Las bibliotecas han de ser los pálpitos y crujidos de los pueblos, no sólo para el albergue y cuidado, la exhibición y la organización, sino para la proyección y las diversas aperturas y desafíos de la cultura de ellos.

 

Por / John Harold Giraldo Herrera

Hasta hace muy poco en Pereira, desde lo cultural, no había agenda y eran escasos los eventos y pocos los ejercicios por movilizar pensamiento y atracción por las diversas manifestaciones artísticas. Hoy, gracias a las organizaciones, a los colectivos, a las personas, y a un público creado, más un respaldo institucional, Pereira es un emporio naciente de la cultura nacional. Los festivales, los concursos, las obras, los centros de interés y de apropiación de ese entramado son el ejemplo del palpitar de una fuerza que ya nadie puede aplacar y que seguirá creciendo con su empuje, sus semillas gestadas, sus individuos empoderados y su producción sin pausa.

Las bibliotecas han de ser los pálpitos y crujidos de los pueblos, no sólo para el albergue y cuidado, la exhibición y la organización, sino para la proyección y las diversas aperturas y desafíos de la cultura de ellos. La biblioteca pública, se ha convertido en uno de los escenarios por donde atraviesa una muy nutrida parte de esa agenda.

Además del espacio para la re-creación individual propiciada por los libros, el disfrute y el placer por los diálogos con esos individuos ahí compilados en estantes, el tejido constante y en conjunción con la música, el cine, la pintura, la danza, la fotografía, los medios de comunicación, el teatro, la palabra, el deporte, el cómic, entre otros tantos ahí reunidos y en apertura para la ciudadanía.

Un sitio donde muchos ya vamos y nos enorgullece estar, porque ha sido abierto con una agenda para nuestro disfrute. Y seguro va a cobrar nuevos aires y tendrá desafíos a encarar, porque quien llega a liderar, como capitán de una tripulación que lo acompañará, el creativo, escritor, gestor, docente, cuentero y una serie más de rótulos, pero sobre todo amante de la cultura y un soñador de grandes vuelos, Carlos Vicente Sánchez, mejor conocido como Cavisa.

El acierto del alcalde al nombrarlo, deja ver que quienes también cuentan con capacidad de decisión, es el sector cultural, porque además de una secretaria –Luz Estella Gil– quien se posesiona por medio de un concurso público, ahora llega, un individuo forjado con méritos.

Alguien que ha escrito momentos cumbres para la ciudad, con las cápsulas del tiempo, lo legendario de haber agarrado una moto de esas de alto cilindraje y que eran para la época de los 80-90 el símbolo de los sicarios, la marca de la muerte, y la convirtiera, con alas y fantasías, en un motor cargado de libros, como trotamundo por barrios y sitios donde sólo el polvo de la miseria ha sido el que adorna a las gentes que por allí habitan.

Con sus ideas ha hecho expediciones culturales. O el mismo que ideó un Bibliobús, lleno de historias y tejidos para darle movilidad a la cultura. Hablamos de quien posee el don del encanto, contando, es decir, sabiendo llevar los hilos y las cuentas, de personajes y tramas, y nos seduce con las redes de la existencia. Nos referimos a quien ha escrito ya varios libros, desde novelas y cuentos, hasta guiones de teatro y poemas.

Es el mismo que ha habitado en la memoria porque la ha explorado, yendo hacia periferias, conversando con los abuelos, con los señores y las señoras para resituar sus orígenes, para ponerlos en contexto y en diálogo con jóvenes y niños. Y ya que mencionamos niños, que más muestra, además lo digo con admiración, que sea el mismo que posee una familia en la que se extiende lo que él promueve: amor y gusto por la cultura. Sus hijos y su compañera, pintan, leen, cantan, hacen teatro, se perfilan con sus talentos.

A la biblioteca pública arriba un capitán, fantástico, con una fuerza y un aire siempre alerta, creativo, danzante, allanando espacios y cultivando la fiesta de la alegría con la magia del arte. Su talante y perfil, estudioso además, magíster, licenciado, es un regalo que hay que saber aprovechar, porque seguro los 36.326 ejemplares de libros, la colección de La Chambrana, los talleres de promoción de lectura, los 4 paraderos para libros, los cine foros, las visitas guiadas, los conversatorios que ha dejado en un excelente posicionamiento, su antecesora, Carolina Toro, quien se despide con júbilo y gratitudes de parte de la comunidad, gestores y colectivos culturales, las recibe con fuerza y energías, para darle otros encantamientos y recorridos.

Si la cultura requiere descentrarse, llegar a otras latitudes, obtener símbolos y desplegarse, creo que ha encontrado un ser que puede generarlo. Seguro con dificultades, una vez que se recortan recursos, se limitan posibilidades… pero esas son excusas.

Si se rodea, si logra articular, si aprovecha el viento y el mar, es decir, las condiciones que se han generado, la biblioteca, puede convertirse, en un nervio cultural protagónico, no de la ciudad, ni de la región, sino del acontecer nacional. En particular, para entretejer y continuar el sendero de valorar lo propio y darle su lugar merecido. Adicional para avanzar en esos intersticios del mundo en el que converge lenguajes que pasan por lo digital y lo físico.

Hace poco hablé con Cavisa, como le dicen. Le insinué que Borges, a sus 39 años fue el director de la biblioteca municipal Miguel Cané de Buenos Aires, lugar donde pudo escribir y fatigar centenares de libros, y luego se desempeñó hasta sus últimos como el director de la biblioteca Nacional de Argentina. Que el cargo y la responsabilidad le den para continuar fortaleciendo su obra y que la ciudad pueda ascender otros niveles, con su liderazgo.

Es posible que, como lo pensó Borges, las bibliotecas sean lugares parecidos al paraíso y que en la Ramón Correa encontremos un espacio para la felicidad, las valiosas interacciones, los diversos virajes de una conversación y la grata altivez de la cultura.