el primer golpe de espada acabó con la vida de algún indígena, se escribieron prístinas actas donde se contaba, con esa típica narrativa poética de los años del descubrimiento, la  forma en la cual la vida empezó a perder valor. “Las Crónicas de Indias” fue una  de las primeras obras ‘poético-periodísticas’, conocidas en la “Madre patria” donde se habló de guerra en Colombia; mas, existían relatos contados por los protagonistas de los ultrajes que jamás llegaron a costas ibéricas;  fueron letras puestas sobre un papel rustico, escritas con dolor, la tinta fueron las lágrimas de los nativos que debían ver a sus familiares morir a manos de bestias traídas “como venganza de los dioses”, como reza en un manuscrito de aquella época.

La denuncia se ha vestido de gala, pues ella ha sido protagonista asidua de las manifestaciones poéticas. Incluso, líderes de la iglesia católica, como Pedro Simón (sacerdote franciscano que hacía un estudio sobre la Nueva Granada), quien en su obra historiográfica, “Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias occidentales” denunció los vejámenes acaecidos en estas latitudes; sin miedo, pero con cierta prudencia, plasmó sus letras para manifestar su sentir .

Durante la época de la independencia, los principales actantes para la revolución social  fueron los ilustrados, quienes a su vez documentaban aquello que pasaba en las calles coloniales, debido a que  eran los únicos con educación para escribir, de manera lírica, lo que ocurría. Sus voces quedaron grabadas en versos manchados de sangre escarlata; cada letra cargaba consigo todo ese sentir popular que pedía a gritos ¡Libertad!, ¡Libertad! Estas palabras se impregnaron en el papel mientras la Nueva Granada ardía. 

Las guerras en Colombia no terminaron con la independencia, la sociedad seguía sumida en actos beligerantes que se hallaban a cada vuelta de la esquina. Los testigos de estos hechos podían ser activos denunciantes o pasivos literatos. Escritores del estilo de Jorge Isaac se encargaron de poner en sonetos la realidad de un país sumido en el desamparo y la violencia. Las palabras tenían la vocería de aquel tiempo; quien podría pensar, que alguien dedicado a  alegrar los corazones de los niños, participó activamente con sonetos creados para expresar cuan amarga era la vida, Rafael Pombo, se preguntó “Quién es” para criticar al expresidente Núñez. José Asunción Silva, utilizó su pluma para captar imágenes específicas de lo que ocurría en su entorno; en el poema “El recluta”, del cual se presentará un trozo a continuación, se ve claramente la crueldad de una guerra sin tregua:

 

Hasta que manos piadosas

Algún sepulcro le dieron,

Al bajar de la cañada

Junto a las matas de helecho,

Destrozada la cabeza

Por una bala de remington;

Con la blusa de bayeta

Y la camisa de lienzo,

 

 

Un escapulario santo

Colgado al huesoso cuello,

Los pantalones de manta

Manchados de barro fresco,

Las rudas manos crispadas,

Los ojos aún abiertos,

Y la sangre, ya viscosa,

Pegándole los cabellos,

Estuvo toda la noche

De aquel combate sangriento

Abandonado el cadáver

Del pobre recluta muerto (…)

 

Vemos que este tema aparece en todos los movimiento poéticas de nuestro país, desde El Modernismo, liderado por Barba Jacob y Asunción Silba, hasta el Nadaísmo; pasando, por supuesto, por los manifiestos liricos de la revista Mito cuyo protagonista era Jorge Gaitán Durán. Además de los anteriores, tenemos a Álvaro Mutis que no escatimó en caracteres para narrar lo que veía.

La violencia en nuestro país es algo que ya hace parte del material genético de nuestros artistas, por tanto, ésa seguirá siendo una temática fundamental en los escritores contemporáneos y futuros. No debemos olvidar la guerra, porque no rememorar, es la muerte.

Ahora les presento un poema de María Mercedes Carranza que se titula “La patria”. Lo dejo en aras de la reflexión, deseoso de que estas palabras queden flotando en aire…

 

Esta casa de espesas paredes coloniales

y un patio de azaleas muy decimonónico

hace varios siglos que se viene abajo.

Como si nada las personas van y vienen

por las habitaciones en ruina,

hacen el amor, bailan, escriben cartas.

A menudo silban balas o es tal vez el viento

que silba a través del techo desfondado.

En esta casa los vivos duermen con los muertos,

imitan sus costumbres, repiten sus gestos

y cuando cantan, cantan sus fracasos.

Todo es ruina en esta casa,

están en ruina el abrazo y la música,

el destino, cada mañana, la risa son ruina;

las lágrimas, el silencio, los sueños.

Las ventanas muestran paisajes destruidos,

carne y ceniza se confunden en las caras,

en las bocas las palabras se revuelven con miedo.

En esta casa todos estamos enterrados vivos.