El corre corre de cada día parece instar a que olvidemos esa vida espiritual que edifica mejores seres. Llega ese jueves en la noche, sentimientos encontrados me invaden, pues la energía de mis hermanos me conducen a mi mejor versión y las expectativas de los temas a tratar en templo se intensifican a medida que el reloj avanza.

 

Por: Hernán Augusto Tena Cortés

En esta ocasión hablaré de algo sencillo y elemental que quizá ha perdido significado y aporte para la vida del ser humano. Algo que perfectamente consideraré como la explosión de la inteligencia. Algo que de aquí en adelante identificaré como silencio. Sí, el mismo que resulta ser una virtud a través de la cual se corrigen muchos defectos y se aprende a ser prudente e indulgente con las faltas que se observen.

Pues en un mundo globalizado, en la era de la información y la modernidad líquida, es fácil desviar el silencio. Lastimosamente la vida se ha tornado efímera, las relaciones humanas se han caracterizado por competir al que más sepa y “aquel que hable más fuerte será el escuchado”, parece haberse convertido en un adagio popular.

El corre corre de cada día parece instar a que olvidemos esa vida espiritual que edifica mejores seres. Llega ese jueves en la noche, sentimientos encontrados me invaden, pues la energía de mis hermanos me conducen a mi mejor versión y las expectativas de los temas a tratar en templo se intensifican a medida que el reloj avanza. Entro a logia y el Venerable Maestro da inicio a los trabajos con su icónica frase: ¡silencio queridos hermanos que estamos en logia de aprendiz!

A partir de ese momento siento como si me exhortaran a reflexionar. Al principio pensaba que tanto esperar para no poder hablar era una ridiculez, pues caía en la mala práctica de relacionar el silencio con el desconocimiento o la ignorancia.

Hoy veo en esta acción una posibilidad de crecimiento; pues cuando nos aislamos de nuestras influencias exteriores, abrimos los canales de concentración, observamos, escuchamos y contemplamos. Por fin entendí que el silencio simboliza discreción, disciplina y lealtad; pero fue sólo a través del mismo que pude llegar a dicha conclusión.

Recordando un poco de historia, Ragon enseña que los primeros hombres no tenían lenguaje propiamente dicho. He aquí el por qué el aprendiz no debe hablar en logia. En efecto ¿qué tendría que decir? ¿podría enseñar? Sencillamente no debe hablar porque no sabe nada. ¿podría preguntar? ¿sobre qué, si ignora lo que se trata en el taller?

Por otro lado, en la escuela pitagórica a los discípulos se les sometía a un largo período de noviciado, en donde se les admitía como oyentes, observando un silencio absoluto. Por consiguiente, se entiende que es mejor callar hasta que estemos en capacidad de utilizar la palabra de manera consciente.

El silencio como concepto filosófico tiene un gran significado, jamás hubiese llegado a esta investigación si no me hubiera iniciado. Íconos de la filosofía se pronunciaron sobre el tema. Heidegger nos induce a callar para dejar que el ser nos hable. Para los pitagóricos, el silencio era señal de discreción y autodominio.

Por su parte, Bacon nos dice que la palabra es un canal confuso que, necesariamente, perturba y ensucia la comunicación, pues estas son un mal traductor que violenta la comprensión, y están destinadas a la confusión y el error permanentemente.

Mientras que Max Scheler caracteriza al individuo por su capacidad de silencio, diciendo: “la comprensión de uno mismo, que es la primera condición requerida para que una persona pueda hacer entender a otra (….) lo que es, lo que piensa, lo que desea, lo que ama, etcétera, depende y muy estrechamente de la técnica del silencio”.

Finalmente, Wittgenstein optó por la renuncia a la palabra, pero no porque ya no tuviera nada que decir, sino porque ésta ya no le servía. Todas estas apreciaciones me hacen concluir que la palabra no puede conquistar a una comunicación integral, pues esta es sólo accesible a través del silencio.

Si pensamos cómo agradarnos y conocernos a nosotros mismos, quizá la respuesta sea, a través del silencio. ¿Por qué entonces preferimos estar en una frecuente oleada de información que sostener una relación placentera y enriquecedora con el silencio?

A través del silencio podemos entablar un diálogo con nosotros mismos, conocernos mejor y saber realmente que queremos por encima de nuestro ego. Asimismo, a partir del silencio podemos despertar nuestros sentidos, hacer viajes al interior de nuestros pensamientos y reposar en ellos tranquilamente.

Paradójicamente, el silencio está presente en todas las vibraciones, en música es considerado como una nota que no se ejecuta, marca un tiempo, una pausa que generalmente breve, y se grafica en el pentagrama en forma de una z, el silencio en la música puede lograr un largo disfrute de lo que precede y lo que viene, pero en el silencio también está implícito el sentimiento del compositor, el nivel de dramatismo que quiere imprimir en su obra, es por esto que el silencio se considera música en sí mismo. El silencio también es un descanso para que los intérpretes se recompongan y renazcan. En ese sentido, se puede interpretar como emoción, reflexión y acción.

El silencio es la búsqueda del equilibrio. Las palabras son la consecuencia de nuestros pensamientos, el silencio son pensamientos que reservamos y replanteamos. La mudez sintetiza produciendo las mejores palabras que no implican más que lo justo.

Sin embargo, lograr la habilidad de permanecer callados no es fácil, pues esta se interpreta como un sacrificio porque estamos acostumbrados a desbordar nuestras pasiones a través de las palabras.

Para terminar, el silencio nos dota de habilidades para resolver problemas y nos aporta la virtud de paciencia. El silencio contribuye a elegir la palabra precisa cuando se nos dé el uso de la misma, y asimismo, ayuda a brindar una respuesta adecuada, inteligente y libre de falacias.

Si hacemos la prueba y empleamos el silencio en nuestros debates, evidenciaremos una mejor comprensión, escucharemos para discernir y no oiremos para responder. El silencio te enseña que el aprendizaje llega si lo sabes recibir y que llega cuando estás preparado para manejar lo que esto te viene a enseñar. No obstante, recordemos la importancia de dar leche a los niños y carne a los hombres.

 

Para reflexionar

Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender. (Kybalión)

“No es necesario decir todo lo que se piensa, lo que sí es necesario es pensar todo lo que se dice.” (Quino)

“Más vale permanecer callado y que sospechen tu necedad, que hablar y quitarles toda duda de ello.” (Abraham Lincoln)

“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio.” (Proverbio hindú)

“Para aprender a hablar, es necesario saber callar”

“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.” (William Shakespeare)

“Aquel que pretenda escuchar y comprender la voz del silencio, tiene que saber de la perfecta atención de la mente en asuntos de índole interna”. (proverbio Hindú)

 

Referencias

  1. El silencio del masón: https://centauro996.wordpress.com/el-silencio-del-mason/
  2. El silencio (2) como concepto filosófico: http://sitiocero.net/2012/08/el-silencio-2-como-concepto-filosofico/
  3. Sobre el silencio masónico: https://www.diariomasonico.com/opinion/sobre-el-silencio
  4. Reflexiones sobre el silencio masónico: https://www.gadu.org/antologia/reflexiones-sobre-el-silencio-masonico/
  5. El Kybalión
  6. Entrevista a Alejandra Ruiz Tobón

 

Twitter: @Hernan_Tena

Correo: heteco2010@gmail.com